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Luarca, a través de los ojos de un premio Nobel: la huella imborrable de Severo Ochoa en la villa que lo vio nacer (con una ruta)

El consistorio diseñó en 2018, dentro de los actos del 25.º aniversario de su fallecimiento, un recorrido por la capital valdesana para recordar lugares clave en su vida

Luarca a través de los ojos de un Nobel: la huella imborrable de Severo Ochoa

Luarca a través de los ojos de un Nobel: la huella imborrable de Severo Ochoa / LNE

La historia de la ciencia no podría entenderse sin la figura de Severo Ochoa (Luarca,1905- Madrid,1993), el brillante médico e investigador luarqués que alcanzó la cumbre mundial al ser galardonado con el prestigioso Premio Nobel de Medicina y Fisiología en el año 1959. Nacido en la capital de Valdés a principios del siglo XX, su vida y su formidable legado investigador mantienen un vínculo indisoluble con su tierra natal. El consistorio valdesano diseñó en 2018, en el marco de los actos del vigésimo quinto aniversario de su fallecimiento, una ruta que desde entonces permite conocer mejor su figura a través de la huella que dejó en su villa natal.

La ruta fue una de las propuestas del ambicioso proyecto "Villas de Nobel", que está permitiendo a Valdés tejer una red con los lugares del mundo que tengan el privilegio de contar con un Nobel entre sus vecinos. El primer paso fue el hermanamiento entre Luarca y Petilla de Aragón (Navarra), localidad natal de Santiago Ramón y Cajal y, en 2024, se vivió un nuevo hito al sellar un segundo hermanamiento con la localidad italiana de Corteno Golgi, patria de Camillo Golgi, quien precisamente compartió el Nobel de Medicina con Ramón y Cajal en 1906.

Amor incondicional por Carmen

Pero, volvamos a la ruta. Este viaje a los orígenes del genio comienza en el propio centro urbano, concretamente en un emblemático edificio de ladrillo construido durante el siglo XIX. Se trata de la casa natal de Severo Ochoa, una edificación situada a escasos metros de la plaza que hoy en día rinde un merecido homenaje a su memoria llevando por nombre "Plaza de Carmen y Severo Ochoa". Esta nomenclatura compartida no es casual, sino un hermoso y justo guiño al amor incondicional que el científico profesó siempre a su esposa, la gijonesa Carmen García Cobián.

Ambos se conocían desde niños por la estrecha amistad que unía a sus familias, pero el romance brotó definitivamente en 1930, después de que el científico asturiano regresase de una enriquecedora estancia de estudios junto a Otto Meyerhof (Premio Nobel de Medicina en 1923). Severo Ochoa nunca ocultó la poderosa y vital influencia que su mujer ejerció en su carrera, llegando a confesar abiertamente tras su fallecimiento: "Una mujer puede cambiar la trayectoria vital de un hombre; ahora la vida sin ella no es vida"

Antes de abandonar el núcleo urbano para emprender la subida hacia la zona de Villar, la ruta plantea otras dos paradas obligatorias para dimensionar la importancia del personaje. La primera de ellas se detiene en la céntrica Plaza Alfonso X El Sabio, justo frente a la imponente fachada del Palacio del Marqués de Gamoneda. En este concurrido punto se erige, desde 2018, una estatua a tamaño real que rinde homenaje a la figura del científico, inmortalizándolo en las mismas calles por las que paseó tantas veces.

Muy cerca de allí, adentrándose por la conocida calle Olavarrieta, el visitante encuentra la Casa de las Artes y las Ciencias. Este renovado espacio, que alberga además las instalaciones de la oficina municipal de turismo, se ha convertido en el gran epicentro divulgativo de su figura, permitiendo repasar al detalle la extensa y laureada trayectoria investigadora del Premio Nobel, sus apuntes históricos y su relación emocional con la villa.

El refugio de Villar

Tras este recorrido por el centro, toca ascender hacia el barrio de Villar, donde se enclava también el instituto Carmen y Severo Ochoa, que inspira las vocaciones de los futuros científicos valdesanos. En el mismo barrio se encuentra Villa Carmen, una imponente finca construida a finales del siglo XIX por el arquitecto Juan Miguel de La Guardia tras recibir el encargo de don Ventura Olavarrieta, un marino emigrado a Cuba. Fue precisamente en esta característica casa indiana donde Severo Ochoa residió, jugó y disfrutó de su etapa de niñez.

Para entender de dónde brotó esa curiosidad innata que más tarde lo llevaría a revolucionar la bioquímica, resulta imprescindible el paseo hasta la playa de Portizuelo, caminata predilecta del Nobel. Este enclave de innegable belleza, fue el auténtico primer laboratorio al aire libre del investigador. Así lo contó el propio científico: "Mi vida en la aldea me hizo entusiasta observador de la naturaleza desde muy niño, y mis andanzas por las escarpadas playas de las cercanías me hicieron enamorarme de la misma. Durante la bajamar pasaba las horas muertas observando la enorme variedad de vida animal y vegetal que poblaba los innumerables pozos formados al retirarse el mar en las oquedades de las rocas. Tal vez fuese éste el despertar de mi futura afición a la biología".

El descanso eterno

De Villar se puede bajar caminando hasta el puerto de Luarca por la bella carretera del faro. En esta zona hay dos últimas paradas. La primera en el cementerio de Luarca donde se encuentra la tumba de Severo Ochoa y de su inseparable esposa Carmen. Allí se puede leer el famoso epitafio en recuerdo de su amor: "Aquí yacen Carmen y Severo Ochoa. Unidos toda una vida por el amor . Ahora eternamente vinculados por la muerte". Todos los años, con motivo de la Semana de la Ciencia de Luarca que ideó su discípula, la también científica valdesana Margarita Salas, se realiza una ofrenda floral en la tumba.

Muy cerca, en la fachada del antiguo museo del calamar gigante, en pleno muelle, se realizó en 2022 un espectacular mural con la figura de Severo Ochoa. Esta iniciativa solidaria, impulsada por el colectivo "Art for Dent" en memoria del científico, se completó el año pasado pintando a su lado a Margarita Salas. El objetivo de los promotores es sensibilizar sobre la enfermedad de Dent y reunir fondos para la investigación. Lo hacen recordando a dos de las mentes más privilegiadas de la ciencia española. Sin duda, es un lugar especial para hacerse una foto de recuerdo en esta villa de Nobel y para recordar también el legado de estos genios valdesanos.

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