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Crisis humanitaria

Infierno migratorio en Calais, la frontera británica en territorio francés

EL Periódico de Catalunya viaja hasta el Canal de la Mancha tras el fatal naufragio en el que murieron 27 personas: "No nos queda otra opción que intentar cruzar el mar"

Un grupo de migrantes trata de calentarse frente a una hoguera en un campamento improvisado en las inmediaciones de Calais.

En el tronco de un árbol aparecen inscritas las palabras habib y Khartum (capital de Sudán). En el de al lado, las siglas de UK (Reino Unido en inglés). Su origen y su anhelado destino. Son las tres de la tarde del 1 de diciembre en las afueras de Calais. Un grupo de cinco sudaneses resiste al viento helado de esta ciudad del norte de Francia en torno a una hoguera en medio de un bosquecillo, donde instalaron su precario campamento. Muchos llegaron hace seis meses y ahí siguen. Solo les separan 80 kilómetros de su soñado destino, pero recorrerlos parece una quimera.

Entre la desesperación y la resignación, reconocen la trágica epopeya en que se ha convertido cruzar la frontera franco-británica. "He intentado llegar al Reino Unido un montón de veces, pero la policía francesa siempre me lo impidió", asegura Mohamed (pseudónimo), de 29 años, mientras calienta café en la hoguera para sus compañeros.

A unos 50 metros de este grupo de sudaneses, unos jovencísimos migrantes tienden su ropa empapada de humedad en una valla que separa sus tiendas de campaña de la vía del tren. "Logré al menos cinco veces subirme a un camión", explica Ali Thiam, un adolescente senegalés de 16 años que no pudo culminar su viaje. "Agentes fronterizos me encontraron y me obligaron a bajarme", añade con impotencia. "No me importaría ir a Reino Unido con una patera, pero no tengo dinero para pagarla", tercia su amigo Mohamed Diallo, de 16 años.

Después de que en los últimos años se multiplicaran las medidas de seguridad en el puerto de Calais y el túnel del Canal de la Mancha, los migrantes y refugiados han apostado por otro medio mucho más peligroso para alcanzar el territorio británico: cruzar el mar en patera.

Mayor naufragio de la última década

La prefectura marítima francesa calcula en 33.000 los intentos de emprender este camino desde enero (17.000 desde agosto), mientras que el año pasado solo hubo 9.500. Un aumento inquietante de este fenómeno que desembocó en la tragedia del 24 de noviembre, con la muerte de 27 personas -17 hombres, siete mujeres, tres adolescentes- tras el hundimiento de su precaria embarcación. Este ha sido el naufragio más grave de la última década en una zona que corre el peligro de convertirse en una inmensa fosa común, como ya ha sucedido con el Mediterráneo.

Los equipos de rescate franceses lograron salvar a dos supervivientes, un somalí y un kurdo iraquí. Este último explicó a una cadena de televisión kurda lo sucedido durante esa trágica noche. "Llamamos a la policía francesa y nos pidió que les enviáramos nuestra localización. Se la enviamos, pero nos dijeron: 'Estáis en territorio británico, no podemos hacer nada'. Llamamos entonces a los británicos y nos respondieron: '¡Llamad a los franceses!'", explicó sobre la actitud de los agentes que se dedicaron a pasarse la patata caliente entre ellos.

Tras el fatídico naufragio, los ejecutivos de ambos países se han enzarzado en un cruce de declaraciones que refleja unas discrepancias más aparentes que reales. Ambos comparten su voluntad de militarizar la frontera y centrarse en la lucha contra los traficantes de personas. Ellos son los principales responsables de estas peligrosas travesías en patera, con un número excesivo de pasajeros y por las que piden entre 1.000 y 3.000 euros. Pero no los únicos.

Peor que en tiempos de la 'Jungla'

"El hecho de acusar a los traficantes de personas se debe a la necesidad de encontrar un chivo expiatorio. Mientras existan estas políticas de militarización de la frontera, los traficantes seguirán encontrando un contexto propicio para actuar", sostiene Pauline Joyau, coordinadora en Calais de la oenegé Utopia 56. Joyau recuerda que muchos de ellos intentan cruzar el canal por su cuenta "con canoas de piragüismo, neumáticos o incluso con flotadores". Su organización humanitaria calcula que hay alrededor de 1.500 migrantes y refugiados viviendo en condiciones muy precarias en sus orillas. Están desperdigados en grupos reducidos a las afueras de esta ciudad portuaria de 75.000 habitantes, cuya historia reciente ha quedado marcada por la externalización de la frontera británica en su territorio. Una situación parecida a la que existe en la periferia de Dunkerque.

"La situación de los migrantes en Calais es peor que cuando existía la 'Jungla' en 2016 -por entonces, el campamento de refugiados informal más grande de Europa-. Era un lugar horrible, pero al menos allí podían vivir tranquilos. Ahora los tratan como animales y no gozan de ningún momento de respiro", afirma Alexandra Limousin del Auberge des Migrants, una de las asociaciones más implicadas en los repartos de comida o ropa.

Desde el desmantelamiento de la 'Jungla', las autoridades galas tienen entre ceja y ceja un objetivo: evitar cualquier asentamiento estable de migrantes y refugiados. Esa política provoca que la "policía los expulse de los lugares donde viven cada 48 horas. Y si no están ahí en el momento en que intervienen, les requisan sus objetos personales", denuncia Joyau. "En Calais ya no sucede de manera tan habitual, pero en Grande Synthe hemos visto numerosos casos en que las fuerzas de seguridad se dedicaron a destrozar sus tiendas de campaña", lamenta Limousin. "Muchos migrantes nos han dicho que la policía les gasea la comida", añade sobre los abusos policiales, denunciados tanto por las oenegés como por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

"Nadie quiere morir ahogado"

"Nadie quiere morir ahogado en el mar. Si intentamos llegar al Reino Unido por esta vía, es porque no nos queda otra opción", reconoce Josef Gerezgiher, de 29 años. Este joven eritreo ya cruzó el Mediterráneo desde Libia para llegar a Europa. Si no lo vuelve a hacer en el Canal de la Mancha es porque no le queda dinero. Por este motivo, ya lleva un año en Calais junto a un grupo de compatriotas al lado de la bunkerizada carretera que lleva hacia el puerto. Allí las gasolineras anexas están rodeadas por muros de hormigón con alambres de espino en su parte superior."Nuestro principal problema es que Francia no nos acepta", reconoce su compatriota Abel Berhe, de 25 años. Como muchos de los extranjeros presentes en Calais, pidió asilo en Alemania y, al haberle sido denegado, ya no puede solicitarlo en cualquier otro país de la UE, según el discutido reglamento europeo de Dublín. "Muchos de ellos consideran que llegar a Inglaterra es su última esperanza", recuerda Joyau.Sin embargo, emigrar a Reino Unido resulta cada vez más difícil, una tendencia acentuada por el Brexit. "Francia aceptó desde hace años ejercer el rol de policía fronterizo de los británicos", lamenta el politólogo François Gemenne, experto en cuestiones migratorias, sobre el controvertido tratado bilateral de Touquet, firmado en 2003. Según este profesor en Sciences Po Paris, "la política represiva francesa obliga a los migrantes a tomar unos riesgos excesivos".

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