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Vicente Vázquez y Alicia Álvarez, 94 años llenos de vida que se reconoce en Llanera: "No esperábamos el homenaje y nos hace ilusión"

El municipio celebró la gran fiesta de los mayores, la comida de hermandad por San Isidro, una cita multitudinaria, con más de 800 asistentes

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Pablo Antuña

Pablo Antuña

Pruvia (Llanera)

En una jornada de alegría, y en la que se transmitió “el sentimiento más profundo”, como resaltó la alcaldesa de Llanera, Eva María Pérez, los vecinos de más edad del concejo se reunieron como marca la tradición, para celebrar San Isidro. Una comida especial, en el Restaurante La Campana de Pruvia, a la que asistieron 870 personas. Es un encuentro de jubilados y pensionistas entrañable, una gran fiesta, que este año sirvió para distinguir a dos vecinos de 94 años, Vicente Vázquez Ablanedo, natural de Caraviés y residente en la actualidad en La Bérvola, y a Alicia Álvarez Amores, de Santolaya, en la parroquia de Pruvia. “No esperábamos el homenaje y nos hace ilusión”, coincidieron en señalar los galardonados.

La tradicional comida de hermandad de Llanera tuvo como preámbulo una misa a las 12.30 horas, en la iglesia de Posada, cantada por la Coral Polifónica de Llanera. Y como colofón la buena mesa, con un menú en el que pudieron degustar un aperitivo de bienvenida, sopa de marisco, lenguado relleno, caldereta de cordero y tarta de milhojas con helado.

“Quiero agradecer veros por Llanera en la vida social, sois muy importantes”, enfatizó la alcaldesa a los jubilados y pensionistas durante su saludo antes de iniciarse la comida. “Hoy toca disfrutar, ¡que viva San Isidro!”, exclamó, antes de que dos gaiteros arrancasen a tocar los acordes del himno de Asturias.

"Tengo miedo de que me vaya a emocionar"

El momento emotivo fue con la entrega de las distinciones a los premiados de esta ocasión. Un bastón, un reloj y un ramo de flores recibieron Vicente Vázquez y Alicia Álvarez. La concejala de Servicios Sociales, Montse Alonso, fue la encargada de glosar la biografía de ambos, marcada por el trabajo, esfuerzo, sacrificio y dedicación familiar.

“Tengo miedo de que me vaya a emocionar”, confesó Vicente Vázquez Ablanedo, unos minutos antes de salir a recoger su galardón. A sus 94 años transmite entusiasmo y energía. La misma que le hizo ganarse la vida primero como agricultor, después poder estar tres años en Minas de Villabona para librarse del servicio militar, y después trabajar de soldador en Lugones en la Fábrica de Metales durante 33 años. Hasta que en 1988 se prejubiló y desde entonces ha aprovechado su vida con otras aficiones. “Tuve huerta, pero la dejé hace un par de años. Y hasta hace dos aún iba de caza. El fin de semana pasado también me dieron otro homenaje durante la Feria de San Isidro los compañeros del grupo”, comentó.

Vázquez, que tuvo otros tres hermanos, lleva casado con Violeta Fernández desde hace 68 años. Con ella ha compartido “alegrías y esfuerzos”,  y tuvieron tres hijos, Vicente, Verena y Ramón. Además disfruta a día de hoy de cinco nietos, que son su pasión, junto a pasear, leer LA NUEVA ESPAÑA cada día a primera hora de la mañana, que es cuando le llega a su casa. Y seguir un poco también la actualidad de su Sporting. “Recuerdo cuando iba a El Molinón, las mojaduras que me pillaba. Me gustaba mucho Tamayo, y tengo grabado un gran marcaje que le hizo en su día a Gento”, indica, antes de señalar que ahora tiene menos pasión por el fútbol. “Es todo una mafia, se perdió la esencia”, cuenta con una sonrisa.

Un paseo y café por Lugones, leer LA NUEVA ESPAÑA y la siesta

Alicia Álvarez Amores, también de 94 años, lleva toda su vida en Santaloya, en Casa Antón, en la parroquia de Pruvia. Su secreto para llevar una vida lo marcan dos rituales. Ir a Lugones cada mañana a tomar el café y pasear, antes de regresar a su casa. “Y que llegue el panadero para leer LA NUEVA ESPAÑA”, comenta, para remarcar su gran debilidad: “La siesta después de comer no puede faltar”.

Criada en una familia en la que eran seis hermanos (y ella lá única mujer), al ser la última le tocó el trabajo del campo junto a sus padres. “Estuve siempre detrás de les vaques y segando con la guadaña. Trabajando un huevu siempre, tuve una vida de mucho sacrificio”, rememoró. Se casó entonces con José Manuel García -ya fallecido-, con el que tuvo una hija, Isabel García. Y después fue centrando sus ojos en las otras generaciones, primero con sus nietos Jonathan y Adrián, y ahora con los bisnietos Diego y Alba, esta última que tiene ya cuatro años. “Ya me da mil vueltas, sabe mucho más que yo”, comenta con una sonrisa.

Hasta los 85 años incluso aún conducía y casi hasta esa época deleitaba en las comidas familiares a todos con su plato estrella: la fabada. También tuvo mucho mano para la costura. Y ahora, aunque hace un año, tuvo que estar ingresada en el hospital tres meses, sigue dejando perlas cada vez que habla. “Y eso que oigo mal”, bromea, antes de zanjar: “Nunca me enfadé con nadie, y el que tenga algún problema conmigo, pues allá él. Tuve mucho más carácter del que tengo”.

"Trabajo constante, humildad y ayuda", pilares de la generación

El concejal de Deportes, Festejos y Medio Ambiente de Llanera, José Ángel González, comentó durante su intervención que San Isidro representa “tres pilares que son la base de vuestra generación”, y enumeró “el trabajo constante, la humildad y la ayuda”.

También subrayó que los más veteranos “sois la memoria viva de Llanera”. Y les aportó mérito a la situación del concejal: “Si hoy disfrutamos de un municipio próspero es porque vosotros sembrasteis cuando el terreno era difícil. Como bien sabía San Isidro, nada crece sin esfuerzo, sin paciencia y sin cuidar la tierra”.

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