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El Nazareno ya descansa en el lugar de culto del promontorio de Luarca: ¿Es la capilla de La Atalaya o de la Virgen de la Blanca?

La patrona de la capilla está vinculada al mar por el relato de su hallazgo y tiene un papel protector entre los marineros

Capilla de La Atayala, en Luarca; en el círculo, la talla de la Virgen.

Capilla de La Atayala, en Luarca; en el círculo, la talla de la Virgen. / Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Luarca (Valdés)

La capilla que domina la parte alta de Luarca no plantea, en realidad, un conflicto de nombres, sino una superposición de significados. Es la misma construcción: conocida como capilla de la Atalaya por su ubicación estratégica, y dedicada desde antiguo a la Virgen de la Blanca, advocación que define su identidad religiosa. Es pues, la capilla de La Atalaya, pero también de la Virgen de La Blanca.

En Luarca se conoce más por la capilla de La Atalaya, si bien, por estricto concepto religioso, el nombre no sería el correcto. Al volver al pasado, las referencias históricas son claras y quedan resumidas en el libro "Capillas del concejo de Valdés y de la villa de Luarca", de Laura Rodríguez Brañanova y el fallecido cronista oficial de Valdés, Juan Antonio Martínez Losada. Sitúa el origen del templo, al menos, en época medieval.

Su emplazamiento no es casual. La Atalaya fue un punto de vigilancia costera, probablemente fortificado en su momento, antes de consolidarse como espacio de culto. Con el paso del tiempo, la función defensiva dejó paso a la religiosa, fijando allí uno de los centros espirituales más importantes de Luarca y su entorno.

Talla de la Virgen de la Blanca, en la capilla del mismo nombre religioso.

Talla de la Virgen de la Blanca, en la capilla del mismo nombre religioso. / Ana M. Serrano

Sobre esa base documental se superpone una tradición que ha marcado profundamente la devoción local. Según el relato transmitido durante generaciones, la imagen de la Virgen de la Blanca no fue colocada sin más en la capilla, sino hallada en una cueva abierta en la roca bajo la propia Atalaya, como llaman en Luarca a este trozo de tierra que se adentra en el mar. El hallazgo se atribuye a pescadores, lo que refuerza el vínculo entre la imagen y el mundo marinero.

Flotando por el mar, una "hipótesis"

La narración no se detiene ahí. Algunas versiones sostienen que la imagen habría llegado por el mar, flotando tras haber sido arrojada en otro lugar, se menciona incluso Inglaterra, en el contexto del cisma. Otras interpretaciones apuntan a un posible origen en un naufragio. Ninguna de estas hipótesis cuenta con respaldo documental, pero todas coinciden en lo esencial: la imagen no pertenece solo al templo, sino al mar.

Ese elemento es clave para entender la fuerza de la devoción. La Virgen de la Blanca no es únicamente una titular religiosa; es percibida como una presencia ligada al entorno, protectora de quienes viven y trabajan en él. De ahí su identificación como "Estrella del Mar" y su arraigo entre los marineros.

Una mujer obseva al Nazareno, este sábado.

Una mujer obseva al Nazareno, este sábado. / Ana M. Serrano

Desde el punto de vista histórico, lo verificable es más sobrio: la existencia de la capilla, su dedicación a la Virgen de la Blanca y su continuidad como lugar de culto. Pero la tradición añade una capa de significado que no puede ignorarse. No explica el origen con precisión, pero sí explica la relación que la comunidad ha construido con ese lugar.

El hermano mayor de la Real Hermandad, Ignacio Méndez, sostiene que hoy en día, en Luarca, es la capilla de La Atalaya, aunque la población no confundía el templo con otro si se dice "Virgen de La Blanca". Allí en su interior, permanece la imagen. Se encuentra en la parte superior del retablo principal.

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