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Pasos solidarios en Llanera con la marcha en favor de Cáritas: "Hay que concienciar en la necesidad de atender a los que sufren"

Más de 120 personas, de todas las edades, participaron en la caminata de ida y vuelta a San Cucao

Lucía Rodríguez

Posada de Llanera

Aún faltaban más de 15 minutos para las diez de esta mañana cuando los primeros participantes de la V Marcha Solidaria en favor de Cáritas Posada comenzaban a llegar al entorno de la iglesia parroquial de San Salvador. El evento, organizado por la Unidad Pastoral de Llanera, consiguió reunir a más de 120 personas, desde mayores a niños. La caminata, como es tradición cada año desde hace ya cinco, parte del templo y discurre por la senda de San Cucao, en un trayecto de algo más de 1,5 kilómetros, llano y llevadero.

El sacerdote José Julio Velasco, vicario episcopal de Oviedo-Centro-Las Cuencas y cura de numerosas parroquias llanerenses, esperaba a los participantes para darles un caluroso recibimiento y recordó que "la misión para la que estamos llamados, y dejamos patente hoy aquí, es "acoger, acompañar, ayudar e integrar a toda aquella gente que lo está pasando mal". El objetivo de la marcha, añadió, "no es simplemente recaudar, sino también sensibilizar a la población en general, sobre los problemas sociales que existen y la necesidad de atender a los que sufren". Velasco no quiso terminar sus palabras a los asistentes sin desear "al Santo Padre, que está 'malín', una pronta recuperación y asegurándole nuestra oración", en referencia al estado de salud del Papa Francisco.

Bastante puntuales, con solo unos minutos sobre las diez de la mañana, tras recoger los dorsales y depositar sus donaciones en la urna (de carácter totalmente voluntario), los participantes emprendieron el camino. Uno de los grupos fue el formado por Luis Miguel Díaz e Irene González, con sus hijos Mateo y Mario, con Raquel Fernández y su pequeña Nerea González. Para Fernández era la primera vez y aseguró que "es una buena manera de colaborar e inculcar a los más pequeños que hay que ayudar a aquellos que no tienen la suerte de tener lo que nosotros tenemos".

De la misma opinión fue el matrimonio formado por Cristina Rodríguez y Rubén García, que acudieron a la marcha con su hija Valeria. Añadieron también que "es una forma agradable de pasar el día haciendo una actividad en familia y establecer convivencia con otras personas".

El paseo transcurrió tranquilo, al amparo de un día en el que el tiempo acompañaba. A través de agradables conversaciones, la marcha se hizo, además, más corta y llevadera. Los más mayores hablaban entre ellos sobre sus pequeños achaques y recordaban a aquellos amigos, vecinos o familiares que, por cuestiones de salud, este año no habían podido ser partícipes de la marcha. Los más jóvenes y las familias comentaban su día a día, mientras que los niños, fundamentalmente aquellos que, además, asisten a la catequesis en la iglesia de Posada, se tomaron el camino como un juego en el que corrían, cantaban, jugaban e, incluso en ocasiones, se distraían y perdían el ritmo.

Alrededor de unos 45 minutos tardó el grupo en llegar al final de recorrido para dar la vuelta hacia San Salvador de Rondiella con las mismas ganas e ilusión que cuando emprendieron el camino. Una vez allí, en el salón parroquial, un grupo de voluntarios del total de 20 que actualmente forman el equipo de Cáritas Posada, les esperaban con un caldo de pita para reponer fuerzas.

Charo González fue la encargada este año de elaborar la receta, ya que su madre, Maruja García, cocinera habitual, estaba convaleciente de una pierna. Eso sí, "bajo sus directrices", bromeó González. Pollo, hueso, verduras, carne o huevo cocido eran los ingredientes de los 18 litros de caldo que pudieron degustar los asistentes y que "resucita a un muerto", comentaban. Al menos, les supo a gloria y más de uno repitió ración.

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