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La procesión del Nazareno une a generaciones en Luarca gracias a tradición, fe y un ritual compartido

La imagen del Nazareno, símbolo de identidad en Luarca, atrae a fieles de todas las edades y procedencias, quienes encuentran en el recorrido un espacio de devoción y conexión espiritual

VÍDEO: La procesión del Nazareno une a generaciones en Luarca gracias a tradición, fe y un ritual compartido

A.M.S.

Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Luarca (Valdés)

Es Jueves Santo y las miradas en Luarca convergen en un mismo punto: la salida del Nazareno. "¿Qué están esperando? ¿El Nazareno?", pregunta una voz entre risas nerviosas. Y la respuesta, aunque breve, un "sí", encierra todo el peso de una tradición que no necesita explicaciones.

En la capital de Valdés, el Nazareno no es solo una imagen. Es identidad. A un lado del recorrido, un grupo de mujeres de Castropol observa con atención. No es su primera vez, ni será la última. "Venimos todos los años", dicen casi al unísono. Cuando se les pregunta qué les atrae, no dudan: "La devoción que sentimos por él". No todas crecieron con la tradición, pero la han hecho suya. "Es guapo todo el recorrido", añaden, como si en esa sencillez se resumiera la experiencia: belleza, esfuerzo y emoción compartida al ver la talla recorrer del centro de Luarca, subir por la empinada Carril y llegar a la capilla de La Blanca, en La Atayala.

Cerca, Ángel Fernández también espera. No necesita grandes palabras. "Esperando aquí ya que salga", comenta. ¿Y qué tiene de especial? "Bueno… cosas que piensa uno". En Luarca, la fe también se guarda en silencio. Se pide "sin comunicar", como él mismo dice, en una conversación íntima entre el creyente y la imagen.

Turistas que descubren, devotos que regresan

Entre el público, rostros nuevos. Una familia llegada desde Madrid se mezcla con los habituales. Han descubierto la procesión casi por casualidad, al entrar en la iglesia esa misma mañana. "Hemos visto el cartel y nos hemos informado", explican. No seguirán toda la subida, pero se llevan algo más valioso: el impacto de lo inesperado. 

"Es muy sobrecogedor", confiesa más tarde la madrileña Amparo Nuevo, mientras su hija Sandra Prado asiente. La talla del Nazareno les ha impresionado. "De las que conozco, es la que más me gusta", dicen, aún sorprendidas. Incluso hubo tiempo para una experiencia improvisada: ayudar momentáneamente con el paso. "Nos dijeron: ‘¿Nos ayudas?’… y claro que sí". Un recuerdo que ya forma parte de su viaje.

El peso del Nazareno: entre el esfuerzo y la emoción

Pero si hay un lugar donde la procesión se siente con mayor intensidad es bajo el peso de las cruces de Luarca que acompañan al Nazareno en Jueves Santo. Los costaleros, aquí sin artificios, con nombres y apellidos, hablan desde la experiencia. Ismael García y Rocío Fernández, uno por llegar una cruz y otra por llevar el farolillo, lo resumen con dificultad: "No sabemos cómo explicarlo". Porque hay cosas que no caben en palabras. Sí reconocen lo evidente: La talla "es pesada". Pero también lo esencial: "Te gusta llevarla". Para Adrián Pérez que se estrena este año con otra de las llamadas curces de Luarca, la sensación es nueva . El esfuerzo existe, "al ser tan alto te hace más palanca", pero no pesa tanto como la emoción.

Borja Blanco, en cambio, regresa como costalero del Nazareno tras años de ausencia. Tiene 33 años y una historia que explica todo: "Yo siempre lo hago por mi abuela". Diez años después, vuelve a cargar con la imagen más esperada de la Semana Santa luarquesa. "Sabes que vas a sufrir, pero apetece hacerlo", afirma. No es contradicción: es fe.

Un ritual que une generaciones

Desde Barcia llegan también quienes nunca fallan. "Pedimos mucho y siempre nos ayudan", dice María del Carmen Suárez. Algunos acompañan toda la subida; otros prefieren esperar, tocar la imagen, sentirla de cerca. Cada uno vive la procesión a su manera, pero todos participan del mismo vínculo. Incluso los más jóvenes, entre bromas y cierta timidez, reconocen el orgullo de ser parte de algo mayor. "¿Qué se siente ser costalero?" La respuesta se pierde entre risas.

Cuando finalmente el Nazareno llega a la capilla de La Atalaya, donde descansa todo el año hasta el próximo martes de Novena, Luarca guarda silencio. Las procesiones volverán hoy, viernes, con la salida, a las 20:00 horas, de la Urna Yacente. 

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