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Cocina de siempre y con apego a la tierra de tres generaciones de la familia Rodríguez Díaz de Ferroñes

Casa Luis dinamiza la parroquia, de 170 vecinos y a la que llegan para comer unas trescientas personas de toda Asturias cada fin de semana

Noelia Elorrieta Rodríguez, en la zona del comedor  con fotos familiares.

Noelia Elorrieta Rodríguez, en la zona del comedor con fotos familiares. / P. T.

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Paula Tamargo

Paula Tamargo

Ferroñes (Llanera)

La parroquia de Ferroñes tiene una población de cerca de 170 vecinos. Cada fin de semana, en Casa Luis, se atiende a unas trescientas personas que vienen desde distintos puntos de Asturias con la finalidad de comer en este afamado local que atesora tradición gastronómica y es ejemplo como pocos de iniciativa de apego a la tierra que dinamiza una localidad. La atracción está justificada, pues es una de las referencias indispensables en la elaboración de callos, con una reputación labrada con buen hacer durante muchos años. Tantos que son varias las generaciones de una misma familia las que han pasado por sus fogones. Actualmente es la tercera la que está al frente, con Noelia Elorrieta Rodríguez.

"¿Cómo vais a dejar esto, con lo bien que va?", recuerda Elorrieta que decían los clientes cuando llegó la hora de pensar en la jubilación de su madre, Eutimia Rodríguez Díaz, que a su vez había tomado en su día el testigo de la abuela, María Luisa Díaz Díaz.

La joven, que había estudiado Empresariales y trabajado en otro negocio de la familia en Posada (un taller de coches), lo valoró y acabó por decidirse por la que fue "una de las mejores decisiones" que pudo haber tomado.

La historia de Casa Luis tiene mucho que contar y es fundamental en la vida de Ferroñes, que se llena de bullicio cada fin de semana. La temporada es de octubre a abril (cierra el resto del año), y se abre viernes, sábado y domingo.

A cocinar los callos, el plato que les ha dado tanta fama, se comenzaría allá por 1965. Empezó a hacerlos la abuela y después su madre a partir de los años noventa. Hasta 2017, cuando la más joven de la saga hasta el momento se puso al frente de Casa Luis, que conserva la receta original de María Luisa Díaz. Hoy se trabaja cada semana con entre 120 y 140 kilos de callos y un producto final, es decir, el plato ya elaborado con el resto de ingredientes, que suma 250 litros una vez guisado y listo para la mesa.

En una de las zonas del comedor principal las paredes son un homenaje a la familia fundadora de este emblemático local. Hay fotos de los primeros años de María Luisa Díaz en Ferroñes, lugar al que llegó con su marido, Luis Rodríguez Sánchez, para abrir Casa Luis. El espacio empezó siendo un bar tienda de los que abundaban en aquella época en los pueblos y en los que se comercializaba un poco de todo, desde productos de alimentación hasta ropa.

Cocina de siempre y con apego a la tierra de tres generaciones de la familia Rodríguez Díaz de Ferroñes

Cocina de siempre y con apego a la tierra de tres generaciones de la familia Rodríguez Díaz de Ferroñes

Ese inicio se sitúa allá por el año 1961, cuando "ya se daba alguna comida a gente que andaba por aquí a la madera, pero no de callos". Eso vino después y también la especialización en las comidas cuando la apertura de grandes establecimientos de alimentación y otros fue haciendo que las pequeñas tiendas de ultramarinos echaran el cierre.

Pero Casa Luis siguió y sigue en Ferroñes, con una clientela tan fiel que la tradición de acudir al local pasa también de generación en generación, de padres a hijos. Noelia Elorrieta tiene hoy a comer a hijos de los que ya fueron clientes de su madre.

Cocina de siempre y con apego a la tierra de tres generaciones de la familia Rodríguez Díaz de Ferroñes

Cocina de siempre y con apego a la tierra de tres generaciones de la familia Rodríguez Díaz de Ferroñes

Eso sí, también llegan nuevos de año en año, en el hueco que de vez en cuando queda para hacer reservas, que se apuntan con meses de antelación y se llenan en pocos días para toda la temporada. Casa Luis cuenta con redes sociales, pero hay poco tiempo para gestionarlas y la mejor publicidad es el "boca a boca" de la clientela, que lleva el nombre de Ferroñes por toda la región y ha dado a conocer la localidad también fuera de nuestras fronteras.

Además de otros platos tradicionales y "de casa" en la carta (como adobo o picadillo), lo dulce tiene hueco –y mucho– en el establecimiento. Arroz con leche, requesón con nueces y miel, tarta de queso semifría, tarta de turrón, torrijas de brioche con helado, tarta de queso de afuega l’ pitu (al horno) o tarta de almendra y pera son algunas de las especialidades. A ellas se añaden postres de temporada como el flan de calabaza, el de nuez, la tarta de queso y calabaza o la crema de limón. Además, este año hay un recién llegado: la tarta NY (New York), de queso, manzana y crumble, una elaboración que nació inspirada en un viaje al estado norteamericano.

Cocina de siempre y con apego a la tierra de tres generaciones de la familia Rodríguez Díaz de Ferroñes

Cocina de siempre y con apego a la tierra de tres generaciones de la familia Rodríguez Díaz de Ferroñes

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