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La partida de Trump en Cuba, marcada con cartas asturianas

Los descendientes de emigrantes Marco Rubio, secretario de Estado, y los poderosos hermanos Fanjul quieren enterrar 60 años de revolución, mientras que Díaz-Canel se aferra al poder

Marco Rubio y Donald Trump

Marco Rubio y Donald Trump / LNE

María José Iglesias

María José Iglesias

En el tensionado tablero de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba bajo la presidencia de Trump, juega, en diferido, la emigración asturiana a la Perla del Caribe. El secretario de Estado, Marco Rubio y los empresarios José (Pepe) y Alfonso (Alfy) Fanjul ("Los Reyes del azúcar"), militan en el bando trumpista, favorable a finiquitar la revolución y dar paso a la democracia; el presidente cubano Miguel Díaz-Canel, representante de Fidel en la Tierra, se aferra al poder, como si de la última taza de café cubano se tratase, e impulsa un diálogo con Washington de resultados inciertos. Todos comparten orígenes en la región...aunque vienen de tres familias muy distintas marcadas por el exilio post Castro, en el caso de los Fanjul; por la emigración en los años 50 desde la isla, en el caso de Rubio, y la de finales del siglo XIX desde Castropol, en la genealogía de Díaz-Canel, biznieto de Ramón Díaz-Canel, propietario en La Habana de la famosa fábrica de muebles La Perla.

Ahora confluyen en una pugna geopolítica que combina intereses económicos, ideológicos y estratégicos. Y es que esa emigración asturiana a Cuba y, posteriormente, a Estados Unidos dejó una impronta profunda en las élites políticas y económicas vinculadas al país caribeño. Para Miguel Díaz-Canel esa herencia forma parte de una identidad que el propio mandatario ha integrado en su relato personal, aunque su carrera política se ha desarrollado íntegramente dentro del sistema socialista cubano. Marco Rubio, figura clave de la política exterior estadounidense, hijo de cubanos emigrados a Miami antes de la Revolución, encarna el puente entre el exilio cubano y el poder en Washington. Desde 2025 ocupa cargos de enorme influencia —secretario de Estado y asesor de seguridad nacional, lo que lo convierte en el arquitecto principal de la política hacia América Latina . Los hermanos Fanjul, sobrinos biznietos del emigrante noreñense Manuel Rionda, el primer "rey del azúcar" de la familia, cuentan entre sus antepasadas a Edelmira Sampedro, condesa de Covadonga, que fue esposa del Alfonso de Borbón. Pertenecen a una de las familias más poderosas del llamado "exilio histórico", aristocracia isleña en estado puro. Su imperio azucarero en Florida y República Dominicana y su alta capacidad de financiación política, especialmente al Partido Republicano, los han situado durante décadas como actores influyentes en la política estadounidense hacia Cuba. En un viaje a Cuba Alfy Fanjul, de pensamiento más moderado que su hermano, volvió a pisar emocionado la mansión donde creció, entre cuadros de Sorolla y porcelanas chinas, actual Museo Nacional de Artes Decorativas. Pepe Fanjul es un importante donante republicano y aliado de Rubio, además de anfitrión de eventos para Trump, del que es vecino en Palm Beach. Estas influencias han sido cruciales en el diseño de la política de Trump hacia Cuba en su segundo mandato, que ha recuperado la estrategia de presión máxima.

Rubio defiende que la crisis cubana solo puede resolverse mediante una transformación política profunda. Esta postura conecta con las demandas del exilio cubano en Florida, donde amplios sectores rechazan cualquier negociación con La Habana. El peso de Rubio en esta estrategia es tal que incluso se ha llegado a especular, en círculos políticos y mediáticos, con la posibilidad simbólica —aunque improbable— de que pudiera desempeñar un papel directo en una eventual transición a la democracia en Cuba.

Silencio expectante

Históricamente, los Fanjul han defendido políticas duras contra el gobierno cubano, alineándose con sectores que buscan una apertura económica bajo un modelo favorable a la inversión privada y al capital extranjero. Su posición refleja una visión pragmática: la caída o transformación del sistema cubano abriría oportunidades en sectores clave como el azúcar, el turismo o la energía. Hoy controlan compañías como Florida Crystals y Domino Sugar, además del grupo American Sugar Refining (ASR), considerado el mayor refinador de azúcar de caña del mundo. Según la revista Forbes, la fortuna de la familia ronda los 4,000 millones de dólares, mientras que solo Florida Crystals generó ingresos cercanos a 5,500 millones de dólares en 2025. El imperio empresarial de los Fanjul incluye inversiones en el Caribe. La familia posee el resort Casa de Campo, en República Dominicana, y participa en Central Romana, el mayor empleador privado y terrateniente de ese país.

Al otro lado del estrecho de Florida, a tan sólo 90 millas de Cayo Hueso, la situación interna de Cuba condiciona la estrategia. La isla atraviesa una grave crisis económica, con escasez de bienes básicos, apagones y un creciente descontento social . A ello se suma el impacto de las sanciones estadounidenses, agravadas por la falta de combustible y la fragilidad del sistema energético .El margen de maniobra de Díaz-Canel es limitado. El poder real sigue en manos del aparato militar y de Raúl Castro. Mientras Díaz-Canel representa la continuidad de un proyecto nacido de la Revolución, Rubio y los Fanjul encarnan la memoria del exilio y la aspiración de un cambio.

La posibilidad de una transición en Cuba —pactada o forzada— depende en gran medida de la interacción entre estos actores y de la evolución de la crisis interna.

Décadas después de la emigración, sus herederos se encuentran en bandos opuestos de un mismo conflicto, decidiendo, desde Washington y La Habana, el futuro de una nación marcada por la historia compartida entre España y el Caribe.

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