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De la Guardia Municipal a la Policía Local: la historia del cuerpo de seguridad de Valdés, uno de los más antiguos de Asturias, con 165 años

La necesidad de ordenar la vida cotidiana llevó a la institución a regular aspectos como la limpieza y la moral, adaptándose a los nuevos retos de la villa primero y del concejo después

De la Guardia Municipal a la Policía Local: la historia del cuerpo de seguridad municipal, uno de los más antiguos de Asturias, con 165 años

Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Para el agente José Manuel Fernández, la historia de la Policía Local de Valdés es especial y única. Todas las historias son únicas, pero hay algunas que llegan al alma. ¿Cómo se creó la hoy policía municipal? ¿Qué necesidades había en Luarca hace nada menos que 165 años? Él, de forma desinteresada, intenta dar respuesta recopilando documentación, tanto escrita como gráfica, de este cuerpo de seguridad que hoy en día goza de salud y es esencia en la vida municipal valdesana.

La Policía Local de Luarca celebró el año pasado sus 165 años de historia, una efeméride que va mucho más allá de una fecha simbólica. Es, en realidad, "un recorrido por la evolución de una comunidad y de quienes, generación tras generación, han velado por su seguridad".

Detrás de esa reconstrucción histórica hay un trabajo silencioso y riguroso del agente José Manuel Fernández, que ha recopilado, rescatado y ordenado documentación dispersa en archivos, libros de actas y fondos municipales. Su labor no solo preserva la memoria de la institución, sino que permite entender mejor la transformación de la villa.

"Resulta interesante conocer la historia de la Policía Local de Valdés o de cualquier institución, porque sabiendo sus raíces podremos hacer un mejor futuro", señala Fernández, convencido de que el pasado es una herramienta clave para interpretar el presente.

De serenos y monteros a Guardia Municipal

En la segunda mitad del siglo XIX, cuando Luarca apenas alcanzaba los quinientos habitantes, la seguridad recaía en figuras hoy casi desaparecidas: alguaciles, serenos y monteros, encargados estos últimos de vigilar los montes.

"Hombres sencillos, con más vocación que medios", que recorrían calles y caminos en una época con escasos recursos. Los serenos, con su porra y su silbato, patrullaban la noche, encendían farolas y auxiliaban a los vecinos, muchas veces sin sueldo fijo, dependiendo de aportaciones vecinales.

La necesidad de organizar y reforzar esa vigilancia llevó a la creación del cuerpo. "Se crea la Guardia Municipal en un momento en el que ya existían serenos y alguaciles. Todo eso se unificó primero en la Guardia Municipal y después en la Policía Municipal", explica Fernández. El proceso no fue sencillo. En 1860 se sientan las bases del cuerpo con cuatro agentes, aún con funciones y salarios por definir. Los bajos sueldos dificultaron la ampliación de la plantilla, aunque con el tiempo se incorporaron antiguos militares. En 1864 ya eran seis agentes, con un salario de seis reales diarios.

Además, el papel de Luarca como partido judicial marcó también sus funciones. "Una de sus tareas era notificar a la población cualquier actividad administrativa que debía realizarse en la villa", añade el investigador, que está en activo y es un gran amante de la historia municipal.

Ordenar la vida cotidiana

El crecimiento de la villa trajo consigo nuevos problemas. Las caballerías que acudían a los mercados colapsaban las calles, provocando conflictos y altercados. La necesidad de regular la convivencia impulsó la consolidación de la Guardia Municipal.

Las ordenanzas municipales, algunas anteriores incluso a la creación del cuerpo, como las de 1786, reflejan esa preocupación por el orden. Regulaban desde la limpieza de espacios públicos hasta aspectos de convivencia y decoro. Algunas normas, vistas hoy, resultan especialmente reveladoras de la mentalidad de la época. Existían disposiciones dirigidas a las mujeres consideradas de "moral distraída", que debían ir acompañadas por una familia "decente". "Si deambulaban solas, eran detenidas y expulsadas del concejo", explica Fernández.

Otras tenían un carácter más práctico: se prohibía a los vendedores ambulantes dejar piedras en el parque para sentarse, ya que, sin alumbrado público, provocaban caídas durante la noche. También se impedía tender pieles en las barandillas de los puentes por razones de decoro.

EN IMÁGENES: La historia de la Policía Local de Luarca

EN IMÁGENES: La historia de la Policía Local de Luarca / LNE

Con el paso del tiempo surgieron nuevos retos. En 1909 aparecen los primeros problemas de tráfico derivados de la velocidad de los vehículos, y ese mismo año se regula la necesidad de licencias para obras, bajo supervisión municipal. En 1914, la plantilla estaba formada por siete agentes, un alguacil y un sereno, en una villa que ya rondaba el millar de habitantes.

La modernización

Durante décadas convivieron distintas figuras de vigilancia, pero los serenos desaparecieron en los años setenta tras una ley estatal que los integró como auxiliares de la Policía Local. En Luarca, el último fue Alfonso Martínez, que se jubiló en 1978, cerrando una etapa muy presente en la memoria colectiva. Junto a él, nombres como José Luis Dafonte, jefe en los años cincuenta, o Luis Méndez Llano, "Laurido", dejaron una huella destacada hasta su retirada en 1983.

La profesionalización definitiva llegó en 1985 con la incorporación como jefe de Roberto Martínez Fernández, procedente de la Policía Local de Avilés, tras superar un proceso de oposición. Era el reflejo de una institución ya adaptada a los nuevos tiempos. "Es un cuerpo que evoluciona con la sociedad, con la situación poblacional y política", resume Fernández. Ese cambio también se refleja en sus funciones: servicios que antes eran habituales, como la vigilancia nocturna, han desaparecido en la actualidad en Luarca.

Hoy, la Policía Local, dirigida por Carlos Regino García y formada por once agentes en activo, mantiene ese equilibrio entre tradición y modernidad. "Conocer su historia es básico", concluye Fernández. Porque en ese recorrido, que va de los serenos con farol a la policía actual, también se escribe la historia de Luarca y de su gente.

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