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Los antiguos moradores medievales de Lucus Asturum tendrán nombre: un estudio con radiocarbono e isótopos desvelará quiénes eran y cómo vivían en Llanera

El equipo arqueológico de Esperanza Martín ha desenterrado una decena de tumbas en un estado "excepcional" de conservación, con el hallazgo de monedas, botones o clavos de ataúd que pueden revelar mucho de la historia local

Una vista aérea de la excavación de este año. Esperanza Martín aparece en la esquina superior izquierda

Una vista aérea de la excavación de este año. Esperanza Martín aparece en la esquina superior izquierda

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Luján Palacios

Luján Palacios

Villabona (Llanera)

Lucus Asturum es más que un lugar de piedras y estructuras. Es un pozo sin fondo de conocimiento de la historia de la humanidad que ha dejado su huella en Llanera, y dentro de unos meses empezará a contar además la historia de las personas que lo habitaron. La séptima campaña arqueológica en el yacimiento de Lugo de Llanera, a punto de terminar ya con las últimas labores de laboratorio, ha vuelto a poner el foco sobre la necrópolis medieval y, esta vez, con una colección de restos humanos que promete proporcionar una información excepcional sobre la población que ocupó el enclave siglos después de su etapa romana. «Para el estudio de las colecciones humanas es muy interesante», resume Esperanza Martín, arqueóloga responsable de las excavaciones, "muy contenta" con los resultados de los trabajos de este verano.

No en vano han sido muy prolíficos y han permitido recuperar alrededor de una decena de individuos en enterramientos individuales, a los que se suman varias decenas de restos localizados en el osario. La campaña ha vuelto a confirmar, además, una circunstancia que ha llamado especialmente la atención del equipo: la presencia de numerosos individuos infantiles enterrados en la propia necrópolis y con sepulturas individualizadas.

Esperanza Martín, con uno de los cráneos en un estado de conservación "excepcional"

Esperanza Martín, con uno de los cráneos en un estado de conservación "excepcional" / Luján Palacios

No es un detalle menor. En este tipo de contextos, explica Martín, los niños fallecidos en edades muy tempranas, especialmente durante el periodo perinatal y hasta aproximadamente los tres años, suelen aparecer en otros espacios o integrados en osarios. En Lucus Asturum, sin embargo, algunos de ellos cuentan con pequeñas tumbas propias, perfectamente delimitadas. «Estas tumbas tan pequeñas nos dan bastante información», señala la arqueóloga. Y con ello se abren preguntas: por qué determinados niños recibieron un tratamiento funerario diferenciado. La respuesta todavía está por llegar y como indica Martín podría tener que ver con las características de la comunidad, con las circunstancias de la muerte o incluso con la consideración social de algunos de esos individuos, a la espera de los análisis correspondientes.

Cronología

Para responder a todos los interrogantes el equipo cuenta este año con financiación del Principado de Asturias para realizar dataciones por radiocarbono de los restos, una herramienta que permitirá precisar la cronología de algunos de los enterramientos. Y el proyecto aspira además a incorporar una nueva vía de análisis: los estudios isotópicos.

El equipo ha establecido contacto con varios grupos de investigación para analizar los isótopos presentes en los restos recuperados. Este tipo de estudios puede aportar información sobre la procedencia geográfica de los individuos, sus movimientos y determinados aspectos de su alimentación y modo de vida, permitiendo saber si las personas enterradas en Lucus Asturum procedían de su entorno inmediato o si algunas llegaron desde otras regiones.

«Puedes tener muchísimos datos», explica Martín. Y en un enclave como Lucus Asturum, donde la arqueología ha documentado una larga ocupación y una posición vinculada a las principales rutas de comunicación de la Asturias romana, esa información puede resultar especialmente reveladora.

Una de las monedas de los enterramientos

Una de las monedas de los enterramientos / Luján Palacios

La campaña está proporcionando también una colección de restos en "un estado de conservación extraordinario", destaca la responsable. El equipo está extremando las precauciones para garantizar que los materiales puedan ser estudiados posteriormente por los antropólogos sin perder información. Algunos de los restos serán incluso envasados y conservados de manera específica para evitar su deterioro antes de su análisis.

