05 de marzo de 2012
05.03.2012

Yaiza, la vocación ganadera

La joven, que pronto será madre primeriza, trabaja desde los 20 años junto a su padre en una explotación lechera en el concejo de Sariego, donde además elabora queso y yogures

05.03.2012 | 01:00
Yaiza, en la entrada oeste de la iglesia románica de Santa María de Narzana, en Sariego. Abajo, en el centro de Vega. | ana paz paredes

El abandono del medio rural es, sin duda, uno de los grandes problemas de Asturias. Pero no todos los jóvenes se marchan del pueblo. Hay quienes han decidido quedarse o bien retornar a la casa familiar y continuar con las labores del campo adaptándolas a los nuevos tiempos, sin olvidar los que allí inician una nueva vida, llegados de otros lugares. Hoy comienza una serie de reportajes que se publicarán los jueves en esta sección de «Campo y Mar», donde aparecerán historias de los que, en pleno siglo XXI, prefieren el pueblo para vivir.

La «Nieve», la «Eli», la «Luna», la «Pasiega», son algunos de los nombres de las 65 vacas de las que se ocupa, como ganadera y desde que tenía 20 años, Yaiza Rimada Hernández junto a su padre, Octavio Rimada Muñiz, en Millares, en Sariego. Sin embargo, desde que está de baja por maternidad, embarazada ya de siete meses y medio, en espera de su primera hija -que se llamará Lía-, si se acerca en algún momento al ganado es, por así decir, casi de visita. Desde muy niña, Yaiza fue una enamorada de los animales y de la naturaleza. Siempre tuvo claro que la ganadería sería lo suyo y, tras realizar un módulo de gestión de empresas en el Instituto de Luces, y aproximadamente a los 20 años, ya se puso, junto a su padre, a sacar adelante la explotación lechera.

Yaiza Rimada nunca salió del pueblo en búsqueda de fortuna porque siempre estuvo segura de lo que quería hacer: ser ganadera y vivir de ello. «A algunos amigos míos, por aquel entonces, les sorprendió. Se preguntaban que por qué siendo mujer me quería dedicar a esto, que lo consideraban un trabajo de paisanos. Otros me apoyaron. Es cierto que esto es duro, pero hay tiempo para todo, si quieres. En mi juventud también tenía tiempo para ir de fiesta e incluso podía participar en concursos ecuestres, de saltos, porque me gustan mucho los caballos. Luego, cuando empecé con la elaboración del queso y el yogur, di también un salto muy importante, a los mercados que se celebran a lo largo de todo el año por Asturias».

Ahora, con 32 años echa la vista atrás y no duda de haber continuado y evolucionado junto a su padre, buscando salida a un producto, la leche, que en un determinado momento comenzó a dejar de ser rentable. Así, entre ambos, y teniendo en cuenta la evolución del mercado, optaron por aprovechar parte de esa producción láctea para destinarla a poner en marcha una quesería. «Hicimos cursos de todo tipo; elaboración de quesos y yogures además de técnico de ventas, presentando el proyecto de viabilidad con el Centro de Empresas del Parque Tecnológico». Hoy, en 2012, a Yaiza Rimada se la conoce en toda Asturias, y fuera de ella, por su requesón y sus yogures naturales, algunos acompañados de fresa o limón, bajo el nombre de La Saregana.

El éxito de esta joven mujer radica no sólo en su seguridad de saber realmente a qué se quería dedicar, también en su capacidad de adaptar su trabajo al frente de la ganadería, para ofertar otros productos con gran demanda en el mercado. Además cuenta con el apoyo de sus padres, Octavio y Rosa, y de su marido, José Luis Montes, delineante, que acude a diario a su trabajo en Pola de Siero. «Lo que nos preocupa es conseguir leche de la máxima calidad, cuidando el ordeño y el manejo de los animales, evitando que se estresen mucho porque influye en el producto final», dice a renglón seguido. Actualmente sus vacas producen, a diario, casi 500 litros de leche, mientras que semanalmente llegan a los 400 kilos de requesón fresco y unos 300 kilos de yogur.

A Yaiza Rimada le gusta mucho su pueblo. Es feliz viviendo en La Rimá. «Aquí tengo todo lo que quise siempre. En los pueblos se mantienen costumbres de vecindad que se pierden en las ciudades. Cuando alguien necesita ayuda, siempre hay quien echa una mano, y al revés. Vives en la naturaleza, y, al mismo tiempo, cerca de todo gracias a las buenas comunicaciones que Sariego tiene por carretera. Y encima trabajando en lo que quiero. No puedo pedir más», afirma.

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