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Guerra comercial

China y Estados Unidos vuelven a enzarzarse en sanciones cruzadas que ponen en peligro la visita de Xi a Estados unidos

El encadenamiento de recíprocas zancadillas permite pronósticos opuestos, la cancelación o la recuperación de la armonía

Saludo oficial entre Xi Jinping y Donald Trump en Pekín

Saludo oficial entre Xi Jinping y Donald Trump en Pekín / KENNY HOLSTON / AFP

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Adrián Foncillas

Adrián Foncillas

Pekín

China y Estados Unidos han recuperado la dinámica de sanciones y contrasanciones, lejos aún del fragor de aquel combate cuerpo a cuerpo de los peores tiempos, pero con el timón peligrosamente fijado hacia la ruptura de la frágil tregua comercial. El encadenamiento de recíprocas zancadillas cuando apenas quedan unas semanas para la cumbre de Xi Jinping y Donald Trump en Estados Unidos permite pronósticos opuestos: la cancelación o la recuperación de la armonía.

La certeza actual es la menguada paciencia china ante lo que juzga como el enésimo ejercicio cínico estadounidense. Para medir la temperatura es recomendable echar un vistazo a la prensa nacional y el jueves abundaban los editoriales. "Las equivocadas medidas contra China que ha aprobado Estados Unidos en las últimas semanas constituyen una seria violación del importante consenso alcanzado por los dos jefes de Estado e infringen los legítimos derechos e intereses chinos", sienta el matutino China Daily. La edición digital del Global Times lamenta que Washington "siga estirando el concepto de seguridad nacional y aprobando restricciones que repetidamente apuntan a China". Alude también a las 40 compañías chinas que fueron sancionadas solo un día después de que los jefes negociadores calmaran las aguas en una videollamada. "¿Cómo pueden ser descritas esas acciones de sinceras? ¿En qué lugar queda la credibilidad estadounidense?", inquiere.

China defiende sus sanciones como mesuradas y quirúrgicas, dirigidas sólo a aquellas compañías que efectivamente han dañado sus intereses nacionales, frente a la arbitrariedad estadounidense. Pero si Washington persevera en su hostilidad, Pekín prescindirá de las bridas. "China dispone aún de muchas herramientas que no ha usado y los que albergan motivos ulteriores deberían ser conscientes", advierte el medio.

Escrutinio sobre los drones

El Ministerio de Comercio aclaró que "no le quedaba más remedio" tras anunciar su último paquete de castigos. El más relevante es el estricto escrutinio sobre los drones, sus componentes clave y tecnologías, que necesitarán licencias individuales de exportación a Estados Unidos. China es una potencia en esa industria y la compañía DJI es el mayor fabricante el mundo. También incluyó en su lista negra a siete compañías e instituciones estadounidenses: seis de ellas, por apoyar las sanciones sobre la región de Xinjiang, cuna de la etnia musulmán uigur, y la última, por colaborar con la Comisión Federal de Comunicaciones en acciones que violan su soberanía y seguridad.

Es Xinjiang un motivo habitual de choques. Washington alude al trabajo forzoso y su ley para prevenirlo añadió recientemente una cuarentena de compañías chinas de sectores como el aluminio, cobre, algodón o farmacéutico. China desmiente esos atropellos y ve sólo la intención de empobrecer y desestabilizar una región con tensiones étnicas. A Pekín le sorprende que esa inquietud estadounidense por los derechos de los musulmanes no se corresponda con una actitud más resuelta contra los desmanes israelíes en Gaza.

China ya acusó la semana pasada a Estados Unidos de "matonismo unilateral" después de prohibir la importación de robots humanoides y cuadrúpedos extranjeros. No había citado Estados Unidos a China ni falta que hizo. Son chinos los cinco primeros fabricantes del mundo y usó la misma excusa de la seguridad nacional que en el pasado le sirvió para frenar la entrada de sus drones y coches eléctricos. Había explicado Washington que esos robots conectados a la red recogen datos que "actores malignos" pueden usar para espiar a sus ciudadanos. Pekín subrayó la paradoja de que la manida seguridad nacional siempre recae sobre sectores liderados por sus compañías e insinuó que sólo encubre el proteccionismo.

En este clima tormentoso, tan alejado de la aparente armonía alcanzada por Xi y Trump en la cumbre de Pekín, siguen los equipos diplomáticos negociando los detalles de su próximo encuentro en Washington previsto para el 24 de septiembre.

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Fuente: El Periódico

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