Pero la séptima campaña no está hablando únicamente a través de los huesos. Las tumbas están aportando también pequeños objetos que ayudan a reconstruir las prácticas funerarias. Entre los materiales recuperados aparecen numerosas monedas, clavos de ataúd y elementos de indumentaria como diminutos botones. Algunas de las monedas presentan problemas de conservación derivados de los cloruros, por lo que tendrán que ser estabilizadas antes de su traslado o depósito en el museo.

Enterrados con monedas

Uno de los aspectos que más ha sorprendido al equipo es precisamente la aparición de monedas asociadas a los enterramientos infantiles. Martín explica que se han documentado casos en los que los niños parecen haber sido enterrados con monedas en las manos, un detalle que abre otra ventana a las creencias y costumbres de la comunidad que utilizó la necrópolis. Entre las monedas recuperadas figura además una pieza de 1810, que ayuda a establecer el cierre cronológico de una de las zonas superiores de la excavación. El conjunto incluye también material romano, aunque en muchos casos aparece reutilizado en contextos posteriores.

Y es precisamente ahí donde Lucus Asturum vuelve a mostrar una de sus grandes virtudes arqueológicas: la posibilidad de leer distintas etapas históricas superpuestas en un mismo espacio. Durante la campaña, el equipo ha localizado nuevas tumbas en el entorno de la torre. Se han documentado cinco y se han excavado tres de ellas, algunas conservadas prácticamente completas. Una de las sepulturas utilizaba piezas de ladrillo romano para conformar el enterramiento, mientras que en otra se emplearon materiales procedentes de antiguas construcciones termales.

El hallazgo adquiere todavía mayor interés porque las tumbas medievales están ocultando, literalmente, una realidad mucho más antigua. Bajo ellas han aparecido estructuras romanas correspondientes a una vivienda. El equipo ha podido comprobar que los muros continúan por debajo de la zona funeraria, confirmando que la necrópolis se asentó sobre construcciones pertenecientes a la ocupación romana.

Relato continuo

«En realidad es una excavación preciosísima, porque se ven dos mil años de ocupación, todos seguidos, y los estás viendo de un vistazo. Las oportunidades de este yacimiento son únicas», resume Martín. La ciudad romana, las estructuras posteriores y la necrópolis medieval forman en Llanera un único relato arqueológico, en el que cada estrato obliga a retroceder o avanzar en el tiempo.

La documentación histórica y arqueológica ya había establecido una presencia romana en el entorno desde la primera mitad del siglo I después de Cristo, con una ocupación que se prolongó durante siglos y que después dejó paso a otras fases de utilización del espacio. Las investigaciones de los últimos años han permitido documentar tanto instalaciones termales como una vivienda organizada alrededor de un patio con pozo. Ahora, la investigación está empezando a poner nombres, o al menos características biológicas, procedencias y formas de vida, a quienes llegaron después. Y los restos humanos pueden convertirse en una de las grandes colecciones científicas de Lucus Asturum.

La directora de las excavaciones destaca, además, que el trabajo debe hacerse con especial cuidado. La excavación de un enterramiento requiere mucho más tiempo que la retirada de otros niveles arqueológicos y obliga a documentar con precisión la posición de cada hueso y cada elemento asociado. Esa circunstancia explica que la intervención avance más lentamente en las zonas funerarias, pero también permite recuperar una información que, de otro modo, desaparecería.A ello se suma el trabajo de laboratorio y restauración, imprescindible para estabilizar las monedas y otros objetos antes de su estudio. Y como cada año la labor de los voluntarios ha sido excepcional. "Merche, Leonor y Javier son tres vecinos de la zona que han venido todo el mes a la excavación a trabajar con nosotros. Nos han ayudado muchísimo y se lo queremos agradecer", cuenta Martín.

Quiénes eran aquellos habitantes de Lucus Asturum, de dónde procedían, cómo vivían y qué lugar ocupaban dentro de su comunidad son algunas de las preguntas que ahora podrán empezar a responder los restos.

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