Entrevista
Andrius Kubilius, comisario europeo de Defensa: "Los líderes españoles deberían escuchar que la mayoría de los ciudadanos quieren más inversión en defensa"
El ex primer ministro lituano conversa con EL PERIÓDICO sobre los retos de la seguridad europea ante la guerra de Ucrania, la crisis en Oriente Medio y la relación con la OTAN en tiempos de Trump

Comisario europeo de defensa, Andrius Kubilius: "La UE debe acelerar su producción de armas porque EEUU va a priorizar sus necesidades con la guerra de Irán" / Cedida/ Comisión Europea

Andrius Kubilius (Vilna, 1956), físico y político lituano, es el actual comisario europeo de Defensa y Espacio en la segunda Comisión Von der Leyen, y antes fue primer ministro de Lituania durante dos mandatos. Su cartera ha ganado un peso central en un momento marcado por el llamamiento al rearme europeo con la invasión rusa de Ucrania y la guerra en Oriente Medio, así como la discusión sobre la relación con la OTAN. Esta semana participa en Barcelona en el European Pulse Forum de 'Politico' y beBartlet.
¿Cómo valora la UE la situación con Irán?
Siempre es mejor preservar la paz que permitir una escalada con consecuencias muy graves. Veremos cómo evolucionan los acontecimientos. Personalmente, me gustaría ver a Irán como un país normal, aunque no estoy seguro de que lo ocurrido hasta ahora vaya en esa dirección. En todo caso, la paz es fundamental. También sería muy importante garantizar acuerdos sobre la navegación marítima, especialmente por el estrecho de Ormuz, porque eso afecta a todo el mundo y, en particular, a los precios de la energía, que son una preocupación importante.
¿Cómo ha acelerado la guerra de Ucrania las prioridades de defensa de la UE?
La guerra de Ucrania ha sido decisiva. Somos el principal apoyo financiero de Ucrania, con más de 180.000 millones de euros comunitarios, y ahora preparamos un nuevo préstamo de 90.000 millones, de los cuales 60.000 millones pasarían por mis servicios para apoyo en defensa. Ese paquete sigue bloqueado por el veto húngaro, aunque esperamos que la situación pueda cambiar.
Ucrania no solo se defiende a sí misma, sino que también nos defiende a todos. Distintos servicios de inteligencia creen que Rusia podría estar preparándose para poner a prueba el artículo 5 de la OTAN y agredir a países vecinos de la UE, como los bálticos, Finlandia o Polonia. Por eso estamos reforzando nuestras capacidades de defensa: para disuadir y porque sabemos que tenemos mucho que aprender de Ucrania.
¿Qué lecciones debería extraer la UE de la guerra en Ucrania?
Ucrania ha logrado resistir, ha adquirido una experiencia militar probada en combate y ha desarrollado una industria de defensa muy innovadora, también probada sobre el terreno. Los países del Golfo son un buen ejemplo: han pedido ayuda a Ucrania para defenderse de ataques iraníes con drones, porque han comprendido que los ucranianos tienen capacidades muy valiosas en ese ámbito.
Eso demuestra que nosotros, como europeos, aún más cercanos a Ucrania y volcados en su apoyo, también debemos integrar ese aprendizaje en nuestras propias capacidades de defensa. Por eso queremos estrechar nuestra relación con Ucrania, apoyar la integración de su industria de defensa con la europea y poner en marcha programas concretos en esa dirección.
¿Cómo salvar la relación entre la UE y la OTAN ante las amenazas de Trump?
Nuestra relación con la OTAN es muy estrecha y racional. Hay que distinguir entre las declaraciones de Trump, a menudo airadas e imprevisibles, y los mensajes estratégicos de largo plazo que recibimos de la Administración y de las instituciones estadounidenses, que son mucho más claros.
EEUU quiere que los europeos asumamos la responsabilidad principal de la defensa del continente, porque Washington prevé concentrar cada vez más recursos en el Indo-Pacífico y en el hemisferio occidental. En Europa, su papel será más secundario. Esa es la base de lo que algunos llaman una OTAN 3.0. Nosotros entendemos que Europa debe asumir mucha más responsabilidad en su propia defensa y, al hacerlo, fortalecer la OTAN. Eso es lo que estamos debatiendo con nuestros socios transatlánticos.
¿Detecta mensajes contradictorios entre Trump y los canales oficiales de EEUU?
Vemos mensajes distintos, más que contradictorios. Trump tiene un estilo propio para intentar lograr lo que él llama "acuerdos": es imprevisible, a veces amenazante, y forma parte de su manera de actuar. En ocasiones obtiene resultados; en otras, genera mucha confusión, como ocurrió con sus declaraciones sobre Groenlandia. Tenemos que acostumbrarnos a convivir con esa nueva normalidad. Pero no debemos fijarnos solo en Trump, sino también en las instituciones estadounidenses. Su lenguaje es diferente. Trump puede decir que la OTAN ya no es necesaria, mientras que las instituciones dicen que sí, pero que los europeos deben dar un paso adelante porque EEUU reducirá su papel. No diría que son mensajes enfrentados, pero sí distintos.
¿Cómo interpreta que EEUU sea a la vez el principal proveedor de armas para la UE y promotor del rearme europeo?
EEUU produce muchas armas de gran calidad y, en algunos casos, sistemas que Europa no fabrica, por eso la UE le compra entre el 40% y el 50% de su material a ellos. Pero ahora tenemos que desarrollar nuestra propia producción.
El dinero de la UE debe servir para ayudar a los Estados miembros a comprar más producción europea. A veces, los estadounidenses lo han criticado. Pero ahora estamos ante una situación nueva: tras la guerra con Irán, vemos que la industria estadounidense probablemente dedicará en los próximos años su producción sobre todo a reponer sus propios arsenales y quizá también los de sus aliados del Golfo.
Trump está pidiendo al Congreso inversiones adicionales muy importantes precisamente por el déficit de sus reservas. Eso significa que, aunque Europa quisiera comprar más en EEUU, es posible que la industria estadounidense no pudiera absorber esa demanda extra. No se trata de una disputa entre aliados, sino de una escasez real de capacidad de producción.
¿Qué diría a un país de la UE que prefiere comprar rápido fuera, especialmente a EEUU, en vez de esperar a la producción europea?
Les diría que incluso antes de la guerra con Irán, varios gobiernos europeos ya advertían de que los plazos de entrega de la industria estadounidense se estaban alargando. Y ahora esa dificultad será aún mayor. Por eso, es previsible que cada vez más países europeos orienten sus compras hacia la industria de defensa europea.

La alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y vicepresidenta, Kaja Kallas, y el comisario europeo de Defensa y Espacio, Andrius Kubilius, llegan a Bruselas para asistir a una reunión del Colegio de Comisarios / OLIVIER HOSLET / EFE
¿Cómo convencer a quienes en España ven el gasto en defensa como un recorte del Estado del bienestar?
Los españoles no difieren mucho del resto de europeos en su apoyo a Ucrania y a una mayor inversión en defensa. La clave parece estar más en el liderazgo político. Las encuestas muestran que muchos ciudadanos, también en España, reclaman una defensa europea más fuerte: cerca del 70% apoya incluso la idea de un ejército europeo. Los líderes deberían escuchar ese mensaje.
¿Ve como un problema que el liderazgo español vaya a veces en otra dirección que la mayoría de gobiernos europeos?
El problema surge cuando los líderes se apartan de lo que quieren sus ciudadanos, y eso solo pueden corregirlo los votantes. Aunque en la UE hay posiciones distintas, hoy está claro que la seguridad y la defensa son prioridades para los europeos. Y los responsables políticos deben escuchar esa demanda.
¿Qué responde a quienes temen que apoyar a Ucrania o rearmar Europa perjudique a la educación o la sanidad públicas?
Mi mensaje es claro: apoyar a Ucrania y reforzar nuestra defensa cuesta dinero, pero no hacerlo costaría mucho más. Un estudio noruego comparó dos escenarios: si Ucrania no recibe suficiente apoyo y Rusia avanza, el coste para Europa —por más refugiados, una Rusia militarmente más fuerte y otras consecuencias— podría alcanzar 1,5 billones de euros. En cambio, aumentar ahora la ayuda a Ucrania costaría tres o cuatro veces menos. En otras palabras, invertir en defensa es caro, pero no estar preparados puede salir muchísimo más caro en dinero, sufrimiento y seguridad.
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