Lección de fútbol en Valdés: la guardameta del Sevilla, "Cheza", enseña a los jóvenes porteros a convivir con "la soledad, el error y el silencio"
María Echezarreta imparte una charla en el campo sintético de Barcia sobre la fortaleza mental necesaria para la exigente labor del deportista
En imágenes: el club Valdés ACF conoce los secretos del portero gracias a la avilesina María Echezarreta, "Cheza" / A. M. S.

La portera María Echezarreta Fernández, conocida futbolísticamente como "Cheza", llevó este viernes al campo de fútbol Oscar Luis Celada de Barcia, bajo el paraguas del club Valdés ACF, la parte a veces menos visible de su oficio: la cabeza del guardameta. La jugadora, nacida en Avilés y actualmente portera del Sevilla FC Femenino, compartió con jóvenes porteros y familias una charla centrada en las batallas mentales que acompañan a quienes viven bajo los palos. El Sevilla anunció su fichaje en julio de 2025 y la presentó como nueva portera del equipo femenino, después de una trayectoria ligada a la formación asturiana, al fútbol universitario de Estados Unidos y al regreso a la competición española.
Ante los niños, Cheza no habló solo de entrenamientos, paradas o reflejos. Habló de dormir, de preparación física, de trabajo mental y, sobre todo, de la necesidad de entender que la portería es una posición distinta. "Lo primero para ser portero es que tienes que creértelo, lo primero que tienes que saber es que eres distinto", explicó. No lo planteó como una rareza, sino como una identidad deportiva que hay que asumir para construir confianza.
La confianza, el motor
La guardameta quiso desmontar desde el inicio esa etiqueta que muchas veces acompaña a los porteros. "Lo primero que tenéis que creer es que no soy loco, no soy raro. Porque una vez que te lo crees, te crees que eres portero. Una vez que te lo crees, empieza la confianza", trasladó. Desde ahí articuló su mensaje en torno a tres grandes batallas mentales del portero: la necesidad frente a la soledad, el error frente a la perfección y el liderazgo frente al silencio.
La pieza esencial: "Sin portero no se juega"
La primera batalla, dijo, nace de una contradicción permanente. El portero pasa muchos minutos aislado, lejos de la acción directa, pero al mismo tiempo es imprescindible. "Los estudios demuestran que entre unos 75 y 80 minutos del partido estamos solos", señaló. En ese tiempo, explicó, aparece la distracción, los pensamientos, las voces de fuera, lo que dijo el entrenador o lo que llega desde la grada. Sin embargo, esa soledad convive con una certeza: "Sin portero no se juega".
Cheza insistió en que no hay otra posición igual. "Somos el único puesto que nos necesitan siempre", afirmó. A partir de ahí animó a los jóvenes a mantenerse dentro del partido incluso cuando el balón está lejos. La comunicación, la observación y pequeñas rutinas, como contar los pases de los compañeros, pueden ayudar a no desconectarse. "Parece una tontería, pero estar en la portería y ser capaces de apuntar los pases de nuestros compañeros, sin querer, te mantiene metido en el partido", explicó a los diez jugadores.
La segunda batalla fue la del error. Cheza habló de la exigencia extrema que acompaña a los porteros y de una búsqueda de la perfección que, a menudo, acaba en frustración. "Somos perfeccionistas. Nos gustan los dieces, nos gusta hacer las cosas bien", reconoció. Pero lanzó un mensaje claro a los niños no sin antes hacerse la pregunta eterna: "¿Existe la perfección? No".
El fallo como parte del aprendizaje
Para la portera del Sevilla, aceptar el fallo forma parte del aprendizaje. "Un portero va a fallar. ¿Cuántas veces hemos fallado? Miles. Y seguiremos fallando", dijo. Recordó que los errores se ven también en Mundiales y en futbolistas profesionales, porque nadie está libre de una mala acción. La clave, explicó, está en construir mecanismos para volver al partido y recuperar confianza.
Cheza cuestionó incluso la idea de que basta con olvidar rápido. En otros deportes, explicó, la siguiente acción llega de inmediato, como en el tenis, pero en la portería pueden pasar muchos minutos antes de volver a intervenir. Por eso defendió la importancia de entrenar "acciones sencillas, minimizar el siguiente fallo y reconstruir seguridad desde lo básico". "La confianza es lo que marca la diferencia entre un jugador que llega alto y el que no", afirmó.
También quiso rebajar la presión sobre quienes se castigan por no alcanzar siempre el sobresaliente. "A veces también está bien entender que un 9 está bien", señaló. Un partido sin una gran parada, un encuentro con un error o una actuación discreta también forman parte del camino. Aun así, reconoció que en la portería los fallos pesan mucho: "Los errores normalmente no se olvidan mucho. En la portería no. Duele mucho".
La tercera batalla, quizá la más dura, fue la del liderazgo contra el silencio. Cheza recordó que el portero ve el juego desde una posición privilegiada y debe aprender a ordenar, mandar y comunicarse. "En la portería hablamos. En la portería mandamos. En la portería entendemos. Y en la portería vemos", contó. Pero también advirtió de que ese liderazgo se entrena y cambia según el equipo, la categoría, el idioma o los compañeros.
La suplencia: "Nunca va a ser fácil"
Ahí apareció una de las partes más sensibles de su charla: la suplencia. "No es fácil ser suplente. Nunca. Y no lo va a ser nunca", opinó. Para un portero, quedarse en el banquillo no significa solo no jugar, sino dejar de ejercer ese liderazgo natural que tiene en el campo. "El silencio viene del liderazgo. Porque tú haces un liderazgo en silencio. Tus acciones hablan por ti". La jugadora defendió que la profesionalidad de un guardameta se mide también cuando no juega. La actitud en el banquillo, la forma de entrenar, la capacidad de acompañar al grupo y de seguir preparado son, para ella, parte esencial del oficio. "Esa es la profesionalidad de la persona, la batalla más dura de un portero", afirmó.
La charla terminó con una idea de fondo: ser portero no es solo parar balones. A continuación, los pequeños jugadores tuvieron oportunidad de compartir confidencias y un entrenamiento.
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