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Drama humanitario

La odisea de los migrantes de Melilla: de la guerra a la tragedia de la valla

Dos jóvenes de Chad explican las desventuras que han sufrido hasta llegar a la frontera y las agresiones que padecieron en el intento de salto del pasado viernes

Protesta de migrantes frente a la sede de la ACNUR en Rabat. Reuters

Omar salió de Chad cuando todavía era un adolescente. Tenía 15 años y era huérfano. "Desde que crecemos conocemos la guerra. No hay nada en mi país". Vivía con su tío, aunque malvivían, por escasez de recursos. Su país era un infierno: Omar habla de guerra, rebeldes y conflictos sectarios. No había trabajo ni esperanza. "Me vi obligado a salir de mi casa", recuerda. En su odisea para intentar llegar a Europa ha sufrido los campos de trabajos forzados libios, deportaciones en el desierto y una decena de intentos de entrar a Melilla. El último, el pasado viernes, cuando al menos 23 migrantes murieron en la puerta de España.

Cuando todavía era menor, Omar cruzó su primera frontera rumbo al norte. "En Libia me atraparon las mafias que trafican con personas. Me pidieron dinero. Si tu familia no te lo manda, te hacen trabajar hasta que mueres. Yo no tenía a nadie que me ayudara, soy de una familia pobre y no tengo padres. Cuando estaba en Misrata (norte de Libia) aproveché una ocasión que tuve y escapé", cuenta Omar.

Explica que logró llegar a Níger y después Argelia. En el país magrebí trabajó durante un año. "Cada vez que nos atrapaban nos mandaban a Níger. En Argelia era peor porque no tenía derecho a salir a la calle, te arrestaban y te dejaban en el desierto. Me vi obligado a cruzar a Marruecos". Llegó cuando tenía 19 años. "Hace tres años que estoy en este país y he dormido, quizás, tres meses en una casa. La vida aquí también es muy difícil y nos vimos obligados a ir a Nador para intentar cruzar a Melilla".

Once intentos

Omar ha intentado llegar a la ciudad autónoma hasta en 11 ocasiones, según explica, ocho nadando y tres saltando la valla. Se levanta la manga de su jersey morado para mostrar su brazo derecho, tiene dos cicatrices de uno de los intentos de superar la frontera. "Cuando llegamos a Nador hace un año, la policía estaba allí. Nos golpearon y arrestaron. Después nos llevaron a una cárcel, había unas 150 personas, dormíamos en el suelo y estaba muy sucio. He estado cuatro veces en esta cárcel". Denuncia que ha sido golpeado en el interior de esta prisión próxima a la ciudad y que tras unos días allí, los trasladaron en autobuses al desierto o en regiones del interior del país.

Este joven vivía en uno de los campamentos que hay en los bosques y montañas, a pocos kilómetros de la valla. Explica que el día antes del intento de salto del pasado viernes, la policía marroquí realizó una redada dónde estaban. "Estábamos lejos de Nador para descansar y comer, vino la policía y nos atacó. Nos dispersaron, también detuvo a muchos de nosotros. Si hubiéramos esperado un día más hubieran vuelto y nos hubieran detenido a todos. A lo mejor a algunos de nosotros nos hubieran deportado a nuestro país o mandado a Argelia", relata.

"Nunca atacamos a un gendarme"

El día del intento de salto empezó con la salida del sol. "Cuando llegamos a la valla, la policía ya estaba preparada porque nos había visto venir de lejos", centenares de personas migrantes bajaron de las montañas y corrieron dirección a la puerta fronteriza de Barrio Chino. "Nosotros nunca atacamos a un gendarme, ellos representan el país y no estamos en contra ellos. Llevamos palos solo para dar miedo y que nos dejen pasar", explica este joven de 22 años. Relata que en ese momento los agentes lanzaron gases lacrimógenos y que algunos empezaron a trepar la valla.

Uno de los migrantes que intentaron saltar la valla de Melilla muestra las heridas que sufrió durante una protesta frente a la sede de la ACNUR en Rabat. Reuters

Omar dice que consiguió pisar suelo español, pero explica que cuando logró correr unos 20 metros, la Guardia Civil lo atrapó y lo devolvió a Marruecos. Cuenta que los agentes le lanzaron gas pimienta y no podía ver nada. "Me hizo mucho daño que me retornaran. España también es responsable de todo lo que pasó, es cómplice, como Marruecos. Somos seres humanos y no nos tratan como tal. Buscamos nuestro futuro", cuenta indignado.

Después de unos minutos en territorio español, Omar explica que la policía española lo mandó de nuevo al otro lado de la valla. "La policía marroquí nos estaba esperando en la puerta". "Salvé mi vida porque una vez me devolvieron, me hice como si estuviera muerto o hubiera perdido la consciencia. Si no lo hubiera hecho, habría muerto. Vi a mi alrededor a muchas personas como les golpeaban", relata.

Muertes por asfixia

Mohamed, chadiano de 16 años, también estuvo en el intento de salto. Relata que algunos de los que estaban en la valla murieron por asfixia. "No podíamos respirar por los gases lacrimógenos, también recibimos golpes". Asegura que él también tocó suelo español, pero que lo devolvieron. "Cuando volvimos a Marruecos nos golpearon", lamenta este chico. Explica que salió de su país hace poco más de un año escapando de la guerra y tras perder a sus padres. Ahora espera en Marruecos una oportunidad para dejar el continente.

Según han manifestado las autoridades marroquís, perdieron la vida 23 personas por asfixia o caída de la valla. Las organizaciones humanitarias defienden que al menos murieron 37 personas. Según IRIDIA, el Centro para la Defensa de los Derechos Humanos, se produjeron devoluciones en caliente, pero todavía no las han cuantificado.

Estos dos jóvenes explican que cuando estaban tirados en el suelo, la policía los cogió para meterlos en un autobús. Según relata Mohamed, les quitaron los teléfonos, el dinero y lo que llevaban encima. Una semana después, Omar sujeta, con rostro serio, una pequeña pancarta escrita a mano: "Justicia y verdad para los muertos en la frontera de Melilla el 24/06/2022. Las vidas de los migrantes importan". "Solo quiero salir de Marruecos para ir a un país seguro", reclama este joven chadiano.

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