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El actor que quiso ser estrella de Hollywood

Fugaz aparición en filmes de la Metro de los años 40, protagonista con Oliver Stone y personaje para varias ficciones

Fidel Castro, en el centro de la imagen tras Xavier Cugat y las bailarinas.

Fidel Castro, en el centro de la imagen tras Xavier Cugat y las bailarinas.

La historia sería muy distinta si Fidel Castro hubiera tenido éxito como actor de cine. Lo intentó en la pantalla de forma tímida durante su exilio en México y llegó a aparecer como extra en 1946 en tres películas de la mítica productora Metro-Goldwyn-Mayer, uno de los gigantes cinematográficos del odiado imperio norteamericano: Escuela de sirenas, con la nadadora Esther Williams, Easy to wed, con Lucille Ball y Vacaciones en México, donde bailaba en una escena al son de una orquesta dirigida por el catalán Xavier Cugat. Pero sería el cineasta Oliver Stone, tan crítico con Washington y tan manso en La Habana, quien le diera una oportunidad de oro mucho tiempo después para explayarse a gusto en Comandante (2003) y Looking for Fidel (2004).

Como personaje histórico, Castro aparece en películas como Topaz, de Alfred Hitchcock (en la que John Vernon interpreta a un líder guerrillero de evidentes parecidos), El precio del poder, de Brian de Palma, El buen pastor, de Robert de Niro, Antes que anochezca, de Julian Schnabel o JFK, del citado Stone. Por no hablar de los innumerables documentales en los que aparece como figura central o secundaria.

No hay muchos actores que se hayan puesto en la piel del dictador cubano y, a diferencia del Che!, siempre fueron en papeles secundarios (salvo en la serie ¡Fidel! del británico David Attwood en 2002, con Víctor Huggo Martín). Jack Palance imitó al comandante en el delirante biopic del guerrillero argentino que dirigiera un Richard Fleischer en horas bajas. Demian Bechir lo encarnó en la historia de la revolución cubana que hizo Steven Soderbergh en 2008 y Gonzalo Menéndez en The lost city, mediocre película del anticastrista Andy García. El español Juan Luis Galiardo se fidelizó en la farsa I love Miami y Anthony LaPaglia también optaba por la comedia en Lío en La Habana. Y Woody Allen se burló de su estampa en la delirante Bananas.

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