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Seis meses de guerra

Ayudas a Ucrania: del entusiasmo al desánimo

Oenegés de ucranianos en España advierten de una crisis humanitaria este invierno mientras bajan las donaciones de la gente

Dos tráileres salen de un polígono de Alicante con ayuda para Ucrania. A.R.

Después de una tarde entera cargando un tráiler aparcado en un almacén que les ha cedido una empresa de Mutxamel (Alicante), los voluntarios ucranianos de la asociación alicantina Slavutich dan por acabada la estiba de 30 palés de ayuda humanitaria para los destechados de Ucrania. Al anochecer, Antonina Rohalska, en su vida normal filóloga y profesora y en esta crisis coordinadora de Slavutich, despide a los camioneros que acaban de arrancar hacia su primera escala en Francia. Al día siguiente, viernes, despedirá hacia Chernígiv otro cargamento; el de un furgón de material médico de emergencias que han llenado exmilitares de fuerzas especiales de la fundación Roble y Machete de Alicante.

Este miércoles, cuando se cumplen seis meses de invasión rusa en Ucrania, está prevista la llegada de los dos envíos más recientes desde España de ayuda donada por particulares y entes locales a los damnificados por la invasión rusa.

Pero la escena de Alicante podría ser una excepción. Las asociaciones que ayudan a Ucrania consultadas por este diario en puntos diversos comprueban dolorosamente que han descendido las donaciones de la gente de a pie, al tiempo que bajó la conmoción, acaso el interés, de la opinión pública por la guerra.

Un voluntario de la oenegé Unidos con Ucrania señaliza un camión de ayuda humanitaria en el muelle del Hospital Isabel Zendal de Madrid. José Luis Roca

La repetición de imágenes en televisión ha terminado acostumbrando al ojo ciudadano. O al menos así opina Oksana Demianovich desde Bilbao. "Ha bajado drásticamente la ayuda", comenta esta voluntaria de la Asociación Ucrania-Euskadi, que a la fuerza, por necesidad, se está convirtiendo en experta en logística con tanto camión. Se cumple un mes de que partiera el tráiler número 35 enviado por su asociación. Salió de Lezama (Vizcaya) con los últimos 20.000 kilos de ayuda, de los más de 600.000 que han conseguido recabar de los vecinos de Bilbao y de Vitoria, y de los aproximadamente 6.000 ucranianos que viven en la comunidad vasca.

Pero la última campaña de recogida de ayudas en el País Vasco ha sido "decepcionante", admite Oksana. "Quizá sea por las vacaciones, porque la gente necesita descansar, pero seguro que también es porque los países del sur, Francia, Portugal, España, ven mucho más lejos la guerra. Pero Ucrania pelea por Europa...", reflexiona.

Un 95% menos

Transcurridos seis meses de los bombardeos de la madrugada del 24 de febrero con que Rusia comenzó su agresión, "hoy es mucho más difícil llenar un camión", dice Demianovic. A 8.000 euros les sale el flete hasta Ucrania a las asociaciones de Madrid, Euskadi y Comunidad Valenciana. Siguen abundando los chóferes que se ofrecen a ir hasta la frontera de Polonia, pero, como ya no hay tantos fondos ni tantos palés como antes, se han vuelto más selectivos los envíos: "Sobre todo alimentos envasados, no en cristal, y material de botiquín", dice la activista radicada en Bilbao.

En Madrid y Barcelona también constatan la reducción de las ayudas populares. "No le voy a mentir: la verdad es que la gente se olvida, y no solo los españoles: los ucranianos también", dice Roman Tsaisev, que dejó trabajo y salario para organizar los envíos de la oenegé madrileña Unidos con Ucrania (Aucu).

Para Tsaisev es también un fenómeno mediático: "La tele ya casi no muestra nada, pero cada día mueren en Ucrania 10, 20, 50 civiles…". Y esa realidad le contrasta cotidianamente con que las ayudas particulares "han bajado un 95%".

