Llegan las vacaciones: un merecido tiempo de descanso y una gran oportunidad para fomentar otras actividades educativas. Aquellos que tienen hijos suelen tener en mente que los pequeños o pequeñas deben aprender idiomas. Además de apuntarles a extraescolares o a academias, siempre llega el momento de mandarles un tipo a un país extranjero. Y aquí surge la gran duda: ¿A qué edad es lo más recomendable?

Cada niño es un mundo, por lo que no hay una respuesta universal a esta pregunta. Por lo general, los niños de hasta 6 años aún no están preparados para ir a un campamento de verano solos. Uno puede empezar a plantearse esta opción a partir de los 7 años, siempre y cuando el menor pueda hacer cosas básicas, como dormir del tirón y ducharse, vestirse y atarse los cordones él solo, sin que haya que estar pendiente de él constantemente. Y es que enviar a un niño de esta edad a estudiar fuera de casa durante una temporada breve tiene sus ventajas. Los niños de menor edad –de unos 7 u 8 años– se adaptan mejor a estar lejos de su familia que los de 11 u 12 años que nunca han pasado tiempo fuera de casa. En cualquier caso, cada padre y madre conocen a su hijo mejor que nadie y sabrán qué es lo mejor para él.

Lo que es más que evidente es que una estancia fuera de casa, en un país que no se hable castellano, especialmente a partir de la adolescencia, les va a servir de mucho. Además de aprender otro idioma, disfrutarán de una experiencia única e irrepetible.

No es lo mismo acudir tres semanas en verano que durante todo un año, como tampoco es igual hablar inglés, francés o alemán, que ser bilingüe en dicha lengua. Saber hablar más de tu idioma materno es un plus, y sí el que aprendes es uno de los más requeridos a la hora de valorar el CV, el plus se multiplica. Sin embargo aprender un idioma extranjero cuesta mucho más trabajo, y dinero, normalmente, de lo que uno se imagina. La mejor manera es la inmersión lingüística, es decir, vivir en ese idioma en todos los ámbitos, en el académico, lenguaje formal y en el coloquial. Cuando se dominan ambos se puede considerar a la persona bilingüe.

El tiempo dedicado a estudiar en el extranjero es una inversión inteligente, ya que hoy en día se requieren habilidades en inglés en muchos, si no en la mayoría, de los campos. Además de prepararlos para su futuro, mientras estudian en el extranjero, los niños y jóvenes también se encontrarán en una variedad de situaciones de aprendizaje: desde el manejo de la vida diaria en una ciudad nueva y en un nuevo idioma hasta conocer gente de todo el mundo. Esta será una experiencia valiosísima, pues estudiar en el extranjero tiene innumerables ventajas.

Ventajas de estudiar en el extranjero

Fomenta la independencia y la capacidad de resolución de problemas. Mientras estaban bajo el ala paterna, las necesidades de los hijos, desde los alimentos hasta los uniformes limpios, fueron atendidas con mucho cariño. Durante su estancia en el extranjero probablemente afrontarán algunos desafíos, pero no hay nada que temer: son todo oportunidades para que desarrollen importantes habilidades para la vida, desde la resolución de problemas hasta el pensamiento y la acción independientes.

Clave para el éxito profesional

El inglés sigue siendo el idioma global de los negocios, y la capacidad de usarlo de manera efectiva ayudará a los niños y jóvenes a prepararse para su futura carrera, sea cual sea su especialidad. Además de los beneficios del bilingüismo –muchos de ellos, desde una mayor empatía hasta un cerebro más sano y ágil–, hablar inglés a un alto nivel abre las puertas de la carrera en todo el mundo. Estudiar en el extranjero también presentará a los jóvenes a profesionales y estudiantes con intereses similares: ¿quién sabe qué podría surgir de esos contactos en el futuro? Desde potenciales compañeros de trabajo hasta amistades de por vida, los beneficios de desarrollar una red mientras se estudia en el extranjero son infinitos.