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ÖMER ÖNHON | El embajador de Turquía en España hace balance dos años después del fallido golpe de Estado contra Erdogan

"La intolerancia vuelve a ser la Marca Europa"

"La extrema derecha alienta la xenofobia, el antisemitismo - y la islamofobia en el Viejo Continente"

Ömer Önhon.

Ömer Önhon. DIEGO BISQUERRA

"La intolerancia vuelve a ser la Marca Europa, cuyos temores respecto a Turquía son infundados", se defiende contundente Ömer Önhon (París, 1960), embajador turco en España, muy preocupado por "los brotes de xenofobia, antisemitismo e islamofobia alentados por la extrema derecha en el Viejo Continente".

Önhon es un firme partidario de quitar la careta a los integrantes de FETÖ, la organización terrorista y criminal que está detrás del fallido golpe de Estado contra el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan, del que se cumplen justo dos años y que ha supuesto una criba sin precedentes entre los funcionarios públicos, jueces y periodistas, además de una reforma de la Constitución con un nuevo sistema de elección presidencial que elimina la figura del primer ministro y otorga plenos poderes al líder del Partido de la Justicia y el Desarrollo, recientemente reelegido para llevar las riendas de esta república asentada entre Europa y Asia, que celebra sus 100 años de existencia con una población de más de 80 millones de personas.

Erdogan no sólo ha acorralado a sus adversarios sino que acaba de ganar con holgura las elecciones del pasado mes de junio, ante la inquietud de Bruselas, temerosa de que la nación se convierta en una autocracia tan represiva que dé al traste con el país moderno, democrático y laico fundado en 1918 por Mustafa Kemal Atatürk. "Que nadie se preocupe, Erdogan garantiza el espíritu que Atatürk ideó para nuestra república", zanja tajante Ömer Önhon en su despacho de Madrid, donde muestra ufano los datos que dieron la victoria al presidente, con un índice de participación en los comicios del 78 por ciento, "el más alto del mundo".

Los turcos han elegido entre cinco candidatos, subraya, y Erdogan "ha conseguido el apoyo del 52,6 por ciento de los votantes", esgrime al defender las medidas impulsadas por su amigo y presidente, que ha reformado la Constitución, previa celebración de un controvertido referéndum, para acaparar todos los poderes y controlar incluso a los jueces, encargados de llevar a miles de ciudadanos a prisión en estos dos años, acusados de simpatizar o pertenecer a la Organización de Terror Gulenista, FETÖ, impulsora, denuncia, del intento de golpe de Estado de julio de 2016, que se llevó por delante más de 260 vidas.

"Tuvimos que reaccionar para proteger a la población con cambios constitucionales", se justifica este experto en asuntos de Oriente Medio y África, que desmiente la desaparición fáctica del Parlamento con sus 600 diputados de diferentes partidos políticos. Erdogan, prosigue, "sólo se encargará de que el Gobierno funcione de forma más efectiva", insiste antes de negar la mayor cuando se le cuestiona la actual injerencia del presidente en la justicia. "En Turquía hay separación de poderes", proclama irritado con los que acusan al superpresidente de no cejar en su pulso contra los jueces independientes.

Ni la devaluación de la lira turca frente al dólar y al euro ni la galopante inflación que azota al país han perjudicado a Erdogan en estas elecciones, en las que logró un respaldo suficiente para evitar una segunda vuelta. "Los turcos han hablado claramente a través de las urnas", responde para acallar a la Unión Europea, a la que afea "un trato poco objetivo" hacia Turquía, que intenta sin éxito desde 2005 ser miembro de pleno derecho de la UE. "Parece que hay países a los que les interesa que no estemos en Europa", insinúa al apuntar directamente a Austria como uno de los principales responsables de que su nación haya dejado incluso de ser invitada a las cumbres europeas, a las que acudía hasta no hace mucho.

