Los ángeles pasean por el bosque-jardín de la Fonte-Baxa: el canario Andrés Acosta lleva su universo creativo a Luarca
La asturiana Elena Olay y el creador mostrarán en un libro cómo sienten el conjunto botánico y la moda, cuya parte privada, en manos de los marqueses de Nora, acoge estos días la tercera edición del Mercado de Flores

Elena Olay y Andrés Acosta, en el mercado de las flores. / Omar Boyano

La casa de los Marqueses de Nora, antiguos propietarios del bosque-jardín hoy de gestión pública y llamado Fonte-Baxa, volvió a convertirse en un refugio para la creación con la tercera edición del Mercado de las Flores, una cita impulsada por Elena Olay, nuera de los antiguos propietarios del conjunto botánico.
La cita reúne en la casa de los marqueses y sus jardines privados a artistas, artesanos y creadores en un entorno donde la naturaleza no funciona como simple decorado, sino como origen, inspiración y lenguaje común.

Un momento de los preparativos. / Fonte Baxa
La propuesta nació con la voluntad de abrir este espacio singular de Luarca a proyectos capaces de dialogar con el paisaje. "Mi idea es reunir cada año a creadores que la gente pueda conocer, que muestren sus creaciones y que, al mismo tiempo, se inspiren en la naturaleza", explicó Olay.
En esta edición, el encuentro volvió a girar en torno a lo natural: textiles elaborados con tintes de flores, proyectos vinculados a las rosas, cosmética natural, artesanía y propuestas conectadas con el arte contemporáneo.
"Muy contenta con el resultado"
Olay no ocultó su satisfacción por la evolución del Mercado. Lo que comenzó en su primera edición como una reunión de amigos artistas se ha convertido ya en una cita con identidad propia. "Estoy muy contenta con el resultado. Se lo decía al equipo: cada año nos vamos superando", afirmó. La organizadora dedica todo el año a buscar proyectos especiales, con una sensibilidad concreta y una relación directa con la naturaleza, la artesanía y la creación contemporánea.
El invitado destacado de esta tercera edición fue Andrés Acosta, diseñador y exdirector de moda de la revista Traveler, que desde hace una década desarrolla su propia marca. Su presencia encajaba de forma natural con el espíritu del jardín y con la mirada de la zona que no se ve de los antiguos jardines de Panrico. Para Elena Olay, Acosta representa "una sensibilidad afín al proyecto: una manera de entender la moda desde la belleza, la emoción, el paisaje y la memoria".
Cerrar un círculo en Luarca
El diseñador llegó a Luarca con la sensación de cerrar un círculo. "Es la segunda vez que estoy en Luarca y es un lugar muy especial. Estoy muy contento de poder volver a este encuentro", señaló. Recordó que en 2019 trabajó en La Palma, en el entorno del Observatorio del Roque de los Muchacho, junto a Elena Olay, y que ahora es ella la que le invitaba a conocer sus raíces.
"Es una forma de conocer su origen, el proyecto personal de una gran amiga de tantos años", explicó. Su última colección, inspirada en los ángeles, encontró en Fonte-Baxa un escenario casi natural. "Encaja muy bien en los jardines. Es una oda al glamour", resumió Acosta.
Durante su estancia, el equipo realizó una sesión de fotos en el jardín con las piezas de la colección, un trabajo que podría desembocar en una colaboración más amplia: un libro en el que se mezclen retratos de moda, jardín y poesía. La publicación, titulada "Cuando los ángeles aman", está ya en imprenta y verá la luz el 27 de mayo.
El proyecto incluirá textos de su madre, escritora, que ha canalizado una serie de relatos en torno a la belleza, el amor y lo angelical. La idea es plantear una especie de paseo por Fonte Baxa en el que un ángel guíe al lector por los rincones más especiales del jardín, mientras se van leyendo poemas y relatos escritos desde una sensibilidad muy concreta.
En ese diálogo entre moda, poesía y naturaleza, Acosta defendió también el valor de lo artesanal en un momento marcado por la velocidad, la saturación de imágenes y la irrupción de la inteligencia artificial. "Creo que la IA, bien usada, es una gran herramienta, pero de momento no tiene todavía esa capacidad para desplazar el talento natural de un artista", sostuvo.
Firme defensor de lo artesano
El creador se definió como un firme defensor de los artesanos y de todo aquello que nace de una relación directa con la materia, el tiempo y el oficio. Para él, en un mundo lleno de propuestas, volver al origen puede marcar la diferencia. "Lo hecho a mano y a medida aporta a una pieza algo a lo que la inteligencia artificial no llega tan lejos", defendió. Esa mirada está muy presente en su forma de trabajar.
Acosta explicó que entró en el mundo de la moda con la voluntad de hacer algo con propósito, algo que trascendiera y que fuera fiel a la persona. "Lo que intento en cada proyecto es poner mi sello", afirmó.
El diseñador considera que cada evento debe ser una experiencia sensorial y el espacio del mercado de la flores se presta como escenario.
Por eso encuentra una conexión tan fuerte con Fonte Baxa y con el trabajo que Elena Olay y su marido, Beltrán Pedregal, están desarrollando en el jardín. A su juicio, este tipo de propuestas permiten transmitir al público una forma de hacer basada en la emoción, el cuidado y la experiencia directa.
"Los que somos apasionados tenemos que comprometernos y ser embajadores de lo nuestro", opinó. Acosta reconoció que el mundo de la moda puede parecer a veces frívolo o superficial, pero quiso reivindicar todo lo que existe detrás de esa imagen de perfección. "Detrás de esa proyección ocurren muchas cosas. Hay problemas, impedimentos y mucho trabajo", defendió.
Frente a la caducidad de las redes sociales y la facilidad con la que las imágenes pueden transportar a realidades que no siempre son ciertas, el diseñador defendió la importancia de crear desde lo vivido. "Confío y apuesto por que todo lo que proyectamos sea el resultado de algo real, de algo que hemos vivido o disfrutado", resumió creador.
"Nada es capaz de superar el ojo humano"
Esa idea atraviesa también el espíritu del Mercado de las Flores: reunir piezas, relatos, aromas, tejidos y miradas que no nazcan de la prisa, sino de una relación honesta con el territorio y con la creación. Acosta fue más allá al reivindicar la importancia de la mirada humana frente a la velocidad de las nuevas tecnologías. "Nada es capaz de superar el ojo humano; hay que disfrutar de la experiencia", defendió.
Para Acosta, la creación no puede reducirse a una imagen perfecta ni a un resultado inmediato: "necesita tiempo, presencia y emoción". Esa es, precisamente, la diferencia que encuentra en los proyectos hechos a mano, en las piezas pensadas a medida y en encuentros como el Mercado de las Flores, donde el público no solo mira, "sino que pasea, toca, huele y se deja afectar por el entorno". Este fin de semana los interesados tendrán una oportunidad de conocer el encuentro.
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