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Oriente Medio

El asedio de Israel a los derechos de los palestinos también alcanza al amor

Las nuevas medidas impuestas por Israel sobre las personas extranjeras con vínculos románticos con Palestina buscan aislar aún más a este pueblo, mientras son ya 140 las víctimas mortales a manos del Ejército israelí en lo que va de año

Soldados del ejército israelí detienen a un palestino. Reuters

Ni el amor se salva. La ocupación israelí se cuela en las relaciones de pareja con palestinos, poniendo mayores obstáculos. Cuando las autoridades de Israel anunciaron a principios de mes que cualquier persona extranjera que se enamorara de una palestina en Cisjordania debía comunicarlo al Ministerio de Defensa israelí, se armó un revuelo. Entre el clima de violencia creciente en los territorios ocupados –alrededor de 140 palestinos han muerto a manos del Ejército israelí, el año más letal desde el 2016– y la aprobación de nuevos asentamientos, el atropello a los derechos de los palestinos también se extiende hasta sus vidas privadas.

Ante la polémica, Israel no tuvo más remedio que recular. La controvertida demanda para los extranjeros de informar sobre los vínculos románticos con palestinos ha sido retirada, junto a las cuotas para profesores universitarios y estudiantes extranjeros que pueden formarse en universidades palestinas. El primer ministro palestino, Mohamed Shtayyeh, las calificó de “medidas racistas”. Por su parte, el embajador de Estados Unidos en Israel, Tom Nides, afirmó haberse “comprometido agresivamente” con el gobierno israelí para que las retirara pero seguir “preocupado por los protocolos publicados”. Aún así, se han mantenido estrictas restricciones a los cónyuges extranjeros de palestinos.

“Regular cómo amar”

Las personas casadas con palestinos en la Cisjordania ocupada solo tienen derecho a visitas a corto plazo y se les puede exigir que depositen hasta 70.000 shekels, unos 20.000 euros, para garantizar que abandonarán el territorio. Estas medidas propician la separación de familias y contribuyen al abandono global de la sociedad palestina, esta vez también en el campo amoroso. “Se trata de la ingeniería demográfica de la sociedad palestina y de su aislamiento del mundo exterior”, ha denunciado Jessica Montell, directora ejecutiva de la oenegé israelí HaMoked, que presentó una demanda ante el Tribunal Superior de Israel contra las normas.

“Regular a quién y cómo las personas pueden amar solo porque son palestinas hace que sea aún más difícil para aquellos que niegan la existencia del apartheid en Palestina; es terriblemente cruel”, ha tuiteado el especialista en derecho internacional, Mark Kersten. El resto de medidas entrarán en vigor el próximo 20 de octubre. Mientras, en las calles palestinas, la población se divide entre funerales y lamentos por los asesinatos prácticamente diarios del Ejército israelí. Casi cada mañana, la sociedad palestina amanece con un miembro menos entre sus filas.

Más de 140 palestinos asesinados

Desde principios de año, las fuerzas israelís han matado a más de 140 palestinos en Cisjordania y la Franja de Gaza. Es el año más mortal para los palestinos de los territorios ocupados desde el 2016. Jenin, cuna histórica de la resistencia palestina, es donde no dejan de sucederse funerales. Unos 34 palestinos han muerto en esta ciudad norteña desde enero. De allí, eran precisamente los dos palestinos asesinados la madrugada de este miércoles tras unos enfrentamientos en un puesto de control en Cisjordania. Un soldado israelí también ha muerto en los intercambios de disparos.

“Vemos la escalada israelí sistemática con gran preocupación y haremos un seguimiento de este crimen con la Corte Penal Internacional y el Consejo de Derechos Humanos de la ONU”, ha denunciado el Ministerio de Relaciones Exteriores palestino. Las continuas incursiones de las fuerzas israelís son las causantes de sus muertes. Algunos palestinos, pero, tratan de responder. En las últimas semanas se han producido varios ataques contra autobuses en las principales ciudades de los territorios ocupados, como Ramala o Jerusalén este, y en los alrededores de asentamientos colonos en Cisjordania. La semana pasada Israel publicó los resultados de su investigación por el asesinato de la periodista palestina de Al Jazeera, Shirin Abu Aqleh, el pasado 11 de mayo. Ha reconocido la “alta probabilidad” de que un soldado israelí la matara “por error”.

Tras estas declaraciones, Estados Unidos, el gran aliado de Israel, ha hecho un llamamiento para que su socio revise las reglas de las prácticas de enfrentamiento en la Cisjordania ocupada para evitar incidentes como el de Abu Aqleh. “Nadie nos dictará nuestras reglas de compromiso, cuando somos nosotros los que luchamos por nuestras vidas”, ha respondido el primer ministro israelí, Yair Lapid, en el primer rifirrafe entre los grandes aliados. Este reconocimiento de la culpa en el asesinato de la corresponsal, también con nacionalidad estadounidense, no se ha trasladado en una apertura de una investigación penal contra el militar que la habría matado.

2.000 palestinos en riesgo de expulsión

Una vez más, Israel se sabe impune. Mientras, no hay descanso alguno para los conciudadanos de Abu Aqleh. Durante la semana pasada, se ha aprobado la construcción de 3.412 viviendas en dos nuevos asentamientos colonos al sur de Jerusalén este ocupado. Más de 2.000 palestinos de comunidades beduinas serán expulsados de las inmediaciones del barrio palestino de Beit Safafa. Muayyad Shaaban, el portavoz de la comisión de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) encargada del monitoreo, ha denunciado este “desplazamiento forzoso” como un “crimen de guerra”.

“Estos planes transformarían así las aldeas palestinas en esos enclaves asediados por colonias para consolidar el denominado 'Gran Jerusalén' y forzarían un giro demográfico en el área en favor de la población colona”, ha añadido. La expansión colonial de Israel y las duras restricciones sobre los extranjeros que visitan Palestina son solo otro engranaje más del sistema de apartheid que aplica la potencia ocupante sobre su pueblo ocupado, según denuncian las organizaciones humanitarias. Bajo el apartheid, ni el amor ni la tierra se salvan.

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