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Elecciones en Brasil

Balance de la era Bolsonaro: más desigualdad, deforestación, machismo y 'fake news'

Los casi cuatro años de Gobierno de ultraderecha se han convertido en un parteaguas de la historia moderna de Brasil

Jair Bolsonaro. EFE

"Una mierda machista de actos pusilánimes/ Que tal vez piensa que es un héroe de Marvel/ Pero es más bien un villano de cómic". El Himno al Innombrable, escrito por Carlos Rennó, Chico Brown y Pedro Luís, es una suerte de balance de la era de Jair Bolsonaro que se estrenó hace 10 días y ha sido escuchado por millones de brasileños en distintas plataformas. La canción de 13 minutos ha sido construida sobre la base de declaraciones del propio presidente, marcadas por la crueldad, el racismo y la homofobia, el sexismo, la mentira, el desprecio por la ciencia en medio de la pandemia, y las amenazas golpistas. Todo un ejercicio de inventario de los últimos años.

"Entró como una pesadilla, infeliz/ Al sonido airado de una voz que no es de fiar/ Que dice y miente y niega y se niega a sí mismo", recuerda primero el destacado actor Walter Moura, uno de los participantes en la invectiva musical. Bolsonaro se alineó con Donald Trump y se transformó en su doble tropical. Bajo su liderazgo, la ultraderecha repitió el lema "Dios, patria y familia" que tomó del fascismo italiano y la adecuó a las expectativas de los pastores evangélicos que encontraron en el capitán retirado un socio duradero para administrar un universo de desigualdad. En Brasil hay actualmente 266.000 millonarios, según un estudio del banco Credit Suisse. El 1% más rico de la población posee el 49,3% de la riqueza nacional. En un país habitado por 213 millones de personas, donde la economía creció el 4,6% en 2021 y cerrará este año con un alza de 2,5%, en buena parte gracias a la exportación de alimentos, existen 33,1 millones de ciudadanos que padecen hambre. Un 10% de ellos llegan a no comer a lo largo de un día.

Desde el Gobierno, Bolsonaro descalificó al feminismo y la igualdad de género, proclamó la mano dura y glorificó a uniformados involucrados en delitos de lesa humanidad. Fue más que tolerante con la expansión de las milicias parapoliciales y el negocio de las armas. Hostigó a las comunidades originarias por defender los derechos de sus territorios, amenazados por el extractivismo, la pesca ilegal y la tala. "Adoptó la estrategia de manipulación simbólica de la cuestión racial", señaló la socióloga Flavia Rios. El bolsonarismo tuvo también su afrodescendiente reaccionario. Sérgio Camargo llegó a la Fundacion Palmares para ponerle fina a "la mitología de la lucha de clases del negro contra el blanco opresivo".

Una de las huellas más fuertes de la era Bolsonaro se relaciona con el lenguaje. El capitán retirado casi no tuvo límites en sus intervenciones, salvo cuando Twitter, Facebook y Youtube se consideraron escandalizados. La canción lanza una pregunta que también es un síntoma de esta época: "¿Que se diga una cosa así y la persona que la dice quede impune?". A lo largo de estos años no ha prosperado ninguna investigación judicial ni parlamentaria en su contra.

Deforestación y fake news

En un reciente discurso ante la Asamblea General de la ONU, Bolsonaro llegó a asegurar que la mayor parte de la Amazonía permanece intacta. Los números dicen lo contrario. Septiembre tuvo la mayor cantidad de incendios de la década: se registraron 36.850. En agosto se deforestaron 661 km2, un 81% más que el mismo mes de 2021. Antes de asumir la presidencia, la destrucción había llegado a los 7.500 km2. En 2021 fue de 13.000 km2. El desmonte fue alentado desde el mismo Gobierno.

"Como en una película de terror, indescriptible/ En el que la verdad no importa, ni se cuenta", se recuerda en el Himno al Innombrable. El bolsonarismo convirtió a las fake news en un arma del Estado. La mentira y la difamación se naturalizaron, pero ha sido en esta campaña electoral que ha adquirido proporciones más inusitadas.

Bolsonaro y los bolsonaristas

Bolsonaro es un parteaguas en la historia de ese país. Y el bolsonarismo es algo más que sus votantes eventuales. El sociólogo Gabriel Feltrán ha detectado las matrices que constituyeron este bloque de poder: el "militarismo policial", el "anti intelectualismo evangélico", que, como se ha visto durante una pandemia que mató a casi 690.000 personas, rechaza a la ciencia y la educación formal en favor de la religión y la experiencia personal. Por último, la exaltación del "empresariado monetarista" que se vale por sí mismo. Señala Rodrigo Nunes en su libro Del trance al vértigo que el bolsonarismo es "una convergencia real de diferentes tendencias en la sociedad, con el potencial de consolidarse como una fuerza de magnitud durante bastante tiempo". Gane o pierda en las urnas, parece haber llegado para quedarse. La ultraderecha ha logrado con el capitán retirado lo que, como dice la canción, en otro tiempo no hubiera sido "posible" ni "inaceptable": un proyecto capaz de convocar a un 15% de los brasileños más ideologizados y arrastrar a otra parte de la sociedad. Nunes lo define como "interclasista". Sostenido por parte de la elite, pero con "fuertes afinidades" entre sectores sociales menos favorecidos.

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