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Guerra en Ucrania

Evacuados de la acería de Mariúpol: "Habíamos dicho adiós a la vida"

Varios autobuses con civiles evacuados desaparecen durante el camino sin que las autoridades ucranianas conozcan su paradero

Un edificio de Mariupol, destruido. Reuters

Día de sensaciones encontradas para los responsables de las organizaciones humanitarias en Ucrania. Por un lado, pudieron congratularse de que los primeros civiles evacuados procedentes de la gigantesca planta de acero de Azovstal, cercana a la ciudad portuaria de Mariúpol y rodeada por las tropas rusas desde hace semanas, pudiesen llegar a la relativa seguridad de Zaporiyia, ya en territorio bajo control del Gobierno de Kiev. Pero, tal y como viene siendo la tónica habitual desde el inicio del conflicto, la parte rusa cumplió solo a medias lo apalabrado, fletando menos autobuses de los pactados inicialmente y perdiéndose el rastro de algunos de los vehículos durante el viaje, lo que podría indicar que han sido desviados hacia territorio bajo control de Moscú. Eso sí, las fuerzas que asedian el lugar han reanudado durante este martes el asalto con blindados, infantería y fuerzas anfibias desde el mar.

"Hubiéramos deseado que mucha más gente hubiera podido unirse al convoy y salir del infierno", ha asegurado Pascal Hundt, del Comité Internacional de la Cruz Roja (CIRC). Y es que tan solo tres de los 14 autobuses que salieron de Mariúpol con un centenar de personas a bordo, la mayoría de ellos pensionistas y menores de edad, han logrado llegar a su destino. De acuerdo con el alcalde de esta ciudad portuaria, Vadim Boychenko, se desconoce el paradero del resto de los vehículos. "Cuando anunciamos, la parte rusa accedió a la evacuación (de Mariúpol) y acordamos que nos darían 90 autobuses", ha puntualizado el mandatario.

Desde el inicio del conflicto, Rusia ha puesto innumerables trabas a la materialización de los corredores humanitarios, particularmente en las regiones que recientemente han pasado a su control, todas ellas habitadas por ucranianos de habla rusa. Las autoridades ucranianas han denunciado el traslado forzoso a Rusia de decenas de miles de personas, una medida que recuerda a las deportaciones de etnias o poblaciones enteras durante la era del dictador Stalin. Desde hace semanas, la evacuación de los civiles en Azovstal constituía un asunto candente, que solo ha podido desbloquearse gracias a los buenos oficios del secretario general de la ONU, el portugués António Guterres, quien visitó la semana pasada ambos países.

Pero ni siquiera lo acordado sobre el papel con el máximo responsable de la organización internacional ha podido ponerse finalmente en práctica en su totalidad. Y por ello, consciente de que serán necesarias nuevas gestiones para que sea posible la evacuación completa de la población asediada, el presidente francés, Emmanuel Macron, ha elevado la cuestión durante una conversación telefónica que ha mantenido con el máximo mandatario ruso este martes.

"Adiós a la vida"

"Habíamos dicho adiós a la vida; pensábamos que nadie sabía que estábamos allí", ha asegurado a la agencia Reuters Valetina Sytnykova, quien se mantuvo en el lugar junto a su hijo y su nieta de diez años durante dos meses, es decir, desde casi desde el inicio de las hostilidades. "Mi nieta no dejaba de repetirme: 'Tengo miedo, tengo miedo', y yo le decía 'todo está bien, vamos a volar fuera de aquí mañana'", ha relatado, entre sollozos. El búnker en el que se refugiaba se llegó a hundir debido a los bombardeos rusos, y tres días atrás, los soldados ucranianos las rescataron de los escombros.

"No puedo creer que lo hayamos logrado; solo queremos descansar", ha asegurado Alina Kozutskaya, quien ha pasado durante semanas refugiada en un sótano con sus enseres empaquetados esperando una oportunidad para poder huir. Muchos de los evacuados habían dejado familiares atrás. "Pensamos que tras la salida de los civiles, los hombres se quedarán atrás; no tienen comida, agua o municiones; han sido olvidados por todos", ha informado Ksenia Chebyseva, de 29 años, cuyo marido, integrante del regimiento de Azov, se halla en el interior de la gigantesca factoría.

Y ciertamente, ese parece ser el desarrollo actual de los acontecimientos. En un mensaje de vídeo difundido en Telegram, Sviatoslav Palamar, del batallón de Azov, ha revelado que durante la noche la acería fue bombardeada con artillería naval y bombas pesadas lanzadas desde aviones militares. "En este momento, un poderoso asalto contra Azovstal está teniendo lugar", ha anunciado. Azovstal es un gigantesco complejo metalúrgico cuyo fantasmagórico perfil es bien visible desde varios puntos de la ciudad de Mariúpol. Privatizada en 1996, su principal accionista es Metinvest, un conglomerado industrial en manos del oligarca Rimat Akhmétov, el hombre más rico de Ucrania, con una fortuna valorada en 4.000 millones de dólares.

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