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Pelayo Álvarez, el guardia civil valdesano que consiguió un récord Guinness por correr esposado a su pareja durante 17 horas: "Fue una pasada"

"Cuando nos veía la gente flipaba", resume el asturiano, que completó junto a su novia, Jéssica Muñoz, una prueba de 101 kilómetros en Ronda

Jéssica Muñoz y Pelayo Álvarez, durante la carrera, corriendo esposados.

Jéssica Muñoz y Pelayo Álvarez, durante la carrera, corriendo esposados. / R. A. S.

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Ana M. Serrano

Ana M. Serrano

Luarca (Valdés)

La historia empezó con un "tengo que contarte algo". Lo recuerda Pelayo Álvarez, asturiano criado en Luarca y residente actualmente en Madrid, al otro lado del teléfono. Quien tenía algo que contarle era su pareja, Jéssica Muñoz, policía local en Calpe y una entusiasta de los retos. Él, por entonces, no sabía de qué se trataba aquel secreto que tanto tardaba en desvelar.

La idea era tan inesperada como exigente: correr esposados una prueba de larga distancia. El objetivo no era solo divertirse o vivir una experiencia diferente, sino también intentar batir un récord en esta peculiar especialidad. Quienes conocen a Pelayo, que es guardia civil, saben que se quedó “alucinado”, aunque no dijo que no. Al contrario, vio en la propuesta algo positivo "por todo". "No solo haces deporte, también mantienes a la pareja centrada en algo especial, alejado de lo cotidiano", explica.

Entrenamiento, sacrificios y preparación

A partir de ahí llegaron meses de entrenamiento, sacrificios y preparación. Cada uno por su cuenta, juntos, y también esposados. "Cuando nos veía la gente flipaba", recuerda Pelayo Álvarez. Mientras tanto, buscaban una carrera de más de 80 kilómetros, requisito necesario para poder aspirar a la mejor marca mundial en esta modalidad.

La oportunidad llegó en Ronda, en la prueba de 101 kilómetros organizada por la Legión. Inscripciones, preparativos y la vista puesta en una fecha que parecía no llegar nunca. Hasta que llegó. Mayo de 2026. Y la pareja cumplió el reto: completó la carrera esposada en 17 horas, en una jornada que por momentos fue agónica.

Los primeros 50 kilómetros los cubrieron en 6 horas y 50 minutos. El dato que mejor refleja el esfuerzo, sin embargo, llegó después: los últimos kilómetros les llevaron 10 horas y 20 minutos. En el kilómetro 50, la rodilla de Pelayo Álvarez ya estaba hinchada. "Fue cansado, y además había mucho desnivel", relata el valdesano. Para hacerse una idea de la dureza, el recorrido acumulaba unos 2.500 metros de desnivel. A todo ello había que sumar la dificultad añadida de correr esposados y la presión de terminar después de cinco meses de entrenamiento, iniciados en enero.

La pareja corriendo esposada

La pareja corriendo esposada / LNE

Al final, todo salió bien. Incluso por teléfono se intuye la sonrisa de Pelayo Álvarez al recordarlo. "Fue una pasada", resume. Mirar atrás es, para él, una de las mejores partes de este tipo de retos: comprobar que "has cumplido" y sentir que todo el esfuerzo ha merecido la pena. Son, dice, "experiencias nuevas", alejadas del trabajo y de la vida cotidiana, de los problemas del día a día: el oasis el desierto.

Reconocimiento oficial

Ahora queda también el reconocimiento oficial. Para ello es necesario completar el papeleo correspondiente, con testigos y un informe del director de carrera, entre otros requisitos. Si todo sigue su curso, la hazaña de Pelayo y Jéssica pasará a la historia como una marca mundial, un récord Guinness, en esta singular modalidad.

La repercusión mediática también sorprendió a la pareja. Ajenos al mundo de la comunicación, comenzaron a recibir llamadas de medios e incluso de cadenas de televisión nacionales. "Interesó mucho, por lo visto", cuenta el asturiano.

El reto tuvo además un componente solidario. Lo recaudado en la carrera y a través de la iniciativa se destinará a la Fundación Pequeño Deseo, con el objetivo de dar visibilidad al trabajo que realiza esta organización para ayudar a niños enfermos.

Pelayo y Jéssica, de 40 y 45 años respectivamente, han cumplido así uno de los retos de su vida en pareja. "Seguro que llegarán otros", avanza Pelayo Álvarez, mientras todavía saborea un sueño, ahora sí, ya cumplido.

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