Roman Tsaisev, en el despacho desde el que organiza los envíos de la oenegé Aucu. José Luis Roca

Hace un par de meses, de los almacenes del hospital Isabel Zendal, donde Aucu tiene una base logística prestada por la Comunidad de Madrid, podían salir hasta seis camiones en un día. "Ahora, enviamos un camión a la semana", relata Roman. En su cuaderno ya lleva contados 164 camiones de material mandados a la raya con Polonia, sufragando el gasoil el Gobierno madrileño.

"Ley de vida"

En Barcelona, los voluntarios de la asociación Djerelo admiten también el descenso de la entusiasta solidaridad que caracterizó la reacción popular catalana de los primeros días de la guerra, pero prefieren no comentarlo, quizá por no ofender a nadie.

"Me dicen desde Ucrania: 'Estamos jodidos, necesitamos más'", se desespera Roman. "El invierno va a venir", recuerda Oksana

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Dice resignado desde Murcia Viktor Z., miembro de la asociación Ucrainska Rodyna, que este fenómeno es "ley de vida". En su opinión, que la gente se canse de la guerra "es la evolución normal". En Murcia, dice, se han olvidado menos los ayuntamientos que los particulares. Pero sobre todo la que permanece más activa es la colonia ucraniana. "Ayudamos por medios propios, porque todos tenemos familias en peligro, y porque no debemos depender solo de la ayuda oficial".

En Alicante se muestra más optimista Antonina, la dirigente de Slavutich (el antiguo nombre del río Dniéper). Como los de Murica y los de Euskadi, la asociación lleva trabajando entre ucranianos desde antes de esta guerra, cuando, en 2014, soldados sin distintivo tomaron Crimea y la mitad del Donbás.

La costa alicantina es la zona de España que mayor colonia ucraniana acoge. Y esa es quizá una de las razones por las que allí los camiones no dejan de salir. Una densa y discreta capilaridad de entregas de potitos, vendas, latas de pimientos, dinero, cajas de analgésicos, va de mano en mano entre los ucranianos que viven en España.

Carga de un tráiler con palés de objetos y material donados para Ucrania en un almacén de Alicante. A.R.

"La gente se cansa, y que los españoles están empezando a notar la crisis...", apunta desde Madrid Roman, y Antonina cree en la costa que "no es que la gente nos dé la espalda, es que la ayuda ha cambiado". En el mes de marzo, dice, "era el estrés, nos llegaba un montón de ropa, que nos sobraba. En realidad nos es mucho más útil una batería solar, pilas, linternas, latas de atún y de paté, calcetines, cascos... y caramelos, porque un dulce también ayuda en la guerra".

Lo más urgente

Todos los ucranianos consultados refieren que es el apoyo de ayuntamientos y autonomías lo que mantiene viva la cadena de solidaridad. "Gracias al Gobierno de Díaz Ayuso, de junio al 17 de julio hubo una recogida de material en el metro, las universidades, las consejerías, los ayuntamientos... se pudo recolectar algo más -cuenta Tsaisev-. Pero eso era antes de las vacaciones; la gente quiere desconectar en vacaciones".

Cascos de bomberos recogidos por la asociación Ucrania-Euskadi.

Permanece el goteo institucional, materializado en un palé de café, o de pañales, que llegan de vez en cuando al almacén madrileño, pero "toda la ayuda que hemos enviado se la han comido ya, la ha gastado ya la gente de allí". "Me dicen desde Ucrania: 'Estamos jodidos, necesitamos más'", se desespera Roman. "El invierno va a venir -recuerda Oksana-. Mira, aquí la gente está preocupada con el precio del gas; allí, es que hay muchísima gente que no es que no tenga calefacción: es que no tiene casa".

Este otoño volverán las campañas de captación. Y pedirán lo más perentorio, "vendas, betadine, medicinas contra las hemorragias", enumera Oksana. "¿Sabes lo más urgente? -explica Roman-: si a ti te revientan tu casa de Járkiv, lo primero que necesitas es beber agua, comer y ducharte. Pues eso: alimentos y jabón".

Acaba este voluntario ucraniano la entrevista porque tiene muchas llamadas que hacer. Y hace un comentario final entristecido: "Si yo pudiera, enviaría un casco a cada niño ucraniano, y a cada hombre que está escondido en el campo para evitar que pasen los tanques".

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