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La invasión de Putin

La naturaleza también está en guerra en Ucrania

Aguas contaminadas, basura en exceso y animales afectados son algunas de los primeros daños medioambientales registrados en el país hundido en la guerra con Rusia

Un árbol abatido por las balas. I. Savio

El arquitecto Alexander Polyakov no puede mirar los árboles. Hoy ha decidido darse otra vuelta por el parque Krynychka. Observa los pinos y robles centenarios, ahora acribillados por la ira de las balas, y se entristece. En su barrio de Irpin, uno de los pueblos que entre febrero y marzo hicieron de escudo para la capital ucraniana, los soldados rusos se han ido desde hace semanas. Pero ahora también la naturaleza hace la guerra. La tierra desprende un repugnante olor a muerte, los pozos están contaminados, y las sobras bélicas enmugrecen también los boscajes más agraciados.

Los habitantes de Irpin lo sufren en sus carnes. El psicólogo Roman Polyakov, que es solo un vecino de Alexander pese a que ambos compartan el mismo apellido, ayudó a sacar los muertos enterrados en parques y jardines por los vecinos cuando, durante los combates, era imposible darles otra sepultura. Para él, lo peor es precisamente eso: los tufos de distinto tipo que, a ratos, el suelo expulsa en algunas partes del pueblo. “Me traen a la mente malos recuerdos de lo que vi y viví”, reflexiona.

Alexander asiente. “Durante los enfrentamientos, una gran cantidad de sustancias dañinas se han esparcido en la atmósfera, junto con el armamento que se quemó. Todo esto cayó en el suelo y penetró en el agua”, cuenta. "Por eso el agua de algunos pozos huele mal y hay que hervirla antes de beberla", añade, al señalar una alberca con agua que la comunidad ortodoxa local considera sagrada, pero que ahora tiene el hedor del huevo podrido. "Se teme haya sido contaminada con hidrógeno de sulfuro", se apresura a explicar este hombre de 37 años al referirse a este gas que es tóxico sobre todo en altas concentraciones.

Vertederos llenos

Otro problema es la basura. Durante semanas, Alexander, que resistió en su ciudad durante la ocupación rusa, vio cómo los proyectiles caían sobre su barrio, y la gente moría. Los restos de aquella brutalidad son también una enorme cantidad de desechos de los edificios mordisqueados, las calles destruidas, los automóviles calcinados. “Antes la gente separaba la basura y la reciclábamos, pero ahora la cantidad es tal, y los vertederos están tan llenos, que termina amontonándose en la calle. Me da pena, pero esto es lo hay. Cada día la gente limpia sus casas, quita los escombros y los tira”, cuenta.

Tanques abandonados en plena naturaleza. I. Savio

A Anatoliy Fedoruk, el alcalde de Bucha, otra localidad cercana muy afectada, también le preocupa la situación. Fedoruk sostiene que se dañó un ecosistema que, hasta antes de la invasión rusa, no sufría de graves problemas ecológicos al no haber cerca grandes industrias contaminantes. Ahora, en cambio, "se ha acumulado mucha basura", confirma, al añadir que, aún así, otra dificultad es que algunas zonas no pueden ser limpiadas porque aún no ha sido desminadas y es peligroso adentrarse hasta allí. En cuanto al agua, en cambio, el tema han sido los desagües que “dejaron de funcionar durante los combates, y esto afectó al medioambiente”, afirma.

Aún no hay estudios a gran escala que hayan cuantificado el daño ambiental provocado por la guerra en localidades, como Irpin y Bucha, donde los enfrentamientos han sido particularmente brutales. En paralelo, no escasean las personas que consideran que el asunto no es prioridad mientras el conflicto sigue activo, en particular en el este y sur del país. No obstante, la preocupación de los analistas es que el daño sea profundo. “Durante los ataques más masivos, toneladas de químicos tóxicos y cancerígenos, incluyendo el uranio, penetran en el suelo”, le explicaba a la cadena estadounidense CNN Olena Kravchenko, de Environment People Law, un centro de estudios de Lviv.

Montículos de basura como consecuencia de los combates en Irpin. I. Savio

Las aves no anidan

Los casos de Irpin y Bucha no son los únicos conocidos. En el parque nacional de lagunas de Tuzly, cerca de Odesa, se ha denunciado que las decenas de especies de aves que habitualmente anidan allí, este año no lo han hecho. En la reserva de Kinburn Spit, los incendios se prolongaron por más de una semana, ha denunciado Ivan Rusiev, el director del parque. Y algo parecido también ocurrió en la Reserva de la Biosfera del Mar Negro, en la costa sur de Ucrania, donde los fuegos se han visto incluso desde el espacio. También permanece el temor por los 15 reactores en cuatro centrales nucleares que tiene Ucrania.

En este contexto, algunos ecologistas han empezado a intentar sensibilizar a la ciudadanía. El Centro para las Iniciativas Ambientales, una oenegé ucraniana, ha creado un mapa interactivo que monitorea de forma periódica posibles casos de daños ambientales ocurridos desde el comienzo del conflicto. Según esta herramienta, los sitios más afectados que han sido identificados son zonas en el este de Ucrania -en las regiones de Lugansk, Járkov y Donetsk-, y en Kiev.

Otro es el ejemplo de la asociación ecologista Save Dnipro que está usando un 'chatbot', un software que simula conversaciones humanas, que permite denunciar posibles delitos contra el medioambiente en guerra. El horizonte aquí es el caso de Kuwait, país que logró que la ONU condenara a Irak por haberle provocado daños ambientales con su invasión en 1990. Un anhelo de reparación que, sin embargo, difícilmente permitirá que la tierra se recupere en tiempos breves.

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