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Carta abierta del concejal de Festejos de Llanera: las asociaciones, guardianas de lo nuestro

Detrás de cada nota de la orquesta hay un grupo de personas con nombres y apellidos, que han sacrificado sus tardes, sus fines de semana, para que el resto podamos disfrutar

Guardianas de lo nuestro

Guardianas de lo nuestro

José Antonio González Sánchez

A veces, desde la comodidad de quien solo observa o la frialdad de quien fiscaliza para sacar rédito, damos por hecho que las cosas simplemente "pasan". Creemos que, al llegar el día de la fiesta, las carpas brotan del suelo por generación espontánea, y la alegría estalla porque así está escrito en algún calendario. Hay incluso quien pretende reducir el esfuerzo titánico de todo un año a la venta de lotería de Navidad. Pero nuestra realidad es otra muy distinta, mucho más sufrida y, desde luego, mucho más digna: detrás de cada nota de la orquesta hay un grupo de personas con nombres y apellidos, que han sacrificado sus tardes, sus fines de semana y, en más de una ocasión, hasta su paciencia, para que el resto podamos disfrutar.

Hablo de las asociaciones que organizan nuestras fiestas, las auténticas guardianas de lo nuestro. Ser parte de las fiestas de nuestros pueblos es mucho más que lucir la mejor sonrisa el día del pregón, buscar el brillo efímero de una foto el día grande, buscándolo con ansiedad mediática, incluso con empujones, para ser el primero en la procesión. La verdadera labor ocurre lejos de los focos, peleando con los presupuestos para que cuadren, lidiando con la lluvia cuando hay que colocar vallas o carpas, y siempre gestionando los nervios constantes para que todo roce la perfección. Es un trabajo que no se paga con dinero. Curiosamente, mientras algunos nos dedicamos a construir y a mantener ese hilo que nos une con lo que fuimos, otros parecen más cómodos instalados en la crítica: siempre tienen un problema para una solución. Esos que lanzan ataques oportunistas sobre la gestión de festejos suelen ser los mismos buscando solo el titular fácil en el periódico. Son los mismos y las mismas a quienes la añoranza del pasado confunde y distorsiona sus recuerdos.

Pero no nos engañemos: las fuerzas flaquean y el paso de los años es implacable. Nuestras "guardianas" necesitan apoyo, y lo necesitan ya. Me dirijo especialmente a la juventud de Llanera. Vivimos en un concejo que es referente en ganadería, industria y tecnología, y eso nos hace punteros. Sin embargo, de nada sirve el progreso tecnológico si dejamos que se enfríe lo que nos hace sentirnos parte de algo más grande. Arrimar el hombro en la asociación de tu pueblo no es una carga administrativa ni un trámite farragoso; es, sencillamente, una escuela de vida. Es el lugar donde uno aprende que las cosas que realmente importan se levantan en equipo, con las propias manos, y que nada sabe mejor que una fiesta que tú has ayudado a levantar.

Como concejal de Festejos, mi labor no es solo agradecer a quienes mantienen el fuego encendido. Mi deber es pediros que no las dejéis solas, que no permitáis que la desidia o el ruido de quienes solo saben criticar ganen la partida. Colaborad, asociaos, aportad vuestra energía y vuestro tiempo. Porque si Llanera renuncia a sus tradiciones, estará renunciando a su propia historia, y el silencio acabará por apagar la alegría que tanto nos ha costado recuperar. Hagamos que el trabajo de quienes nos trajeron hasta aquí siga valiendo la pena. Por las fiestas que nos hicieron quienes somos y, sobre todo, por las muchísimas que están por venir.

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