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Turquía

Estambul, donde los barrios tienen ideología

En la gran megalópolis turca, habitada por 17 millones de personas, un barrio marca mucho más que el estatus económico de sus habitantes: define sus normas morales, su ideología y, también, su estilo de vida.

Musulmanes se preparan antes de ofrecer oraciones en la Mezquita Azul en Estambul, Turquía / Reuters

Cuando conoce a alguien nuevo, a Ozan, un joven turco, le gusta preguntar de qué barrio de Estambul es esa persona. No es para saber cuánto tiempo se tarda en llegar de un sitio al otro, o para descubrir si podrían tener amigos en común. Ozan lo hace para saber quién es esa persona. "Es algo común. Si se quiere saber cómo es la persona que está delante, saber el barrio donde vive ayuda. Da pistas de cuál es su origen, qué opinión puede que tenga de las cosas", dice Ozan. No es ciencia, claro, pero ayuda.

Estambul es una ciudad rara. En la mayoría de urbes del mundo, un barrio define a sus inquilinos únicamente por la capacidad económica que estos puedan tener o quieran mostrar que tienen. Ricos y pobres viven por lo general en barrios distintos, separados por unas barreras sociales construidas a través de décadas de desarrollo económico y urbanístico. En Estambul también, pero hay mucho más. En la ciudad del Bósforo, los barrios tienen ideología. "La diferencia es enorme. En mi barrio no tengo problema: al salir de casa no pienso en lo que debo decir o no; ni en cómo debo comportarme. En otros lugares me siento como un extranjero. Evito decir mi opinión abiertamente, por ejemplo", asegura Ozan.

Los hay de todo tipo: barrios liberales de izquierdas, barrios comunistas, barrios nacionalistas, barrios conservadores, barrios islamistas, barrios muy islamistas, barrios kurdos, barrios seculares, barrios ultranacionalistas. En cada uno de ellos, la comunidad predominante impone sus normas, y quien no sea de esa comunidad no será muy bienvenido.

En Estambul un rico conservador e islamista, digamos, no vivirá por elección jamás en el mismo barrio que un rico conservador pero laico y liberal, ni sus hijos compartirán escuela. Las normas y lo que cree 'normal' cada uno, cambia según el barrio.

Uno de los casos más paradigmáticos es el nuevo barrio de Basaksehir, reconstruido y rediseñado hace algunos años por el gobierno islamista y conservador de Recep Tayyip Erdogan. En este barrio, una mujer o un hombre no pueden teñirse el pelo, por ejemplo, de color azul o rojo, o enseñar demasiado cuerpo. Nada lo prohíbe, pero hacerlo sería insensato. “Cada día que salgo de casa debo pensar adónde voy para decidir qué me pongo. Dependiendo de eso, vestiré más cómoda o menos. Es algo a lo que te acostumbras, parece raro decirlo en voz alta porque es como ha sido siempre. Pero es molesto”, explica Nihan, una turca de mediana edad. 

En Basaksehir,una mujer —o un hombre— no pueden teñirse el pelo, digamos, de color azul o rojo, o enseñar demasiado cuerpo. Nada lo prohíbe, pero hacerlo sería insensato

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“A veces, con mis amigos, vamos a tomar unas cervezas delante del mar. En la costa del barrio de Üsküdar, bastante conservador, nadie bebe, así que si la policía te viese probablemente te echarían o dirían algo. En el barrio de Kadiköy -pocos kilómetros al sur de Üsküdar-, en cambio, la policía no dice nada y pasa de largo porque allí todo el mundo bebe alcohol", comenta Ozan. En cada barrio, la moral pública y las normas sociales las marca la mayoría. Los demás, tanto si les gusta como si no, deben aceptarlo.

Ciudad de migrantes

Estambul, pese a ser una ciudad milenaria -primero como un pueblito que se convirtió en la capital oriental del Imperio romanoBizancio, y después Constantinopla-, es una ciudad nueva. Hace 100 años, tan solo 800.000 personas la poblaban. De ellos, más de la mitad eran miembros de las minorías del país.

El paso del siglo XX cambió a la ciudad por completo: a partir de la década de los 50, las minorías fueron en gran parte expulsadas, y millones de migrantes turcos llegaron a la ciudad, que se expandía sin límite día a día. Barrios enteros eran construidos de la noche a la mañana, sobretodo durante la noche, cuando los migrantes ocupaban y reclamaban para ellos mismos un terreno vacío. 

Así, 17 millones de personas y varias décadas después, los barrios se convirtieron en comunidad: cada uno se mudaba al barrio en el que ya había amigos, familia, conocidos. Y el origen, la cultura y las tradiciones del lugar de procedencia de cada uno pasaron a definir cada barrio de la ciudad. 

“Nunca me mudaría a un barrio con el que no me sienta identificado si no se me obliga por trabajo o lo que sea -afirma Ozan-. Mi vida empeoraría, no me entendería con los vecinos, cuyas vidas probablemente hayan sido muy distintas a la mía tan solo por el hecho de ser de barrios distintos. Es raro, pero es así. En mi barrio y en los que se le parecen me siento como en casa, como andar con pijama por el salón. En otro… Sería como un invitado".

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