Mujeres y niñas en la ciencia: una brecha que aún cuesta cerrar
Cada 11 de febrero, el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia recuerda que el talento no tiene género, pero las oportunidades aún no están equilibradas: los datos muestran avances en educación, mientras persisten grandes desigualdades en áreas como la ingeniería, la informática y el acceso a puestos de liderazgo

Una niña con un microscopio. | | FREEPIK
Mañana, 11 de febrero, se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, proclamado por la Organización de las Naciones Unidas en 2015 para impulsar la participación plena y equitativa de mujeres y niñas en la ciencia y la tecnología. La efeméride no es simbólica, pues nace de una realidad medible. La ciencia necesita más talento, pero la mitad de la población sigue encontrando barreras específicas para estudiar, investigar, innovar y liderar.
A escala global, la fotografía es clara: las mujeres representan aproximadamente un tercio del personal investigador. Es un dato que se repite año tras año en los registros de la UNESCO y que sirve como termómetro de un problema más profundo: la brecha no se explica por falta de capacidad, sino por cómo se distribuyen oportunidades, expectativas y apoyos a lo largo de la vida educativa y profesional.
La desigualdad aparece pronto y se amplifica con el tiempo. La Comisión Europea resume esa tendencia en sus informes: las mujeres avanzan en estudios superiores, pero siguen infrarrepresentadas en muchas ramas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) y, sobre todo, en la parte tecnológica. El caso de España ilustra bien el patrón: en 2023, las mujeres eran el 15,9% del alumnado en TIC, mientras alcanzaban el 27,1% en ingeniería y el 47,8% en ciencias naturales y matemáticas, según el Education and Training Monitor de la UE. Es decir, hay áreas donde la participación femenina se acerca a la paridad, y otras donde la brecha sigue siendo muy amplia.
Además, no se trata solo de "entrar", sino de "quedarse" y progresar. El fenómeno de la "tubería con fugas" –cuando muchas chicas se interesan por la ciencia, pero una parte se pierde por el camino– se asocia a factores acumulativos: estereotipos ("esto no es para mí"), falta de referentes visibles, orientación académica sesgada, entornos poco inclusivos, dificultades para conciliar y, en ocasiones, sesgos en la evaluación o en la promoción. Por eso, aunque el número de mujeres con formación avanzada crece, el acceso a puestos de mayor responsabilidad avanza más lentamente.
Los datos también ponen el foco en los campos que están definiendo el futuro. UNESCO señala, por ejemplo, que las mujeres son alrededor del 22% de las profesionales en inteligencia artificial y apenas el 6% de las desarrolladoras de software profesionales, cifras que ayudan a entender por qué la desigualdad en tecnología es hoy uno de los puntos críticos. Si en estas áreas no se incorporan miradas diversas, se corre el riesgo de diseñar productos, algoritmos y soluciones que no representen bien a toda la sociedad.
La buena noticia es que hay señales de avance. En la UE, los indicadores de She Figures 2024 muestran progresos en participación, aunque desiguales por disciplinas y niveles. En España, por ejemplo, la ficha país de She Figures 2024 sitúa en torno al 42% la proporción de mujeres investigadoras (dato que varía por sectores y ámbitos). Pero incluso con mejoras, la comparación por áreas revela que el reto no es solo aumentar números, sino equilibrar especialmente la ingeniería y las TIC, donde se concentra buena parte de los empleos emergentes.
Poner en valor este día más allá de los discursos significa actuar donde la evidencia apunta: orientación académica temprana sin sesgos, programas de mentoría y referentes cercanos, experiencias prácticas (clubs de ciencia, robótica, laboratorios) y entornos educativos que refuercen la confianza. También significa que universidades, centros de investigación y empresas revisen procesos de selección y promoción, y que se apoye la continuidad profesional (becas, medidas de conciliación, prevención del acoso y cultura de equipos).
El 11 de febrero, en definitiva, no es una celebración de un día, es un recordatorio anual de que la ciencia y la economía del conocimiento, no puede permitirse perder talento por motivos de género. Y de que cada niña que hoy se ve capaz de ser ingeniera, matemática o investigadora es una inversión directa en innovación, bienestar y futuro colectivo.
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