Julia Fernández Polín, la joven promesa del tenis de mesa que sueña con las Olimpiadas
Desde Valdés y con los recursos limitados de una zona rural, la luarquesa representa la esencia del deporte, forjando su camino a base de "esfuerzo y dedicación", con la mirada puesta en metas ambiciosas

Miki López /Amor Domínguez

En una esquina cualquiera de un pabellón, o incluso en la mesa de una cocina durante aquellos días de encierro de la pandemia, puede empezar todo. Así comenzó la historia de la luarquesa Julia Fernández Polín, una niña de apenas 13 años que, sin hacer apenas ruido, ya ha empezado a hacerse notar en el tenis de mesa.
No recuerda el día exacto en el que empuñó por primera vez una pala. Tampoco le hace falta. "Venía con mi padre (Ernesto Fernández) a los entrenamientos, me sentaba por ahí… hasta que un día cogí la raqueta", cuenta con naturalidad. Lo que sí tiene claro es que aquello no fue un juego pasajero. Fue el inicio de algo más.

La deportista luarquesa durante un entrenamiento. / Miki López
Julia habla del tenis de mesa como quien habla de un refugio. Un lugar donde "desconectar", pero también donde encontrarse. "Me aporta un montón de cosas, tengo muchos amigos… y ahora que he empezado a mejorar y a ganar torneos, me gusta aún más", detalla. Porque el talento, a veces, necesita una señal para despertar. En su caso llegó pronto: un Campeonato de España en el que no esperaba nada… y acabó subiéndose al podio. "Ahí pensé que a lo mejor se me daba bien de verdad", señala.
Desde entonces, la progresión ha sido constante. Entrena tres días por semana y busca huecos los fines de semana, aunque no siempre es fácil. La falta de instalaciones limita su crecimiento, algo que ella misma reconoce con madurez poco habitual: "A este nivel necesito entrenar más, porque mis compañeras lo hacen". No hay que rascar mucho para encontrar ahí una reivindicación silenciosa.
Inquieta y capaz
Pero si algo define a Julia Fernández es su energía. Inquieta, activa y muy capaz para el deporte. Además del tenis de mesa, practicó con talento kárate. "Me gusta el movimiento, las actividades que lo tengan". Y quizá ahí esté una de las claves de su carácter competitivo: no entiende la vida sin acción. Porque el tenis de mesa, insiste, "no es fácil". "Necesitas concentración y reflejos. Como no estés atento, por un milímetro se te va la pelota y es un punto menos", informa. Lo dice alguien que ya ha aprendido que en este deporte, como en muchos otros, el margen de error es mínimo.
Aun así, no le encuentra nada malo. Solo dificultad y reto. Y eso, lejos de alejarla, la engancha más. Entre exámenes, entrenamientos y viajes, ya ha competido fuera de España, en países como República Checa o Alemania, Julia va construyendo su propio camino. Un camino que, como ella misma reconoce, sueña en grande: "Me gustaría ir a campeonatos internacionales y si se puede, a unas Olimpiadas".

Julia Fernández Polín, en el polideportivo del colegio público Ramón Muñoz, donde entrena. / Miki López
Lo dice con una mezcla de ilusión y realismo. Sabe que no será fácil. Pero también sabe, aunque quizá aún no del todo, que ya ha empezado a recorrer ese trayecto. Desde un lugar pequeño como Luarca, con recursos limitados de un club local y muchas horas de esfuerzo, Julia Fernández Polín representa esa esencia del deporte que no siempre sale en los focos: la de quienes empiezan casi sin darse cuenta y terminan soñando en grande.

Julia Fernández, con Salvador Alonso (centro) y su padre, Ernesto Fernández. / Miki López
Su entrenador, Salvador Alfonso, quien es presidente de la Federación de Tenis de Mesa del Principado de Asturias y director técnico del club local, asegura que detrás del gran palmarés de la deportista hay algo con lo que todo jugador sueña: "Capacidad de esfuerzo y dedicación".