Guerra en Ucrania
Las crecientes limitaciones en la vida diaria en Rusia y el cansancio por la guerra pasan factura a Putin
La guerra obliga a cortar el servicio de internet en muchas localidades de provincia e incluso, a intervalos en la capital, generando quejas en negocios y ciudadanos
La popularidad del presidente empieza a remitir en los sondeos de opinión, mientras 'influencers' y políticos denuncian ausencia de liderazgo y problemas prácticos del día a día

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, con representantes de la población indígena del país. / EFE / VYACHESLAV PROKOFYEV

Sofia Rusova, activista social residente en Moscú, se dio de bruces por vez primera con las limitaciones de la guerra de Ucrania hace cerca de un año. Aterrizó en la república de Udmurtia, atravesada por el río Kama, afluente del Volga, en el centro de la Rusia europea, para visitar a su familia. Ya en la terminal aeroportuaria, al conectar su teléfono tras el vuelo, se dio cuenta de que carecía de conexión de internet, circunstancia que le impedía llamar a un taxi a través de una aplicación.
El tema adquirió mayor gravedad en fecha posterior, en otro de sus viajes fuera de la capital. En esa ocasión acudió en tren a Vladímir, localidad de 350.000 habitantes a unos 200 kilómetros de Moscú, para asistir a un juicio. En cuanto se bajó en la estación, comprobó que carecía de acceso al navegador de su teléfono para llegar al lugar de destino. Ya con el tiempo justo, se vio obligada a recurrir al método caduco, olvidado en esta era de nuevas tecnologías, de preguntar si iba en la dirección adecuada a todo bicho viviente que se encontrara en el camino.
En marzo pasado, las restricciones en el servicio acabaron por alcanzarla en la megalópolis moscovita, núcleo del poder en la Federación Rusa. Durante dos semanas, todo el centro de la urbe, incluyendo el pintoresco barrio de Arbat, o el emblemático bulevar Tsvetnoi, sufrió la interrupción del servicio móvil de internet. "Hubo muchos episodios de confusión; yo tenía que conseguir un documento, y el pago únicamente se podía hacer 'online'. Yo les decía, 'no hay internet'", rememora Rusova a EL PERIÓDICO desde Rusia mediante videoconferencia.

Residentes locales contemplan una columna de humo producto de recientes bombardeos de Ucrania elevándose al cielo en Tuapsé, el pasado 29 de abril. / Stringer / AFP
Consciente del descontento popular que ello podía generar en la ciudadanía, el presidente Vladímir Putin se apresuró a justificar la medida. El corte "está relacionado con el trabajo operativo para prevenir ataques terroristas... garantizar la seguridad de la gente siempre será una prioridad", afirmó. Rusova no parece asumir este argumento y, como parece ser el caso de muchos ciudadanos, arremete contra el Gobierno. Son "las autoridades las que no saben cómo reaccionar a las amenazas", constata, mientras enumera las dificultades que supone tener que acceder mediante VPN de pago a aplicaciones tan usadas en Rusia como Telegram o WhatsApp, vetadas por las autoridades: "De esta manera quieren obligarnos a utilizar la aplicación de mensajería MAX, que todo el mundo sabe que está conectada a los servicios".
Ataques ucranianos
La percepción de impotencia de las autoridades se ha reforzado a raíz de los últimos ataques ucranianos a terminales de hidrocarburos y al puerto de Tuapsé, localidad a orillas del mar Negro. "La ciudad ha estado literalmente en llamas (durante días), y la gente se da cuenta de que el poder no tiene capacidad, ni para ayudar, ni para neutralizar los bombardeos ucranianos", explica a este diario Andréi Kalitin, periodista de la publicación independiente Nóvaya Gazeta. La cadena independiente TV Dozhd ha informado que algunos residentes han optado por abandonar la ciudad para no verse afectados por las densas columnas de humo originadas por los incendios.
La guerra ya se siente en todos los rincones de la vasta geografía rusa. No es solo patrimonio de aquellos que han perdido familiares en el frente, o viven en las proximidades de instalaciones que han sido objeto de bombardeos y ataques con drones lanzados desde Ucrania. "La gente está cansada de la guerra", apunta Rusova, un cansancio que ya se está trasladando a los sondeos de opinión. Hace apenas cuatro semanas, una encuesta difundida por VTsIOM aseguraba que el porcentaje de apoyo a la figura de Putin entre la ciudadanía había descendido al 68,7%, 2,3 puntos porcentuales por debajo de la semana anterior y claramente inferior a la barrera psicológica del 70% por ver primera desde el inicio de la invasión de Ucrania.

Serguéi Kirilenko y Vladímir Putin, en una reunión del comité organizador de 'Pobeda', organización dedicada a fomentar el patriotismo en Rusia. / Kremlin
La percepción de debilidad del presidente es tan acentuada, que incluso por vez primera desde 2022, líderes políticos e incluso 'influencers' se atreven a criticar públicamente al pervoye litsó (en español, primer rostro), la forma coloquial con la que en el idioma ruso se designa a quien ejerce la dirección de un país u organización. "Hay un grueso muro entre usted y nosotros", espetó la modelo e influencer Victoria Bonya, en un vídeo de 18 minutos en el que no criticó directamente ni a la guerra en Ucrania ni al líder del Kremlin, pero en el que desgranó numerosos problemas prácticos, del día a día, causados por la renqueante economía y las limitaciones en el acceso a internet. "El pueblo le tiene miedo, y no debería ser así", enfatizó, advirtiendo a la vez al líder del Kremlin que su entorno "le miente".
Tecnócratas versus 'siloviki'
Así las cosas, no es de extrañar que en algunos medios y análisis de expertos, hayan aparecido noticias y rumores que hablan de enfrentamientos en el seno de la élite rusa, dividida desde siempre en grupos de presión con intereses y objetivos diferenciados. Tras constatar que solo en 2025 fueron arrestados un total de 155 funcionarios de alto nivel, extendiendo una profunda sensación de inseguridad jurídica entre este sector social, el periodista Kalitin, citando a fuentes internas, identifica como principal conflicto el que enfrenta "al bloque de los tecnócratas con el grupo de los siloviki", los antiguos miembros de los servicios de inteligencia que Putin, exdirector del Servicio Federal de Seguridad (FSB), incorporó a la clase dirigente a su llegada al poder hace más de un cuarto de siglo.
Según declaró el politólogo Kiril Rogov al canal de YouTube Strana i Mir, "el conflicto entre las agencias de seguridad y los burócratas crece cada día... en un marco de agotamiento de los recursos en la economía rusa". La disputa, según esta versión, se centraría en torno a la figura de Serguéi Kirilenko, actual vicejefe de la influyente Administración Presidencial. Es el "responsable de la celebración de las elecciones legislativas del próximo septiembre, mientras que el FSB (ex-KGB) quiere ser el que determine los resultados, controle las votaciones y al propio Kirilenko", informa. El reciente arresto de uno de sus colaboradores por parte de dicha organización de seguridad mientras se hallaba de visita en el frente de Ucrania es interpretado como una advertencia para el alto funcionario, con aspiraciones de suceder algún día a Putin.
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