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Valdés, una forma de entender el mundo

Siempre he creído que el lugar del que uno procede es mucho más que un punto en el mapa, que en realidad es una forma de entender el mundo. En mi caso, ese lugar es Luarca, en Valdés. Aunque nací en México, en realidad soy asturiano y algo más importante, me siento asturiano y español. Porque en Asturias, y sobre todo en Luarca, aprendí valores que, con el paso de los años y la distancia, no han hecho más que reafirmarse: el valor de la familia, la importancia de nuestras raíces, el esfuerzo silencioso, la cercanía en el trato y mirar al futuro sin olvidar nunca de dónde venimos, con humildad y orgullo.

Valdés no es únicamente un concejo de extraordinaria belleza natural que, sin duda, lo es. Es también una comunidad con identidad, con raíces profundas y una forma de relacionarse basada en la confianza. Por eso, somos muchos los descendientes de valdesanos que nos sentimos locales y que agradecemos cómo nos abren las puertas y nos tratan todos los vecinos cuando podemos disfrutar de nuestra “tierrina”. Crecer en un entorno así imprime carácter, te enseña que las cosas importantes requieren tiempo, que el compromiso no se improvisa y que el progreso sólo tiene sentido si es compartido. Y para mi Luarca, va de eso: de compartir, de volver a nuestros orígenes y encontrarte con tus amigos de toda la vida, de tu familia y de ser tu mismo.

A lo largo de mi trayectoria, he tenido la oportunidad de trabajar en entornos muy diversos, en contextos globales, en industrias en constante transformación y en distintos países y continentes. Sin embargo, hay aprendizajes que no provienen de grandes centros de decisión ni de innovaciones tecnológicas, porque vienen de experiencias mucho más sencillas. Recuerdo bien, desde siempre, cómo en Luarca la información circulaba de manera natural, cómo la gente estaba pendiente de lo que ocurría a su alrededor, a sus amigos, a sus vecinos; cómo cada noticia, por pequeña que fuera, formaba parte de una conversación colectiva.

Por eso, considero especialmente valioso el impulso de un proyecto editorial que pone el foco precisamente en eso: en mantener informada a la comunidad sobre lo que sucede en su entorno más cercano. En un momento en el que vivimos rodeados de información global, inmediata y,a menudo, superficial, recuperando así la mirada local para unirnos más a todos, si cabe.

Además, este tipo de iniciativas tiene un valor añadido que, a menudo, pasa desapercibido: ayudan a preservar la identidad y a unirnos más a todos. Porque informar es mucho más que transmitir hechos; también es dar contexto, interpretar la realidad y, en última instancia, reflejar quiénes somos. Y eso, en territorios con una personalidad tan marcada como Valdés, es muy relevante.

Creo firmemente que el futuro de muchos territorios pasa por encontrar un equilibrio entre lo global y lo local. No se trata de renunciar a la apertura ni a las oportunidades que ofrece un mundo interconectado; se trata de complementarlas con un arraigo sólido. E iniciativas como ésta demuestran que es posible.

Luarca ha sido, y seguirá siendo, una referencia personal. Por lo que representa en términos emocionales, pero también por lo que me ha enseñado. Por eso para mí ha sido fundamental que tanto mi mujer, Maria Jesús, y mis hijos, Inés y César, sientan por Valdés lo que he sentido yo toda mi vida. Ver cómo evoluciona, cómo se adapta y cómo impulsa nuevas iniciativas es, sin duda, motivo de orgullo. Aunque hablo aquí en primera persona, estoy seguro de que mi familia y muchos de mis amigos, coinciden conmigo.

Confío en que este proyecto editorial contribuya a reforzar ese tejido social que hace de Valdés un lugar único. Porque, al final, las comunidades que prosperan son aquellas que se conocen, que se escuchan y que comparten un relato común.

Y contar bien ese relato es, hoy más que nunca, una tarea imprescindible.

César Cernuda, presidente de NetApp.

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