Así es Villabona: un pueblo entre el ferrocarril y la minería que potencia también su esencia rural
El principal pueblo de la parroquia de Villardeveyo conserva la actividad extractiva de espato flúor y su carácter como nudo de comunicaciones

Casas en Villabona / Luján Palacios
Villabona huele a metal de ferrocarril y aún sabe a minería. La localidad cabecera de la parroquia de Villardeveyo parece colgada de la ladera, con las vías del tren como sostén mientras las hileras de casitas de desparraman con orden por la colina, hasta llegar a un valle que se alarga hacia el barrio de La Rotella, en el que los vecinos tienen como punto de encuentro el centro de salud y el centro social. A apenas seis kilómetros de Posada, la capital de Llanera, sus vecinos tuvieron que lidiar durante largos años con el sambenito de ser conocidos como el pueblo “de la cárcel”, pero finalmente el centro penitenciario lleva por enseña el nombre de la región, y Villabona se conoce por mucho más que eso.
En primer lugar, quizás para los menos avezados, se la conoce por el Palacio, que forma parte de una ruta bien señalizada por las edificaciones históricas del concejo. El edificio, del siglo XVII, es bien conocido por la celebración de eventos y banquetes. Situado en el valle, rodeado de frondosos jardines y bosques, bajando del Alto de la Miranda hacia Villabona y Serín, es uno de los monumentos mejor conservados del concejo y el más destacado de la parroquia de Villardeveyo. También se le conoce como palacio del Conde de San Antolín y Señor de Villorio, está catalogado como Bien de Interés Cultural con categoría de Momunento. Dentro del edificio, como singularidad, destaca la capilla dedicada a los Reyes Magos, trazada por Juan de Naveda y fechada en el año 1625.

El Palacio de Villabona / ZONA DE LOS JARDINES DEL PALACIO DE VILLABONA,
Es el primer hito que sale al paso del visitante, pero Villabona es mucho más, y recibe al viajero tras pasar por encima del trazado de las vías del tren a través de dos puentes por los que discurre la carretera. Su estación, de estilo inglés, permanece en estado de abandono, pero a cambio un colorido grafitti con temática ferroviaria sale al paso de quienes se dirigen a coger el tren. Una creación tan realista que casi da la sensación de estar inmerso en un andén de dibujo animado.
El desarrollo de Villabona corrió parejo al de los convoyes de trenes que circulan hacia toda Asturias, y está marcado por el comienzo de la explotación de minas de carbón en el yacimiento de Santufirme, favorecido precisamente por la presencia del ferrocarril.
No siempre fue así: hasta que se inauguró oficialmente la línea León-Gijón, Villabona era una aldea formada apenas por un puñado de caserías alrededor del palacio, propiedad de los Alonso de Villabona, que fueron quienes vendieron los para construir la estación. De forma paralela se puso en marcha el ramal Villabona-San Juan de Nieva, por el que se sacaba el carbón de las explotaciones de Santufirme y Ferroñes.
Recuerdo del esplendor minero y ferroviario, aún permanecen en uso las viviendas que las sucesivas compañías ferroviarias construyeron para sus empleados en el entorno de la estación. Este conjunto de edificaciones ha sido catalogado por la Fundación de los Ferrocarriles Españoles como un «barrio ferroviario puro”, según se recoge en la obra «Principado de Asturias: Estación de Villabona de Asturias, Concejo de Llanera (Asturias)». Entre ellas destaca el edificio conocido como Las Casonas, construido por la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España.
También existe en Villabona el barrio conocido como Cases de la Mina, en la salida hacia Serín, que junto con el Pozo San Ismael y su castillete atestiguan un pasado extractivo en el que el mineral de fluorita sigue teniendo un peso importante, con planes para localizar recursos mineros adicionales en las concesiones de la empresa Minersa en la localidad.

Invernaderos en la localidad de Villabona / L. P.
La actividad data de la década de los 40 del pasado siglo, y ante el creciente interés por los recursos minerales, podría ser un soplo de futuro para un pueblo en el que la agricultura y la ganadería también son santo y seña. A apenas un par de kilómetros de Villabona los responsables de Ecolab Rural desarrollan un proyecto de agricultura ecológica en 36 invernaderos en los que se cultivan sabrosas variedades de hortalizas y verduras, dejando claro que se trata de tierra de mestizajes, de paso y llegada y de impulso a las ideas que vayan surgiendo.
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