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Pasión sobre ruedas en Laviana, en la concentración de motocicletas históricas de los festejos de la Virgen del Otero: "Sin la moto me falta algo"

En la "quedada" se homenajeó al mundo del motor y, además, también se aprovechó para animar al relevo generacional de la afición por las motocicletas históricas

Laviana sobre ruedas: así fue su tradicional concentración de motos clásicas.

Lucía Hernández

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Lucía Hernández

Pola de Laviana

La plaza del Ayuntamiento de Pola de Laviana acogió, este sábado, a verdaderas reliquias del mundo del motociclismo. El motivo fue la XXI Concentración de motos clásicas, celebrada cada año. Tanto los participantes de la "kdd" ("quedada", un término muy utilizado en el mundo automovilístico), como los visitantes, pudieron contemplar vehículos de diversas marcar, como Vespas, Hondas o Sanglas, entre el olor a gasolina y el sonido de los acelerones.

Por la izquierda, Daniela Peláez, Álvaro Pais, Ainara Buelga y Sergio Pais.

Por la izquierda, Daniela Peláez, Álvaro Pais, Ainara Buelga y Sergio Pais. / L. H.

Prácticamente todos los implicados en la celebración llevan siendo moteros toda la vida. Gerardo Lafuente, presidente del Club Sanglas Asturias, uno de los promotores de esta concentración, pudo lucir su Saglas de 1978. Él, como el resto de sus compañeros, no entiende una vida sin moto: "compré la primera moto a los 18 años y tuve 24 a lo largo de todos estos años. La moto es un vicio, tanto que si paso meses sin montar en ella, siento que me falta algo".

Para Polo Alonso, también del Club Sanglas Asturias, ocurre lo mismo. "Tuve la primera moto con 14 años. Nacemos con la moto y morimos con ella". Y es que el mundo de la moto acoge y acepta a cualquier persona sea cual sea su origen. Su amigo proveniente de Zamora, Lucio del Brío, aseguraba que "la moto siempre deja muchas vivencias. Hoy es un día de convivencia, de pasarlo bien y de conocer a gente nueva".

Motos peculiares

No obstante, no solo hubo Sanglas, también había motos más especiales, que llamaban la atención de cualquier curioso. Una de ellas fue el caso de la Mini Marcelino, un modelo fabricado por Ducati durante los años 70 y que no llega a los 30 kilogramos. Su dueño era Diego Suárez, un lavianés orgulloso que contaba que "tras mucho años buscándola, encontré una y la restauré". Además, subrayó la importancia de que acudiera gente joven, pues "normalmente es gente mayor la que está más metida en esto de las motos clásicas y estaría bien que se aficionara algún neno".

Otra moto restaurada que se pudo ver fue la de Raúl Rozado, "era de mi padre y la llevo por ahí solamente de exposición porque quiero conservarla". Aunque si de motos llamativas hablamos, ese era el caso de la réplica de una Royal Enfield de los años 40 del motero Julio Ribeiro, miembro de la Asociación de Recreación Histórica "Arhem", que iba vestido de militar. Ribeiro contaba que "es la primera moto que tengo. Yo ya estaba en la asociación y me la compré sin tener el carnet, así que fue una motivación extra. Ya estoy pensando en comprar otras".

Los participantes de esta clásica concentración pudieron disfrutar de una ruta en moto, de unos 90 kilómetros en total, que comenzó a las 12.45 horas. Así, disfrutaron de un día lleno de compañerismo y de una afición sana, atravesando localidades de ambas Cuencas, poniendo un broche de oro a su encuentro.

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