Historias del verano asturiano, a las orillas de «una Suiza con mar»
Los orígenes del turismo en el «Paraíso natural»: «trenes botijo», la eclosión de Covadonga, la llegada del cine, el fútbol y el excursionismo, contados en el libro «Aquellos maravillosos baños»

Historias del verano asturiano, a las orillas de «una Suiza con mar»
Eduardo García
Cuando en el verano de 1910 llegó a la estación del Norte, de Gijón, el primer «tren botijo» la gente se echó a la calle. De aquel convoy que había salido muchas horas antes de Madrid y que recogió pasajeros a lo largo de toda Castilla y León se bajaron unos cuantos cientos de veraneantes entre los sones de la banda de música y los vítores de los gijoneses. Viajeros sencillos, de los de dinero tasado, pero riqueza agosteña al fin y al cabo, más por su número que por sus caudales. Los «trenes botijo» los organizó durante años un periodista madrileño, Ramiro Mestre Martínez, que se sacaba un sueldín extra con las comisiones.
La industria local y regional hervía, pero comenzaba a intuirse que el turismo era parte del futuro. Gijón disfrutaba ya de un nuevo muro de San Lorenzo, tras el monumental proyecto del arquitecto municipal Miguel García de la Cruz. Doce años más tarde, el gobernador civil de la provincia, Pablo Nobell, iba a tener mucho que ver en la primera promoción institucional del turismo asturiano.
Estas cosas y muchas más las cuenta el historiador Juan Carlos de la Madrid en su libro «Aquellos maravillosos baños», premio «Alfredo Quirós» 2010, que acaba de ser presentado en Oviedo. Es una historia en papel de los veranos de un siglo, desde 1840 hasta 1940. Es la historia del crecimiento asturiano, del ocio y del progreso; y de la socialización del disfrute, que costó Dios y ayuda. Hace apenas 110 años de la promulgación de la ley de descanso dominical en España, y hasta los años treinta del siglo XX no se oficializaron las vacaciones pagadas. Asegura De la Madrid que «es en la década de los veinte cuando se toma conciencia de que Asturias puede llegar a ser un destino turístico». Hasta ese momento los que podían permitirse el lujo de cambiar de aires por el verano no eran visitantes de fin de semana. Ni siquiera de quince días. «La gente acomodada practicaba el veraneo, que no era otra cosa que vivir temporadas distintas en lugar distinto al habitual». Los tres meses estivales en Ribadesella, por poner un ejemplo.
El núcleo central de «Aquellos maravillosos baños» podría ser la playa de Gijón, la playa ciudad, que es nombre reversible: la ciudad playa. Gijón tira del turismo asturiano porque comienza a ser motor de ocio ya en las últimas dos décadas del siglo XIX y en la primera del siglo XX, coincidiendo con el pleno rendimiento de El Musel. De nuevo industria y turismo juntos. «Es habitual hasta los años treinta encontrarse fotos de bañistas con chimeneas como telón de fondo», señala el autor de «Aquellos maravillosos baños». Qué es el turismo si no una industria.
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir el juego de manteles más baratos del mercado: en tres colores y por 3 euros
- Hallan en Asturias los primeros rastros de lagartos jurásicos de Europa, con 152 millones de años de antigüedad
- Multado con 200 euros los propietarios con un segundo vehículo por el uso la baliza v-16: la Guardia Civil extrema la vigilancia
- Investigan la muerte de una anciana asfixiada con la cincha que la sujetaba a la cama en una residencia de Siero: un barandilla cedió y ella cayó fuera del lecho
- La vuelta más larga del Oviedo: los azules, retenidos en Madrid por lo sucedido en el Aeropuerto de Asturias
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir la nueva chaqueta vaquera más barata del mercado: disponible en dos colores
- Mañana se esperan colas kilométricas en Lidl para conseguir el juego de cojines de sofá más barato del mercado: disponible en dos piezas, que incluyen un cojín de asiento y uno lumbar
- Tres heridos en Gijón tras una colisión frontal entre dos coches: el conductor que causó el accidente da positivo en alcoholemia