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La jira al Gorfolí prende en Llanera: la segunda edición de la cita arrancó con una caminata de una hora y culminó con una comida de confraternización

Los participantes en el evento resaltan su relevancia para la unión vecinal

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Pablo Antuña

Pablo Antuña

Villayo (Llanera)

Grethel Sánchez recuerda cuando subía de niña a la jira al Gorfolí. Una tradición que se perdió, pero que recuperó el año pasado la Asociación de Vecinos de Santa Cruz de Llanera. Esta semana se plantearon, incluso, suspender la celebración ante la previsión de lluvia, pero fueron optimistas, se la jugaron, y al final pudieron pegarse la hora y cuarto de caminata hasta el monte. Y allí, en la cumbre, disfrutar de una comida de hermandad.

Participantes en la jira, en lo alto del Gorfolí. | R. P. A.

Participantes en la jira, en lo alto del Gorfolí. | R. P. A.

"Hablamos en su día que sería guapo recuperar la jira, porque es una tradición, y aquí estamos para mantenerla viva", señaló Sánchez al inicio de la caminata.

Fueron una treintena de vecinos los que estwe domingo a eso de las 10.30 horas se concentraron a la entrada de Villayo para emprender la ruta. De la zona hubo representantes de Santa Cruz, Fanes, Anduerga y La Granda. Pero también participaron de otros puntos del concejo. Y algún amigo de fuera de Llanera que se quiso apuntar. "La idea es subir sin prisa, pasarlo bien y estar todos juntos", desgranó Eva María Sánchez, presidenta del colectivo vecinal.

Para la cita llegaron preparados con bastones preparados con navaja dentro de un taller organizado por la propia asociación. Hubo quienes en las últimas semanas se reunieron para hacer alguna salida, entrenar y prepararse para esta ascensión.

Avelino Sánchez, a sus 83 años, fue el más veterano en formar parte de la expedición. "Es asequible", contó con entusiasmo. Aunque otros vecinos de avanzada edad sí subieron el año pasado, en esta ocasión no se animaron a repetir.

Entusiasmo

Los más jóvenes también mostraron su entusiasmo por mantener viva la tradición. Como los hermanos Lucas y Noa García, de once y nueve años respectivamente. "Es un paseín", indicó la más pequeña. "Lo guapo son las vistas que se ven desde arriba", añadió el mayor. Su madre, Lucia García, fue la que les animó a participar. "Lo guapo es pasar una jornada entre amigos. Y a mí que me gusta caminar y hacer deporte, pues mucho más", enfatizó desde el punto de partida hacia el Gorfolí. Esa circunstancia, la de la confraternización, también la apoyo el pequeño Lucas Rodríguez, de doce años. "Las vistas y estar con mis amigos es por lo que me gusta esta jira", comentó.

De Posada de Llanera, Adrián Martínez se unió este año para debutar en el festejo. Por un lado, por la experiencia de caminar, de subir al monte. Por otro, por su cercanía con amigos de Santa Cruz. "Empecé a llevarme bien con gente de la zona, que son muy majos, y aquí estoy con ellos", subrayó.

Más allá del ambiente festivo, de recuperación de una tradición y de mantener ese sentimiento de pueblo, la jira al Gorfolí adquiere también un toque reivindicativo. "Es el monte nuestro de siempre", cuenta Pablo Rodríguez, de Villayo, que rememoró los tiempos en "los que vecinos tenían ganado arriba o, incluso, había actividad minera". También apuntó la importancia de volver a encontrarse los vecinos en esta cita, que espera que vaya creciendo y ganando adeptos con el paso de los años: "Es también ilusión de estar con los vecinos. Muchos trabajamos fuera, y si no tenemos días así, pues perdemos la vida de los pueblos", aseveró.

Además la jira también sirvió para darle valor a un monte que, como explica Grethel Sánchez, "es el techo de Llanera". "Hay mucha gente que lo confunde con el monte de al lado, que es el de las antenas, pero es El Pedregalón, compartido con Illas. El Gorfolí es entero de Llanera", detalló.   

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