Relevo en el poder
Las urnas húngaras dan la victoria a la oposición y derrumban al ultranacionalista Orbán, quien admite su derrota

Javier Vendrell Camacho

Adiós a la "era Viktor Orbán" y apertura a una nueva Hungría, con un líder conservador, pero aglutinante de un voto de amplio espectro y básicamente europeísta: Peter Magyar, el líder del partido Tisza, logró una victoria más que amplia en las urnas y tendrá 138 diputados del total de 199 del Parlamento nacional húngaro. Superará con ello la mayoría de dos tercios, necesaria para emprender la regeneración democrática en este socio de la UE y de la OTAN, tras 16 años de dominio del líder ultranacionalista, euroescéptico y aliado de Donald Trump, Vladímir Putin y Benjamín Netanjahu, entre otros.
"Juntos, hemos derrocado al régimen de Orbán. Juntos hemos liberado Hungría, juntos hemos recuperado nuestra patria", proclamó Magyar, a orillas del Danubio, con la imagen imponente del Parlamento iluminado al fondo y entre el clamor de miles de simpatizantes, antorchas encendidas, banderas nacionales o pancartas de Tisza. "Volvemos a Europa", añadió. Miles de gargantas voceaban el nombre de "Europa", algo impensable bajo Orbán, quien había convertido la eurofobia y la hostilidad hacia Ucrania en núcleo de su campaña por la reelección.
El propio Orbán admitió una derrota que ha calificado de "clara" y "dolorosa", para comprometerse a continuación a seguir "al servicio del país" desde la oposición. A Fidesz, el partido hasta ahora hegemónico de Orbán, le corresponderán en la nueva cámara 54 escaños, según los datos oficiales escrutados el 95 % de los votos. La única tercera fuerza del nuevo Parlamento será la derecha más radical de "Nuestra Patria", con 7 diputados.
El propio Magyar pidió paciencia y cautela al saltar los primeros escrutinios, una hora larga después del cierre de los colegios electorales y tras una jornada marcada por una movilización masiva. A las 18.30, media hora antes del cierre de las urnas, se había alcanzado el 77,80 % de participación, un aumento de diez puntos respecto al porcentaje registrado en esa franja horaria en los comicios de 2022 y un record histórico. Cuatro años atrás, el índice final de participación había sido del 69 %. La afluencia a las urnas fue muy alta desde el arranque de la jornada. A las nueve de la mañana, la participación estaba en el 16,9 %, para escalar a las once al 37,9 % y al 54 % sobre el mediodía.
Para el candidato opositor, Hungría estaba viviendo este domingo “las últimas horas bajo el régimen de Orbán”, según transmitió vía redes sociales. Ya tras el cierre de las urnas, en una primera y breve intervención, pedía “paciencia” y se mostraba “cautelosamente optimista”. A ambos lados del Danubio se había concentrado una multitud bailando y cantando. Reinaba la euforia, pero también cierta incertidumbre sobre la reacción de Orbán en la derrota.
Magyar había depositado su voto sobre las 08.00 de la mañana, una hora después de la apertura de los colegios. Repitió ante las cámaras una de sus promesas electorales: recortar a dos mandatos el periodo máximo para ejercer la jefatura del gobierno. Es una de las claves, dijo, para liberar al país de la corrupción acumulada por esos 16 años de dominio de Fidesz. Orbán, de 62 años, lleva en el poder de forma ininterrumpida desde 2010. En estos comicios buscaba su quinta legislatura en serie, o la sexta en total, si se suma su primera etapa entre 1998 y 2002.
El líder ultranacionalista había dedicado su último mensaje ante las urnas a insistir en que Europa está atravesando "la mayor crisis de su historia", con perspectivas de ir a más. Solo él y su partido, Fidesz, aseguró, pueden plantar cara a la política energética y económica dictada por Bruselas. Desplegó ahí de nuevo hostilidad tanto a la UE como a Ucrania, los dos "enemigos" en los que ha centrado sus ataques en su lucha casi a la desesperada por la reelección.
La fórmula de Magyar en pos del relevo en el poder ha consistido en dedicar hasta el último aliento de su campaña a la caza del voto del campo. Era consciente de que el sistema electoral húngaro, rediseñado por Orbán, favorece al extrarradio y los distritos rurales. Protagonizó su último mitin en Debrecen, a unos cien kilómetros de la frontera con Ucrania. Ahí concentró una más que notable multitud, pese a que teóricamente se trataba de un bastión de Fidesz. Las imágenes del mitin multitudinario de Debrecen dejaron en ridículo al par de miles de seguidores que aglutinó el primer ministro en Budapest.
Magyar, de 44 años y líder de Tisza, llegó a la jornada electoral como el favorito de los sondeos, pero las especificidades del sistema electoral húngaro le obligaban no solo a ganar, sino también a arrasar en las urnas. La suya ha sido una carrera propulsada por el anhelo de cambio de muchos húngaros. Es conservador, militó en el Fidesz, pero se ha presentado como el impulsor de una regeneración democrática para Hungría frente al control ejercido por Orbán sobre medios de comunicación, la Justicia y las principales instituciones del estado.
Es poco lo que ha revelado de su programa, más allá del propósito de restablecer la buena sintonía con Bruselas, que retiene 18.000 millones de euros de sus fondos a Hungría por los ataques del gobierno de Orbán a los valores europeos. La UE espera que Budapest desbloquee la partida de 90.000 millones de euros en préstamos para Ucrania, así como el paquete de sanciones contra Moscú.
Apoyos de Trump, Putin y de la ultraderecha global
Eran unos 8,1 millones de húngaros los llamados a depositar su voto, incluidos unos 600.000 residentes en el extranjero o los magiares étnicos de países vecinos. El reparto de escaños en la cámara nacional húngara atiende a una fórmula mixta. 93 puestos surgen del reparto proporcional entre las listas de los partidos, mientras que los 106 restantes se otorgan al candidato más votado en cada circunscripción.
La atención por los comicios estaba centrada en la posible caída del primer ministro a que apuntaban los sondeos. Orbán ha contado con el respaldo declarado de la Casa Blanca y del Kremlin. Su caída pone fin a una campaña envuelta en un goteo de informaciones sobre injerencias rusas y filtraciones sobre el servilismo de Orbán y su gobierno ante Moscú.
De las urnas húngaras dependía también que la llamada internacional ultraderechista se apuntara un tanto o un fuerte revés. Era la prueba de fuego tanto para los “Patriotas para Europa”, el eurogrupo fundado por Orbán e integrado por los partidos afines de la francesa Marine Le Pen, del neerlandés Geert Wilders o del austríaco Herbert Kickel, además del español Santiago Abascal, como para el resto de ese espectro electoral. Bruselas, por su parte, cruzaba los dedos por un triunfo opositor, aunque formalmente había evitado dar un apoyo explícito a Magyar. Tisza forma parte del Partido Popular Europeo (EPP).
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