Cumbre bilateral
Xi y Trump deciden este jueves si las dos mayores economías del mundo mantienen su pulso
Los líderes de China y EEUU tienen sobre la mesa la disputa por los precursores químicos del fentanilo, las exportaciones tecnológicas, las tierras raras, la venta de TikTok y la soberanía de Taiwán, entre otros temas

Donald Trump y Xi Jinping, durante una reunión en Buenos Aires en 2018. / LI XUEREN / CONTACTO / EUROPA PRESS

Xi Jinping y Donald Trump deciden este jueves si las dos mayores economías del mundo siguen a la greña, con las repercusiones conocidas para el resto, o rebajan sus discrepancias a magnitudes manejables. También se miden este jueves las presuntas dotes supernaturales para los negocios de uno contra la discreta diligencia del otro. Y se ventilará cómo quedan los contendientes al trono global porque una guerra comercial es, al fin y al cabo, una guerra. Los meses anteriores certifican que China, ocho años después de la primera, se ha sacudido la timidez y complejos.
"La relación con China es muy buena", ha insistido Trump a la prensa. "Creo que vamos a conseguir un muy buen resultado para nuestro país y para el mundo", ha añadido. Llega tan optimista a Corea del Sur que ya ha desvelado el calendario de citas con su "viejo amigo": Xi le recibirá en Pekín después del año nuevo lunar y poco después se encontrarán en Mar-a-Lago. En las anteriores etapas de su viaje asiático ha sido adulado y enjabonado sin mesura por los líderes a los que había freído a aranceles. Sólo China, tras aquel célebre "Día de la Liberación", aguantó el ojo por ojo, por más que un Trump estupefacto la animara a rendirse una y otra vez. Un observador imparcial tiene claro el desenlace, incluso la prensa más cicatera con China. "Cualquiera que sea el resultado, la reunión ya es una victoria para China", titula esta semana su análisis la CNN. "Por qué China está ganando la guerra comercial", explica 'The Economist', incansable anunciante del colapso comunista durante décadas.
Xi y Trump evitarán la súbita agitación de Gyeongju, sede de la cumbre de la APEC y antigua capital medieval. Es una pequeña y coqueta ciudad, salpicada de templos, pagodas y tumbas, tan sobrada de encanto como escasa de infraestructuras. Buscarán la intimidad en una base militar de la vecina Busan, una musculosa urbe portuaria, de reciente celebridad global por una película de zombies. Trump ya ha adelantado que será una reunión larga, de tres o cuatro horas, porque el orden del día descarta el tedio. Empezará buscando la lucha china más briosa contra los precursores químicos del fentanilo que diezma a su población. Ha asumido este miércoles que la encontrará y podrá levantar los aranceles del 20%. Son los únicos que resisten incluso durante las prórrogas arancelarias pactadas. Y después del fentanilo, el frenesí: las restricciones a las exportaciones tecnológicas por un lado y de tierras raras por el otro, la venta de TikTok, Taiwán, las tarifas portuarias cruzadas, las tensiones en el mar del Sur de China, la liberación del magnate de prensa hongkonés Jimmy Lai... Es quimérico arreglar tantos conflictos en un día, algunos ya enquistados. Bastará que nada se rompa en esta reunión, la primera del segundo mandato de Trump, y evitar pasados cortocircuitos. En las postrimerías del primero, acorralado por su criminal gestión de la pandemia, Trump cerró incluso los circuitos de comunicación más elementales con Pekín.
Gira de halagos
Será la de este jueves su cita asiática más exigente tras haber coleccionado halagos y obsequios. Si ayer recibió en Japón un juego nuevo de golf (palo, bola y bolsa), hoy Corea del Sur le premiaba con una corona dorada y la Gran Orden de Mugunghwa, la mayor condecoración del país a un civil. "Una reunión estupenda", ha sintetizado Trump tras verse con Lee Jae-myung, presidente surcoreano. La cuestión más urgente, como en Japón, era aclarar los detalles de la multimillonaria inversión a industrias estadounidenses pactada a cambio de recortar los aranceles del 25 al 15%.
Seúl alegó que enviar contantes y sonantes los 350.000 millones de dólares descalabraría su economía y propuso una fórmula de créditos. Lo acordado este miércoles queda a medio camino: 200.000 millones pagados en efectivo y a plazos, y los restantes 150.000 millones en inversiones en astilleros. Considerado el exiguo margen de maniobra de Lee, con la industria automovilística nacional asfixiada con aranceles mayores que sus competidores japoneses y europeos, puede considerarse un éxito. Lee se ha propuesto recuperar el sano equilibrio entre Pekín y Washington tras el desacomplejado filoamericanismo del conservador Yoon Suk Yeol, quien pasará a la historia por entonar el "American Pie" de Don McLean en la Casa Blanca y por su delirante autogolpe militar.
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