Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

El larguísimo historial clínico de Sonia Chacón, que sufre cefaleas intensas, vértigos, hormigueos, debilidad muscular, síncopes...: "Pierdo mi cuerpo poco a poco"

La llanerense, de 50 años, trabajó durante 15 años como instructora de gimnasio hasta que una resonancia cervical reveló por casualidad una malformación de Chiari: “Llegué a dar clase sentada en el suelo porque ya no podía más”

“Por fuera parezco una persona normal, pero nadie ve lo que hay dentro”, asegura la mujer

Sonia Chacón, en Luego de Llanera

Sonia Chacón, en Luego de Llanera / Miki López / LNE

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Adrián Doncel

“Veía cómo perdía mi cuerpo poco a poco”. Sonia Chacón resume así un proceso que comenzó con síntomas difusos y que, con el paso de los años, ha terminado por condicionar por completo su vida. A sus 50 años, la llanerense convive con un largo historial de problemas de salud que han ido encadenándose hasta desembocar en el diagnóstico de una malformación de Chiari. Hasta entonces, su vida había estado ligada al deporte como instructora de gimnasio. Hoy, asegura, el día a día está marcado por el dolor, la incertidumbre y la sensación de que su cuerpo “ya no responde como antes”.

Una vida activa que empezó a cambiar sin explicación

“Siempre fui muy deportista y me cuidaba”, recuerda Sonia Chacón, que durante 15 años trabajó como instructora de fitness impartiendo clases de zumba, pilates, tonificación o ciclo indoor. Pero con el tiempo comenzaron a aparecer síntomas que no encajaban con esa vida activa. Empezó con migrañas muy intensas, diagnosticadas como tensionales, y con insomnio crónico desde 2018. “Vas tirando, lo vas normalizando”, explica. “No piensas que pueda ser algo más”.

El inicio del deterioro: Cuando el dolor dejó de ser puntual

El punto de inflexión llegó en 2023, cuando comenzaron desajustes hormonales severos y un dolor intenso en la zona lumbar y el coxis. A partir de ahí, el proceso médico se aceleró. Fue diagnosticada de endometriosis avanzada, lo que derivó en una histerectomía en la que le extirparon el útero, las trompas y los ovarios. “Pensé que después de la operación todo iría a mejor, pero no fue así”, lamenta.

Un proceso médico sin respuestas claras

Tras la intervención, los síntomas no remitieron. Al contrario, comenzaron nuevas complicaciones: infecciones recurrentes, dolor pélvico, ansiedad y episodios de depresión. A partir de ese momento inició un recorrido por distintas especialidades: rehabilitación, traumatología, neurología y neurocirugía. Una resonancia lumbar mostró un deterioro importante de la columna vertebral, con artrosis avanzada para su edad, hernias y nervios pinzados.

“Me infiltraban corticoides casi todos los meses”, recuerda. “Pero yo notaba que cada vez iba a peor”. Ese proceso la obligó a abandonar progresivamente su trabajo como instructora de fitness.

Foto a Sonia Chacón, con la enfermedad de Chiari, para la sección de enfermedades raras. En Lugo de Llanera

Sonia Chacón, en Luego de Llanera / Miki López / LNE

El punto crítico: pérdida de fuerza y sospecha de enfermedad neurológica

En 2025 llegó el momento más complicado. Sonia comenzó a sufrir dolor cervical, cefaleas intensas y pérdida de fuerza en el brazo derecho, hasta el punto de no poder realizar tareas cotidianas. “Hubo días en los que no podía ni lavarme los dientes o peinarme”, explica.

El deterioro fue tan rápido que llegó a pensar en enfermedades neurodegenerativas. “Pensé que podía ser ELA o esclerosis múltiple, porque el cambio era muy brusco”, asegura. En ese periodo llegó a reducir su actividad laboral al mínimo. “Llegué a dar clase sentada en el suelo porque ya no podía más”, recuerda.

El hallazgo inesperado: la malformación de Chiari

Una nueva resonancia cervical cambió el rumbo del diagnóstico. Además de una hernia en la vértebra C4-C5 y una radiculopatía crónica, los médicos detectaron una malformación de Chiari.

Se trata de una alteración estructural en la que una parte del cerebelo desciende hacia el canal espinal, lo que puede comprimir el sistema nervioso central y provocar síntomas como dolor de cabeza, mareos, debilidad muscular o problemas de equilibrio. “Yo no había oído hablar en mi vida de esto”, admite Sonia. “Fue algo completamente inesperado”.

El hallazgo fue accidental, en una prueba realizada por otros síntomas, y derivó en su posterior valoración por neurocirugía.

Vivir con dolor constante y una enfermedad invisible

Actualmente, Sonia convive con síntomas como dolores de cabeza, vértigos, hormigueos en las manos, debilidad muscular y episodios de síncope, además de una fatiga constante. “Hay días en los que puedo hacer vida relativamente normal y otros en los que no puedo hacer nada”, explica.

Más allá del diagnóstico, asegura que lo más difícil es la incertidumbre y la incomprensión externa. “Por fuera parezco una persona normal, pero nadie ve lo que hay dentro”, lamenta.

Un futuro marcado por la incertidumbre

Sonia se encuentra pendiente de nuevas pruebas y de la valoración de medicina interna para seguir definiendo su tratamiento. Mientras tanto, su vida continúa condicionada por el dolor y la falta de certezas.

“Sé que hay muchas enfermedades raras que necesitan investigación”, reflexiona. “Pero no te das cuenta de lo que significa hasta que te toca a ti”.

LA NUEVA ESPAÑA da voz a los asturianos que padecen enfermedades raras. Las personas interesadas en dar a conocer su caso pueden comunicarlo a través del email: lanuevasalud@lne.es

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents