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Una mirada al horror del mundo

Beriain y Fraile dedicaron su vida a escuchar a los más vulnerables y a denunciar los conflictos más violentos

Hay conflictos silenciados a los que el mundo ha dado la espalda. Pero para David Beriain y Roberto Fraile ignorar esos problemas no era una opción. Con su asesinato se apagan los ojos que, sin arrogancias ni grandilocuencias, observaron con empatía y compromiso periodístico esos rincones para escuchar a sus víctimas y denunciar su situación.

Navarro de 44 años, Beriain cubrió para “La Voz de Galicia” las guerras de Irak, Afganistán, Congo, Sudán y Libia. Aunque ya era respetado en el gremio, se dio a conocer entre el gran público con la serie documental “Clandestino” que realizó para DMAX. Beriain se adentró en las tripas del crimen organizado y del narcotráfico en El Salvador, México, Venezuela, Italia, Albania y Colombia, donde fue de los pocos reporteros que logró entrar en los campamentos de la guerrilla de las FARC.

“Lo que vives tiene un precio (…) pero merece la pena por las conversaciones. Cuando las personas te dan el privilegio de sentarse a contarte su experiencia es para mí algo casi místico, lleno de verdad y sinceridad. Eso lo justifica casi todo”, explicaba Beriain en el documental “Morir para contar”, del reportero Hernán Zin.

Natural de Barakaldo y afincado en Salamanca, Fraile, de 47 años, era padre de dos hijos. El veterano cámara trabajó en TVSalamanca (actualmente La 8), pero durante las vacaciones viajaba a las zonas más peligrosas del mundo para documentar como periodista “freelance” múltiples tragedias bélicas y sociales, desde la guerra de Siria hasta la ruta de la cocaína en el Amazonas. “La rutina de una televisión le cansaba, él era un espíritu libre con mucha inquietud y pasión por contar esas historias”, explica su compañero Francisco Javier López Gil. “Al principio arriesgó su dinero porque nadie le pagó ningún viaje”. En 2012, Fraile resultó gravemente herido en Alepo, cuando acompañaba a los milicianos del Ejército Libre Sirio (ESL). Un cohete artesanal explotó por error en las manos de los soldados y la metralla del proyectil se incrustó en su pelvis. Pero eso no le impidió regresar dos veces más a Siria.

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