La Piniella, el palacete que la familia Franco tiene en San Cucao (Llanera), no acaba de dar con un comprador pese a que lleva ya mucho tiempo a la venta y los propietarios han rebajado el precio en varias ocasiones:  salió inicialmente al mercado por cinco millones de euros, bajó luego a tres y actualmente se piden 1,9 millones. Pero, ¿por qué no se vende el inmueble? Profesionales del sector inmobiliario dan su opinión al respecto y lo tienen bastante claro. La finca tiene algunas ventajas, pero también presenta inconvenientes.

La parcela en la que se ubica la casa, un edificio de 360 metros cuadrados de planta rectangular, suma tres mil metros cuadrados. La falta de ofertas por el inmueble no tiene que ver con la amplitud de la vivienda ni del terreno que la rodea. La casa dispone de dos pisos y bajocubierta, siete habitaciones, seis baños, terraza y trastero. Según se entra al edificio por un porche que sostienen cuatro columnas, hay un vestíbulo flanqueado por dos grandes salones y una cocina de considerable tamaño. Una escalera de castaño permite acceder a la primera planta, donde se ubican los dormitorios. En uno de ellos pasaron la noche de bodas Francisco Franco y Carmen Polo tras la ceremonia nupcial que tuvo lugar el 23 de octubre de 1923 en la iglesia ovetense de San Juan el Real. Polo había disfrutado de numerosos veraneos de infancia en La Pinilla, propiedad de su familia desde hace trescientos años.

Pero con todo, "es una propiedad difícil de vender, porque al final compras el nombre, la inversión que requiere un inmueble de estas características es enorme", señala una profesional del sector inmobiliario que conoce bien la propiedad. "Nos llamó la atención cuando salió a la venta y la verdad es que lo miré con mucha atención: la carpintería, los muebles, las cortinas.... Muy lujoso, pero si sacas todo eso al final tienes una casa enorme vacía", sostiene la experta. 

A ello se suma que "es un palacete, pero sin aislamiento, dividido en dos zonas, para el servicio y los dueños, con lo que está un poco pasado de moda, y por ese precio, le faltan comodidades como una piscina o un buen garaje", expone. Con ese precio de mercado, lo habitual es "que la gente se compre una parcela enorme y se haga su propio palacete a capricho y con todas las comodidades". Y en el caso de que alguien se animara a hacerse con la propiedad, "sería más bien por darse el capricho de decir que tiene un palacete, pero en Llanera no hay ese perfil de clientes a priori". 

Y sin olvidar, añade la profesional del sector, que "es un edificio con capilla ligado a una familia, la Franco, que puede que juegue en contra de la venta, porque estamos hablando de una operación en la que también tendría mucho peso lo emocional". Así las cosas, La Piniella, por el momento sigue esperando.