Crisis energética
Cierre de universidades y límites de consumo: Asia se prepara ante el riesgo de quedarse sin petróleo por la guerra de Irán
La amenaza de la escasez de suministros obliga a Bangladesh, Japón o China a tomar medidas drásticas para "preservar su seguridad energética"

Una mujer hojea telas a la venta en el mercado de Pang Jai, en Hong Kong. / JEROME FAVRE / EFE
Javier Ojembarrena Alba
El conflicto armado en Oriente Próximo desatado después de que Estados Unidos e Israel bombardearan Irán y acabaran con la vida del ayatolá Alí Jameneí, y la réplica del régimen islámico, ya está mostrando consecuencias notables en los países asáticos más dependientes del petróleo que hasta ahora suministraban los países del golfo Pérsico. La tensión en el estrecho de Ormuz, controlado por la Guardia Revolucionaria iraní, y la amenaza de que la escalada bélica se prolongue en el tiempo, está obligando a los países asiáticos a tomar medidas drásticas para paliar las consecuencias.
Economías como la de Japón, Corea del Sur o Taiwán se encuentran entre las más vulnerables ante el posible corte del suministro de gas y petróleo desde Oriente Próximo. De hecho, cerca del 90% del petróleo que importa el archipiélago nipón transcurre por el estrecho de Ormuz. Mientras que en el caso de Corea del Sur y Taiwán, las importaciones desde los países de esta región son del 70% y 60% respectivamente. Un porcentaje ligeramente superior al de China, que necesita de Oriente Próximo para el 57% de sus importaciones directas de crudo transportado por mar.
Pero si hay un país al que esta incertidumbre afecta de manera mayúscula es Bangladesh. El estado asiático, de 170 millones de habitantes y cuyas necesidades energéticas dependen al 95% de la importación de crudo y gas, ha tenido que tomar medidas urgentes, y ya este domingo se vio obligado a racionar la distribución de combustibles. Provocando grandes atascos en torno a las gasolineras y registrando incluso primeros incidentes violentos. Pero la medida más notoria ha llegado este lunes con el mandato para cerrar preventivamente todas las universidades y la imposición de un límite a la venta de combustible.
Una medida que llega cuando las escuelas ya permanecían cerradas con motivo del Ramadán, y que se suma a una serie de instrucciones transmitidas por el Gobierno para reducir el gasto energético y evitar ante todo quedarse sin reservas. "Se ha tomado la decisión de reducir el consumo de electricidad y combustible, teniendo en cuenta la situación mundial actual", señala el Ministerio de Educación de Bangladesh en un comunicado distribuido a las universidades
China prioriza sus necesidades
Mientras tanto, otros tantos países asiáticos afectados por las consecuencias energéticas del conflicto en Oriente Próximo, que desde el pasado sábado están vigilando sus reservas de petróleo y gas, también han establecido medidas restrictivas para hacer frente a los próximos meses. En el caso de China, según Bloomberg, este lunes ha pedido a sus principales refinerías que suspendan sus exportaciones de gasóleo y gasolina para priorizar las necesidades internas. De hecho, aunque no ha detallado cómo, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Guo Jiakun, ha asegurado que "China tomará las medidas necesarias para preservar su propia seguridad energética".
Por su parte Corea del Sur, cuya economía depende en buena medida de la industria tecnológica —la cual demanda de mucha energía— logró el viernes un acuerdo "de emergencia" para hacerse con 4 millones de barriles de crudo a través de los puertos de Emiratos Árabes Unidos, y evitar así el estrecho de Ormuz. Una medida que, sin embargo, parece insuficiente, por lo que el presidente surcoreano, Lee Jae Myung, anunció este lunes un sistema de tope de precios de los productos petrolíferos, que se aplicará esta semana para "aliviar la presión sobre los hogares".
Mientras, Japón, que junto a Corea del Sur gasta anualmente cerca de 1.000 millones de dólares en importaciones energéticas y cuya economía se vería gravemente afectada a una escalada de precios, ha abierto la puerta a recurrir a sus reservas nacionales de petróleo. Unas existencias que según Tokio, podrían durar hasta 254 días. Aún así, el pasado lunes la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, aseguró ante el Parlamento que el Gobierno nipón adoptará "todas las medidas posibles para garantizar el suministro estable de energía".
Más estable parece ser el panorama de la India, pese a importar el 80% de sus recursos energéticos y ser el tercer mayor comprador de petróleo a nivel mundial. Sin embargo, gracias al petróleo ruso y la autorización de EEUU, parece haber asegurado su suministro. Así, según señaló el secretario del Tesoro norteamericano, Scott Bessent, el subcontinente podría acceder "a cientos de millones de barriles" de crudo en caso de que Washington levantara las sanciones contra Rusia. Aún así, el ministerio indio de Petróleo no descarta la posibilidad de tomar "medidas progresivas" para reducir el impacto del conflicto, en caso de que este se prolongue.
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