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Violencia sexual

"Violadas con botellas de Pepsi": las libanesas reviven su trauma en busca de justicia

Un nuevo informe desvela por primera vez el "uso sistemático de la violencia sexual" durante el conflicto que arrasó el Líbano de 1975 a 1990 | "Todo el mundo sabe que esto sucedió pero nadie habla de ello; sienten vergüenza", explica una de las supervivientes de la contienda

Maya, durante la entrevista con este diario.

Maya colecciona historias de violaciones. Sus amigas depositan en ella los relatos traumáticos imprimidos sobre sus cuerpos. "Yo no me puedo callar, no puedo evitarlo", explica mientras enciende el enésimo cigarro. El humo se consume a la vez que su inacabable frustración. "Son historias de hace 40 años y estamos hablando de ellas ahora, la gente necesita saber lo que nos pasó", repite. Lo que les pasó fue una guerra civil que entró en sus casas, en sus familias y, como se ha revelado ahora, también en sus faldas. Un nuevo informe ha desvelado un secreto nacional: miles de mujeres fueron víctimas del "uso sistemático de la violencia sexualdurante el conflicto que arrasó el Líbano de 1975 a 1990.

"Ellas no quieren hablarlo porque aunque su familia sabe lo que les ocurrió, no lo quieren hacer público", narra por milésima vez. Maya, que no se llama Maya, es la única participante del informe que recibe a la prensa. Las demás aún no pueden. "Siguen viéndolo como algo vergonzoso, algo que no debe hacerse público, que está en el pasado y debe quedarse allí; no lo hablan con nadie, sólo conmigo", confiesa. Así es como Maya, a sus 60 y pico años, encarna, desde una ciudad cualquiera de las montañas libanesas, una lucha hasta ahora desconocida.

La aprobación en 2018 de la ley en el Parlamento libanés para establecer una comisión nacional que investigara el paradero de los miles de desaparecidos por la guerra abrió la veda para que este torrente de confesiones buscará su lugar en la sociedad. "Aunque el comité no esté en funcionamiento, vimos un signo de que el Líbano estaba tratando de abordar y explorar la guerra civil y lo que ocurrió entonces", dice Antonia Mulvey, la directora de Legal Action Worldwide (LAW), la organización encargada del informe.

Decenas de confesiones

En 'Nos violaron de todas las formas posibles, de maneras que no te puedes imaginar: Crímenes de género durante la guerra civil libanesa', se corren los velos sobre sus labios y decenas de mujeres se atreven a relatar aquellos episodios enterrados en el fondo de su memoria. Durante los 15 años que duró el conflicto, centenares de mujeres libanesas, palestinas y sirias fueron víctimas de tortura, violaciones y violencia. "Se utilizó la violencia sexual para perseguir a personas de determinadas comunidades; fueron seleccionadas para humillarlas, para acabar con la resistencia", explica Mulvey. 

"Se utilizó la violencia sexual durante la guerra civil libanesa para perseguir a personas de determinadas comunidades; fueron seleccionadas para humillarlas, para acabar con la resistencia", reconoce Antonia Mulvey, directora de Legal Action Worldwide

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"Todo el mundo sabe que esto sucedió pero nadie habla de ello; sienten vergüenza", cuenta Maya. "Las familias de las víctimas me apoyan para que sea yo quién hable por ellas pero insisten: por favor, no digas mi nombre", reconoce esta mujer drusa. Muchas de estas mujeres no hablan por miedo. "Temen a las represalias, porque los responsables de estos crímenes siguen en posiciones de poder", apunta Mulvey. Para la mayoría de ellas, esta es la primera vez que explican abiertamente lo que les ocurrió. Y cada testimonio es más estremecedor que el anterior. Como si el horror no hallara fin.

Una mujer de 52 años confiesa a LAW en el informe: "Mi amiga es superviviente de una violación en grupo. Una pandilla de 10 milicianos armados la violó frente a sus padres y luego los mató. Le dispararon a mi amiga por la espalda y desde entonces, sufre una parálisis por ello". Pese a la cantidad de relatos que acumula Maya en su memoria, aún le cuesta repetirlos y es incapaz de beber Pepsi. "Muchas mujeres fueron violadas con botellas de Pepsi; algunas morían cuando el vidrio se hacía pedazos dentro suyo", narra a este diario. "La mayoría de las familias fueron testigos de las violaciones", cuenta, "los soldados solían ir drogados".

