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La Llanera más desconocida sale al paso en la Ruta de la Cerámica: tejeras, hórreos y campos de maíz en la zona de Santa Cruz y Villayo

El trayecto, circular, es de casi 4,5 kilómetros y arranca desde la iglesia de la parroquia, donde un panel ofrece las indicaciones necesarias para el camino

Paula Tamargo

Paula Tamargo

Santa Cruz (Llanera)

La Ruta de la Cerámica es uno de los últimos intinerarios que el Ayuntamiento de Llanera ha puesto en servicio, señalizando el trayecto para que el visitante pueda realizarla y disfrutarla cómodamente. Se trata de un recorrido circular, en el que se descubre una parte del territorio que antaño tuvo alfarería y hoy es tierra de explotación agroganadera, zona rural residencial que cuenta innumerables hórreos y paneras que salen al paso. La edición digital de LA NUEVA ESPAÑA de Llanera hizo el trayecto, que sorprende por el paisaje, los campos de maíz, el patrimonio etnográfico y algunas otras curiosidades que invitan a indagar para conocer más de la parroquia de Santa Cruz.

La ruta es de casi cuatro kilómetros y medio, aunque algunos tramos prolongados de subidas hacen tener la impresión de que se trata de más longitud. No obstante, es un camino con escasas dificultades. La duración, sin pararse, se estima en una hora y media. Pero a poco que uno se detenga a contemplar el paisaje, descansar en los altos o sentarse ante la fuente Casares, el tiempo puede ser el doble. Se inicia en el entorno de la iglesia de Santa Cruz de Llanera. Se puede tratar de buscar acomodo en la zona del templo para el coche siempre respetando los accesos a las viviendas o bien dejarlo un poco antes, aparcando delante del centro social que hay junto a la carretera.

Una vez en el núcleo que conforman las viviendas y el templo, se da con un panel informativo sobre la ruta. Hay que leerlo con detenimiento y sobre todo fijarse en la parte central derecha, donde explica el sistema de marcas de pintura que nos guiará en varias partes del camino y en algunos cruces. "Dirección correcta", "Cambio de dirección" o "Dirección equivocada" son las tres señales que veremos a lo largo del trayecto. Es importante este aspecto del panel antes de iniciar la marcha, pues nada más arrancar el paseo nos asaltará la duda de qué desvío tomar y será una de estas marcas las que nos ayude a ir por la senda que corresponde. A lo largo del camino hay también postes de madera con cartelería para indicar la senda.

El trayecto es un "homenaje a la cerámica negra de Villayo y el caminante irá descubriendo la historia que relaciona a la zona con la cerámica, a la vez que disfruta de la belleza de las praderías, arboledas y el patrimonio etnográfico del entorno”, dice la información promocional de la senda. A lo largo del camino, en efecto, sale al paso la chimenea de la Tejera de La Sierra. La vista es mejor desde la zona de la carretera en la que la vamos dejando a la espalda, pero antes de alcanzar este punto, a la izquierda de la vía, un pequeño camino de tierra nos invita a acercarnos a un panel explicativo con varias imágenes de piezas de la popular cerámica.

En el triángulo territorial formado por las localidades de Villayo, Fanes y Santa Cruz, bien comunicado con Avilés y Oviedo, se desarrolló "una industria tanto cerámica (pucheros) como tejera". "El Castastro del Marqués de la Ensenada constata la industria de la teja en la zona desde el siglo XVIII. Por otra parte, existen datos de un gremio del ramo en Villayo a fines del siglo XIX. Allí funcionaba desde esa época La Sierruca, una instalación sencilla donde se fabricaban a mano y se cocían en horno de carbón, que estuvo en funcionamiento hasta 1940", puede leerse en el panel. Este añade que la siguiente tejera en construirse fue la de La Sierra o de Santa Cruz, que funcionó hasta 1956.

Visto y leído, hay que volver sobre nuestros pasos para incoporarnos a la carretera. Pasada la chimenea de LaTejera, el camino discurre por la vía, con apenas tráfico. El monte Gorfolí se nos ofrecerá a la vista desde distintas perspectivas a lo largo del trayecto, que atraviesa una zona de bosque que obliga a saltar un riachuelo mínimo, que se cruza prácticamente con una zancada grande o a través de unas piedras dispuestas a modo de escalones.

Por el camino se da con la Fuente Casares, con agua sin garantía sanitaria pero con un banco bajo un árbol a su lado para descansar escuchando el chorro caer desde el caño. Desde allí se prosigue hasta Villayo, con un notable conjunto de viviendas y hórreos donde un precioso panel señaliza casas y graneros con los nombres de sus propietarios. Este panel es muy llamativo en su diseño y no deja indiferente, despertando la curiosidad de tratar de identificar las viviendas que se indican levantando la vista y buscándolas alrededor.

Desde este lugar ya queda poco para culminar la ruta, que afronta el sendero que devuelve al caminante a la zona de la iglesia de Santa Cruz. Llegados al templo se puede aprovechar la ocasión para bajar hasta el cementerio local, con algunas curiosidades para indagar, cómo por ejemplo quienes fueron la figuras de sacerdotes y benefactores locales enterrados en el camposanto o que cuentan en él con placas a su memoria. Hay también cerca de la iglesia una impresionante casona señorial con imponentes palmeras y muros altos, aunque es posible apreciarla desde el exterior parcialmente.

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