Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Intrahistoria del resort

El "Benidorm secreto" de Kim Jong-un: lujo, miseria y un pasado imposible de ocultar

El macrocomplejo de Wonsan-Kalma, inspirado en la Costa Blanca, es un supuesto paraíso turístico construido con sangre y hambre

Kim Jong-un abrió en junio su "Benidorm norcoreano" sin turistas extranjeros

Kim Jong-un abrió en junio su "Benidorm norcoreano" sin turistas extranjeros / PI STUDIO

J. A. Giménez

Alicante

Lo bautizaron como el "Benidorm de Corea del Norte" tras una visita de emisarios de Kim Jong-un a la Costa Blanca en 2017. El régimen quedó fascinado por la fórmula del turismo de sol y playa en Alicante y decidió levantar su propia versión en Wonsan-Kalma, un macrocomplejo frente al mar del Japón.

Pero tras la postal de playas artificiales, hoteles de lujo y toboganes acuáticos se esconde una historia mucho más oscura.

El "Benidorm" de Corea del Norte y, a la derecha, el de la Costa Blanca

El "Benidorm" de Corea del Norte y, a la derecha, el de la Costa Blanca. / INFORMACIÓN

El resort fue levantado a base de trabajos forzados. Testimonios recogidos por organismos internacionales y medios especializados relatan cómo miles de jóvenes fueron movilizados en "brigadas de choque", obligados a trabajar a temperaturas bajo cero y con apenas tres horas de descanso diarias.

Aunque la propaganda oficial los presentaba como "voluntarios", la amenaza de campos de detención era real para quienes se negaban a colaborar.

Hambre, abusos y violaciones

La vida en las obras estuvo marcada por la precariedad y el hambre. Los salarios apenas alcanzaban para comprar un par de paquetes de tabaco al mes y la dieta consistía en sopas de algas en mal estado, rábanos salados y arroz de maíz. A ello se sumaban los abusos sexuales sufridos por muchas trabajadoras, según informes de Naciones Unidas.

Pese a la dureza del proceso, el complejo se inauguró este verano con la presencia del propio Kim Jong-un y hoy acoge a turistas rusos y a la élite del régimen. Sin embargo, los primeros huéspedes no fueron precisamente privilegiados: durante la pandemia, los hoteles vacíos fueron ocupados por kkotjebi, personas sin hogar que dejaron tras de sí edificios insalubres, cubiertos de hollín y excrementos.

El destino turístico ha estado rodeado además de un clima de represión interna. Responsables de las obras desaparecieron tras ser destituidos por los retrasos y expertos apuntan a que pudieron acabar en campos de trabajo o incluso ante el pelotón de fusilamiento.

Los primeros visitantes, rusos y vigilados

Quienes han logrado visitar Wonsan hablan de una experiencia tan cuidada como inquietante. Los primeros turistas fueron en su mayoría ciudadanos rusos, invitados en paquetes organizados desde Vladivostok. A su llegada, se encontraron con un resort deslumbrante en apariencia pero cargado de restricciones: acompañantes oficiales que no se separaban de ellos ni en la playa, hoteles saturados por delegaciones políticas y hasta correos electrónicos intervenidos que debían enviarse desde las cuentas del propio alojamiento. A un precio de casi 2 euros al cambio cada email, además.

Pese a la propaganda del régimen, la experiencia distó mucho de la libertad vacacional que inspira el Mediterráneo, dejando en evidencia el verdadero carácter del resort. Se recomienda incluso llevar café, té y azúcar propios, y los alimentos frescos brillan por su ausencia.

El complejo tiene capacidad para 20.000 personas y cuenta con playa artificial, centros comerciales y parques acuáticos. Un escaparate que busca atraer divisas extranjeras en un país sometido a sanciones internacionales. Sin embargo, como advierte en The Sun Greg Scarlatoiu, director del Comité para los Derechos Humanos en Corea del Norte, cada euro gastado allí acaba financiando "los lujos de la familia Kim y el desarrollo de armas nucleares y misiles".

La Costa Blanca inspiró el proyecto, pero el resultado está muy lejos del modelo de turismo mediterráneo. Tras la fachada de modernidad, el "Benidorm norcoreano" refleja la cara más dura del régimen de Pyongyang: trabajos forzados, represión y propaganda al servicio de un paraíso que nunca lo ha sido... ni lo será mientras se perpetúe la dictadura.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents