La barcelonesa afincada en un pueblo de Valdés que decidió ser actriz tras superar un cáncer de útero: "Todo el mundo debería estudiar arte dramático, a mí me ayudó muchísimo"
Nuria Santos es la intérprete principal de la película "El poder del silencio", dirigida por Saúl Pérez Ruano y que pone el foco en la pederastia y la corrupción
"Es un sector complicado", admite la joven, que vive desde hace cinco años en Llendelabarca y trabaja desde su casa como locutora profesional: "Hago audiolibros, cuñas de radio…"

Ana M. Serrano / Amor Domínguez

A la actriz Nuria Santos un cáncer de útero la obligó a parar cuando solo contaba con 29 años. Al límite, llegó la reflexión reveladora: ¿Qué quiero hacer con mi vida? La respuesta tan sencilla como, a veces, inabarcable: "Pues lo que siempre quise hacer: ser actriz".
Esa decisión, tomada en uno de los momentos más duros de su existencia, la llevó a estudiar Arte Dramático en Gijón y, años después, a protagonizar su primer largometraje, un trabajo que está ahora en plena promoción y a la espera de poder circular por los cines comerciales tras su paso por festivales. "El poder del silencio", de Saúl Pérez Ruano, promete remover conciencias.
Pero para llegar a este presente, se forjó en el pasado. Aquella etapa de estudiante convencida de que su sueño llegaría a cumplirse, fue mucho más que una formación profesional. "A mí me ayudó muchísimo. Yo creo que todo el mundo debería estudiar arte dramático", afirma. Y explica el motivo: "Te enseña a trabajar con las emociones, y eso es importante para la vida".
Hoy, vive en Llendelabarca, donde llegó hace casi cinco años. "Mi madre es de aquí de toda la vida y yo ahora llevo viviendo casi cinco años", cuenta. La casa, una pequeña vivienda heredada, fue reformada. "La verdad que estoy supercontenta", relata en un día donde luce el sol en Trevías, el lugar donde formaron una familia sus abuelos y el lugar elegido para hacer la entrevista.

Nuria Santos en la travesía de Trevías. / Ana M. Serrano
Nuria Santos nació en Barcelona en 1974. De padre de Fonsagrada y madre de Trevías, siempre visitó Asturias. Veranos, fines de semana y estancias largas en el pueblo marcaron su infancia y adolescencia. "Vengo aquí desde que era pequeña, vine incluso en la barriga de mi madre", dice con una sonrisa. Por motivos laborales la familia vivió en La Coruña hasta de establecerse finalmente en Oviedo. Ella se afincó ttemporalmenteen Madrid tras estudiar arte dramático.
El regreso definitivo al entorno rural llegó más tarde y no fue inmediato ni sencillo. "Al principio me costó, porque estás acostumbrada a la vida de ciudad", reconoce. Con el tiempo, la percepción cambió. "Esa paz, esa tranquilidad… A mí me vino muy bien". También la vida en comunidad.
La vocación de actriz no surgió de repente. Siempre estuvo ahí, latente. "Desde pequeñita", recuerda. También su relación con la voz empezó pronto: "Mi padre me regaló un magnetofón y me pasaba el tiempo grabándome leyendo".
Hoy, esa pasión es también su medio de vida. Nuria trabaja como locutora profesional desde su casa. Tiene un estudio "y hago grabaciones de todo tipo: audiolibros, cuñas de radio…", explica. Incluso ha puesto voz a contenidos formativos institucionales y proyectos audiovisuales. En realidad, es su actividad principal, aunque reconoce que el sector ha cambiado. "Con la inteligencia artificial ha mermado mucho el trabajo, no están las cosas fáciles", reflexiona.
Abrirse paso en un mundo difícil
El camino como actriz tampoco ha sido sencillo. "Es muy difícil vivir solo de esto", reconoce. Como tantos otros intérpretes, tuvo que compaginar trabajos, mudarse a Madrid y enfrentarse a castings masivos. "Llegas allí y ves a tropecientas niñas monísimas… es complicadísimo".
Sus primeros pasos llegaron a través de cortometrajes. Algunos, gracias a una casualidad. Una enfermera que la cuidó durante su enfermedad la puso en contacto con dos jóvenes cineastas. "Hice un montón de cortometrajes con ellos" , recuerda. Fue un aprendizaje progresivo, sin atajos."La gente de este mundo que no tiene padrinos va poco a poco", resume.
El salto al cine llegó de una forma inesperada. El director de "El poder del silencio" la descubrió escuchando su voz en internet. "Para él eran muy importantes las voces", indica. Y la eligió como protagonista. "Fue un regalo", dice con sinceridad sobre aquella oportunidad. En este trabajo cinematográfico interpreta a una periodista de radio que entrevista a un alto cargo del Estado y acaba enfrentándose a una trama de corrupción y abusos. "Es una película incómoda, porque el tema es duro", señala.
El rodaje se realizó en 2023, en pocos días y con un equipo reducido. Para ella, fue un "reto y una oportunidad única".
Un proyecto que resiste
A pesar del esfuerzo, la película no ha tenido un camino fácil. Está costando mucho posicionarse", reconoce la actriz. El principal obstáculo: la burocracia para obtener la calificación oficial que permita su exhibición comercial. Sin ese trámite, la película no puede proyectarse en cines de forma convencional.
Aun así, el equipo ha buscado alternativas. En todo este tiempo no han estado parados. Han recorrido festivales, organizado proyecciones y participado en coloquios. En ese circuito, han llegado los primeros reconocimientos, aunque el grueso del éxito se espera en las proyecciones oficiales.
A pesar de las dificultades, la barcelonesa de nacimiento y valdesana de adopción tiene clara una idea. "Desde aquí se puede hacer un proyecto de vida", dice. Vive en el pueblo, trabaja desde casa y se desplaza cuando surge una oportunidad. Su visión del sector es realista. "Es un mundo muy complicado", subraya convencida, pero también reivindica el talento que queda fuera del circuito principal porque "no es cuestión de talento, es que como no te conocen…". Por eso lanza una petición clara: "Me gustaría que hubiese más oportunidades para todo el mundo".
Una historia de reconstrucción
Más allá del cine, su historia tiene otra lectura. La de alguien que atravesó una enfermedad, replanteó su vida y decidió apostar por lo que siempre había querido ser.
"De dónde saqué la fuerza no lo sé", admite. Pero el resultado está ahí: una carrera construida paso a paso, una vida en equilibrio "entre arte y territorio", y un proyecto que sigue abierto. Desde Llendelabarca, entre silencio y monte ("es lo que veo al asomarme a la ventana", dice), Nuria Santos lo resume con sencillez. "Mi sueño es vivir de esta profesión", y ese a las trabas de una vida que podría calificarse de complicada, lo está consiguiendo.
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