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Francia

Pensiones, profesores, guerra en Ucrania… Las patatas calientes del nuevo mandato de Macron

El presidente francés iniciará su segundo mandato en un momento agitado por el conflicto bélico en el este de Europa y sus consecuencias económicas

El presidente francés, Emmanuel Macron.

Tras un primer mandato agitado, el presidente francés, Emmanuel Macron, logró su reelección con el 58,54% de los votos ante el 41,46% de la ultraderechista Marine Le Pen. Los primeros cinco años del dirigente centrista en el Elíseo estuvieron marcados por una fuerte contestación en la calle y una sucesión de crisis mundiales (desde el covid-19 hasta la guerra en Ucrania, pasando por la crisis de los precios de la energía). Después de convertirse en el primer jefe de Estado francés que logra su reelección desde Jacques Chirac en 2002, ¿ahora le espera un segundo quinquenio más tranquilo? 

“Los próximos años no serán tranquilos”, reconoció el mismo Macron en su sobrio discurso de celebración de su victoria ante menos de 3.000 simpatizantes en la zona de la Torre Eiffel. No parece que su segundo mandato vaya a ser un paseo dominical por el Campo de Marte. Con menos 24 horas de periodo de gracia, la política francesa se ha volcado en las legislativas del 12 y 19 de junio. 

Desde la instauración en 2002 de un mandato de cinco años para el jefe del Estado, estos comicios parlamentarios se convirtieron en un puro trámite para el vencedor en las presidenciales. Pero desde las filas macronistas observan con cierto temor una eventual coalición unitaria de la izquierda liderada por Jean-Luc Mélenchon, que aspira a convertirse en el nuevo primer ministro e imponer una cohabitación al presidente. “Si los niveles de participación no se hunden y la izquierda se une, puede ser muy complicado para nosotros”, reconocía un diputado de La República en Marcha (partido de Macron) al diario liberal L’Opinion.

Si el presidente logra finalmente una mayoría en la Asamblea Nacional —los primeros sondeos apuntan que así será—, entonces podrá aplicar su programa. A lo largo de la campaña se mostró más bien ambiguo de cuáles serían sus primeras medidas y no es fácil esbozar en qué consistirán estos primeros 100 días. Pero hay una serie de dosieres que se auguran delicados. Estas son las tres “patatas calientes” de los inicios del acto II de la presidencia Macron.

Guerra en Ucrania

El dirigente centrista iniciará su segundo mandato en medio de uno de los peores conflictos bélicos en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Tras haber escenificado en marzo su intento, sin éxito, de intermediación entre el ucraniano Volodímir Zelenski y el ruso Vladimir Putin, en abril se consagró a la campaña electoral en su país. Pocas horas después del anuncio de su victoria, conversó por teléfono con Zelenski. Aparte de un posible viaje oficial a Kiev —a diferencia de Pedro Sánchez o del británico Boris Johnson— aún no se desplazó en la capital ucraniana desde el inicio de la guerra.

Además, Macron —cuyo país ocupa la presidencia rotatoria de la Unión Europea— encabezará una cumbre europea a finales de mayo en Bruselas dedicada a la guerra, la construcción de la “Europa de la Defensa” y la soberanía energética de los países comunitarios. Ante el impacto económico del conflicto y la crisis de los precios de la energía, propuso en marzo un nuevo plan de inversiones europeo, siguiendo el ejemplo del Next Generation EU. Esta propuesta cuenta con el apoyo de gobiernos del sur del continente, como el español, pero suscita más reticencias en los países del norte, como Alemania.

Para compensar la inflación y las consecuencias económicas de la guerra, su nuevo gobierno también deberá gestionar el final de algunos de los dispositivos de urgencia anunciados en plena campaña electoral, como la disminución de 18 céntimos del precio de la gasolina. Una vez se concluya esta subvención el 31 de julio, contempla impulsar medidas más específicas, como una ayuda para las automovilistas más modestas o subir un 4% (el equivalente de la inflación) las pensiones en el verano.

Reforma de las pensiones

Fue la promesa electoral macronista que hizo correr más ríos de tinta. El presidente quiere alargar la actual edad de jubilación de los 62 a los 65 años (con 43 años cotizados). Para disminuir las reticencias de una parte de los votantes de izquierdas de respaldarle en el duelo contra Le Pen, propuso en la recta final de la campaña aplicar esta medida de manera progresiva y que la edad de jubilación no alcance los 65 años hasta 2031.

A finales del verano o principios del otoño, está previsto que el ejecutivo se reúna con sindicatos y patronal para examinar esta controvertida reforma. “Si Emmanuel Macron (…) quiere imponer los 65 años, se confrontará con una oposición, también la de la CFDT”, advirtió en una entrevista en Le Monde Laurent Berger, el secretario general del sindicato (de orientación moderada) con un mayor número de afiliados en Francia.

Durante los últimos cinco años, el diálogo social resultó más bien cosmético. Prácticamente, no hubo ninguna reforma adoptada tras un consenso entre patronal y sindicatos. Para este segundo mandato, Macron prometió otra forma de gobernar, más cercana de la ciudadanía y consensual. Pero no aportó detalles de en qué consistirá. “Esta nueva era no será la continuidad del quinquenio que se acaba, sino una invención colectiva de un método nuevo y mejor para los próximos cinco años”, prometió el domingo.

El descontento del sector educativo

Los profesores hicieron huelga y se manifestaron de manera multitudinaria en enero. Sus movilizaciones estuvieron motivadas por la gestión del covid-19, pero también por sus bajos salarios. Se trata, de hecho, de una profesión especialmente mal pagada en Francia, con salarios inferiores a los de Alemania, España o Italia. 

La presentación del programa de Macron del 17 de marzo supuso un jarro de agua fría para aquellos sindicatos educativos que esperaban una subida salarial para el conjunto de la profesión. Entonces, indicó que estos aumentos solo se producirían si asumían nuevas tareas. Pero en la recta final de la campaña cambió su versión y prometió una subida del 10% para el conjunto de los docentes, aunque luego la prensa precisó que esta mejora afectaría únicamente a los profesores debutantes. Si no se resuelve esta situación, el presidente podría enfrentarse a nuevas protestas del sector.

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