Opinión
¿Democracia?
Hace unos días leía en una prestigiosa revista la opinión de su director ("Las gafas del director", Esquire) en la que, en relación a la forma estresante en que vivimos la mayoría de nosotros, hacía referencia a la "pausa, esa gran desconocida", y citaba al Premio Princesa de Asturias Byung-Chul Hang en una reflexión sobre la conveniencia de "contemplar" y no solo "mirar": "(...) saltamos de una atención a otra, esclavos de nuestra mirada, que no contempla; solo se limita a mirar".
Si han llegado hasta aquí, se preguntarán qué tiene esto que ver con la democracia, concebida como un sistema de organización de nuestra convivencia, al menos en lo social y lo político.
Ignoro si es mejor o más correcto definirlo como el mejor o como el menos malo. Pero, si bien se mira, es un buen sistema, pues reconoce una amplia panoplia de derechos, en general basados en la libertad inherente a la dignidad del ser humano, así como un generoso ámbito para su ejercicio. Además, especialmente en España, viene acompañado de un robusto desarrollo de lo que llamamos estado del bienestar, lo que debería provocar un serio reconocimiento de su bondad, y una consiguiente satisfacción general.
Sin embargo, parece que existe un cierto desengaño o decepción en algunas capas sociales, hasta el punto de llegar a pensar, al menos en algún momento, que en una dictadura se puede vivir mejor.
Se atribuye al historiador greco romano Polibio (200-118 a.C.) la reflexión según la cual la tercera generación que vive en democracia, ya no la aprecia. Y ese es uno de los factores que, desde esa forma política, contribuyen a la sustitución cíclica de unos sistemas por otros.
Quizá sea más fácil en lugares como Luarca o el concejo de Valdés, o en cualquier otro lugar similar, aprovechar la oportunidad que nos ofrece la vida sin excesivas prisas, para detenernos en la contemplación, y no solo en la mirada superficial, de nuestro sistema de convivencia, de nuestra democracia. Darnos cuenta de que, además de derechos, impone deberes. Fijar nuestra atención no solo en los derechos que tenemos y en cómo podemos hacerlos efectivos, sino también en cómo cumplimos nuestros deberes. En cómo un correcto cumplimiento de esos deberes puede influir en el mismo funcionamiento de ese sistema que no queremos perder. En cómo podemos dejar un mundo mejor a una juventud que desea algo más que una subvención o una renta universal que les permita sobrevivir.
Estamos viviendo en España un tiempo de cierta intensidad electoral. Se han celebrado autonómicas en Extremadura, Aragón y Castilla y León. Enseguida, antes del verano, en Andalucía. Y en el horizonte, las autonómicas y locales y las generales.
Es verdad que la democracia no es solo votar. Pero ese es un acto importante, no solo por su significado, sino también porque nos permite opinar de modo efectivo sobre quienes queremos que dirijan el país. Decidir, en conjunto con los demás electores, qué partidos políticos son los más adecuados en cada momento para el desarrollo democrático, para una convivencia pacífica con respeto a los demás.
Pero, como decía más arriba, la democracia también impone algunos deberes. Los partidos políticos deberían considerar su deber no depositar responsabilidades en manos de personas que no tengan bien acreditados sus principios democráticos, pues, como se recoge en la Constitución, artículo 6, expresan el pluralismo político, concurren a la formación y expresión de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política.
Y los electores deberíamos esforzarnos en obtener suficiente información antes del momento de votar. A nadie se le exige que explique el por qué del sentido de su voto. Pero parece lógico que el voto responsable sea un voto informado.
Es posible que obtener esa información no sea tarea sencilla. La dificultad actual de separar la información de la opinión, o la existencia de un cierto activismo periodístico en el campo político en algunos medios, puede contribuir a la polarización, complicando la búsqueda de datos fiables.
Pero, desde las redes sociales, con todos sus inconvenientes, a los medios tradicionales en papel o a las cadenas de radio y televisión, pasando por los periódicos digitales, son tan numerosas las opciones que se nos ofrecen que es innegable la posibilidad de formarse opinión y criterio. Contamos, además, con otras posibilidades. La sociedad civil, nos ofrece en ocasiones la oportunidad de escuchar a otros, de ampliar los horizontes de nuestra capacidad cultural, de conocer asuntos de interés desde variados puntos de vista, como ocurre, por ejemplo, en Luarca con la actividad de Viento del Norte o del Círculo Liceo, el Casino de nuestra juventud.
Mencionaba antes la posibilidad de contemplación, de mirada profunda, del entorno en que nos movemos, que viene facilitada por una vida sin prisas en un lugar tranquilo. Quizá podríamos aprovecharla para un examen sereno de qué es lo que queremos para nuestro país, para nuestra sociedad, de quienes son los que nos acercarían más a ese objetivo y de cómo, con nuestro comportamiento y con el respeto a las opiniones de los demás, podemos contribuir a obtenerlo.
Miguel Colmenero Menéndez de Luarca, magistrado jubilado del Tribunal Supremo y expresidente de la Junta Electoral Central.
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