"Me preocupa la deriva que se está instalando en Europa", reflexiona sobre la xenofobia, el antisemitismo y la islamofobia, que brotan alentados por partidos de extrema derecha. "La intolerancia vuelve a ser la Marca Europa", repite confiado en que estos maliciosos populismos no desemboquen en situaciones bélicas tan dramáticas como las que se vivieron en el siglo XX.

Frente a la inestabilidad europea, el embajador muestra orgulloso la apuesta de su país, con una posición geoestratégica vital, por negociar tanto con europeos como con estadounidenses, rusos, iraníes o chinos para relanzar su economía y luchar de forma conjunta y efectiva contra las organizaciones terroristas.

"Con Rusia e Irán compartimos la visión de lo que hay que hacer en Siria, pero estamos en contra de la ocupación rusa de Crimea y no comulgamos con todo lo que hace el Gobierno iraní", expone Önhon, quien antes de llegar a Madrid fue embajador en Siria y ve lejana una solución pacífica para este país, que se desangra desde hace siete años en una cruenta guerra civil. "Bashar al Asad sigue masacrando a su pueblo", denuncia sin reparos.

Mucho más comprensivo es con su presidente, que ha arrestado o quitado el trabajo a miles de personas desde aquel 16 de julio de 2016. "Estamos hablando de gente que estuvo implicada directamente en el golpe de Estado, y otros estaban vinculados a FETÖ", argumenta sin dudarlo, porque a Erdogan no le ha temblado la mano al ordenar la detención de todos los que utilizaban la aplicación móvil Bylock, similar a WhatsApp. "Sólo los simpatizantes de esa organización islamista radical pueden participar en las comunicaciones de ese soporte", explica para justificar el elevado número de arrestados en las purgas del todopoderoso presidente, que tardó años en darse cuenta de que su amigo el imán Fetula Gulen, acusado de encabezar el golpe de Estado, era un "lobo con piel de cordero" que "a pesar de vivir como un rey en una mansión estadounidense, aún mantiene en jaque la estabilidad de Turquía" con promesas a sus fieles de alcanzar el cielo, donde les esperan un montón de vírgenes si se unen a su causa.

"Es una organización muy peligrosa, fanática y ligada a los independentistas del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK)", insiste al reclamar a Europa apoyo para luchar contra el terrorismo, una mirada objetiva sobre lo que sucedió hace dos años y que cumpla las promesas hechas en marzo de 2016 para atajar la crisis de la inmigración, que ha convertido a Turquía en el país con más refugiados del mundo, la mayoría de ellos, más de tres millones, sirios.

Mientras la oposición denuncia que entre las víctimas de las purgas más que terroristas lo que hay son simples críticos con la política del presidente, Önhon culpa a FETÖ de difundir estas acusaciones, niega que Turquía tenga hoy el triste honor de ser el país del mundo con más periodistas encarcelados y pasa de puntillas sobre las declaraciones del expresidente catalán Carles Puigdemont en Harvard, donde dijo que los gobiernos de Turquía y España disparan sin piedad contra sus propios ciudadanos. "¡Menuda falsedad!", espeta, sin querer valorar si hay algún tipo de similitud entre el independentismo kurdo y el catalán.

Donde no ve ningún tipo de parecido es entre el presidente norteamericano, Donald Trump, y Erdogan por haber puesto los dos a sus yernos en cargos clave de sus respectivos gobiernos. El "yernísimo" turco se ocupará ahora de las Finanzas y el Tesoro como ministro para tratar de rebajar la inflación y frenar la devaluación de la moneda. "Han sido elegidas las mejores personas posibles", argumenta el diplomático, que pone como ejemplo de la supuesta apuesta por la eficacia la elección de la empresaria Rushar Pekcan como titular de la cartera de Comercio.

"Va a ser un Ejecutivo muy efectivo para bregar con todo lo que se avecina y, sobre todo, para proteger nuestras fronteras persiguiendo sin dudar cualquier tipo de radicalismos", concluye.

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