Sin datos oficiales

Se desconoce el número exacto de mujeres que sufrieron esta violencia sexual. La mayoría, recoge el informe, eran asesinadas tras ser violadas. "Estos ataques no fueron oportunistas, la violencia sexual fue planificada con el propósito de aterrorizar a una población y dispersarla de un área geográfica específica", apunta Mulvey para EL PERIÓDICO. En todo el territorio del pequeño Líbano se aplicó esta estrategia por parte de actores estatales y de milicias estatales y no estatales armadas contra mujeres y niñas. "Vemos cómo las comunidades y el tejido social rápidamente se deterioran cuando la violencia sexual ocurre en un conflicto", añade la directora de LAW.

"Muchas mujeres fueron violadas con botellas de Pepsi; algunas morían cuando el vidrio se hacía pedazos dentro suyo mientras las familias eran forzadas a ser testigos de las violaciones de sus hijas", cuenta Maya, superviviente de la guerra

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A día de hoy, aún pueden sentirse las consecuencias de tan dolorosos episodios y aún más desgarrador silencio. "Todas las conversaciones con mis amigos, hombres y mujeres, son sobre la guerra", reconoce Maya. "Llevamos el trauma con nosotros", dice señalando el rifle que guarda tras el sofá. "El trauma nunca se irá", añade. La suya es una generación anclada en el trauma. El conflicto que duró tres lustros irrumpió cuando Maya estrenaba la mayoría de edad. "La guerra me lo quitó todo: mis sueños, mi alma, mi futuro", cuenta. Perdió a su hermano en combate y a su prometido durante la contienda. Después, sólo encontró consuelo en el alcohol.

Impunidad

Quince años de enfrentamientos entre vecinos, de incursiones extranjeras, de invasiones del enemigo drenaron al multicultural Líbano. Adiós a la Suiza de Oriente Medio. Pero, cuando terminó el conflicto en 1990, todo fue tan brutal que nadie era capaz de mirar atrás. Un año después, el 26 de agosto de 1991, el Gobierno libanés aprobó otra ley de amnistía. Todos los crímenes cometidos contra civiles durante la guerra recibieron impunidad. A día de hoy, la mantienen. Y hay generales que asolaron el pueblo de Maya que ocupan importantes cargos institucionales. 

Nadie ha sido condenado en el Líbano por delitos de la guerra civil. Nadie ha rendido cuentas. Por ello, la formación del comité de los desaparecidos abrió la puerta a la esperanza. Para estas mujeres, empezó a crearles un lugar en la historia. "Al contar su historia por primera vez, sienten, de alguna forma, cierto alivio porque son mujeres que se están levantando en vez de estar en la sombra y eso les da fuerza y coraje", apunta Mulvey. "Ojalá estos testimonios ayuden a cambiar la narrativa de la guerra", añade.

La ley de amnistía del 1991 dio impunidad a todos los crímenes cometidos contra civiles durante la guerra y esta, a día de hoy, se mantiene

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Aún son muchos los obstáculos legales y culturales que se interponen entre estas supervivientes y la justicia. "La ley de amnistía aprobada no permite el enjuiciamiento, pero hay discusiones sobre cómo cubrirá la violencia sexual", explica la también abogada. "La gravedad de estos crímenes probablemente constituiría crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad debido a la escala y naturaleza de los mismos, por lo que el derecho internacional podría procesarlos", señala para este diario.

Voces de mujeres

De momento, la esperanza reside en sus voces. En que se sigan narrando las unas a las otras y en que haya algunas, como Maya, que se lo cuenten al mundo. "Tal vez al verme a mí hablando, estas mujeres no se pronunciarán pero puede que sí lo hagan sus hijas o sus nietas después de mí", concluye ilusionada. "Poco a poco, podemos ir cambiando esta cultura del silencio", dice. Antes de encender otro cigarro, posa su mirada en las hojas que su ventana deja entrar. Absorta, por un momento, en el paisaje, se la intuye viajar hasta el pasado. Tal vez alcance su juventud, corrompida por la violencia de la que se resguardó en esta misma casa. 

"La guerra me cambió mucho, me hizo más fuerte y me hizo querer hablar de esta historia", insiste. El rifle desmontado que descansa a sus pies –justo estaba limpiándolo– es otro testigo más de un trauma ya astillado en su piel. Pertenecía a su hermano. El mismo que murió dos meses después de estallar la contienda mientras luchaba en las filas de una milicia drusa. "No tengo miedo", dice Maya bajo una sonrisa sincera, "nunca he tenido miedo".

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