El cormorán moñudo se hunde
La especie está disminuyendo en Asturias por la mortalidad en trasmallos, advierte el biólogo David Álvarez, quien también alerta sobre el impacto del visón americano, un carnívoro exótico e invasor

El cormorán moñudo se hunde
Luis Mario Arce
El cormorán moñudo atraviesa horas bajas. Esta ave marina, protegida y catalogada como "de interés especial" por el Principado de Asturias, acusa una notable pérdida de población desde hace algo más de una década. Lo advierte el biólogo David Álvarez Fernández, estudioso de esta especie desde hace más de treinta años. Y lo respalda con un dato de esta misma semana: en las colonias más occidentales (Pantorgas, Castríos-Represas, A Forcada y Torbas), la pérdida de parejas reproductoras supera el 50 por ciento en los diez últimos años; se ha pasado de 65 a sólo 30. Por otro lado, la labor de anillamiento científico de pollos que Álvarez desarrolla desde 1998 le ha permitido revelar una importante mortalidad e identificar su causa. "La mayoría mueren atrapados en artes de pesca, en enmalles, en torno a las colonias de cría. Hemos recuperado 30 ejemplares muertos de unos 500 que llevamos anillados (el 6 por ciento), y seguramente han muerto otros que no hemos encontrado, como los adultos que de repente desaparecen de las colonias, pues el cormorán moñudo es muy sedentario y no se aleja de ellas", expone. "La especie estuvo peor en los años sesenta del siglo XX, pero se logró salvarlo y su población se recuperó. Ahora se está volviendo a la misma situación debido a la mortalidad brutal en aparejos de pesca", afirma.
El plan de manejo del cormorán moñudo -que no se ha revisado desde su aprobación, en 2001- establece una zona de seguridad en torno a las colonias donde no se puede pescar, "pero no se cumple, encuentras trasmallos junto a ellas", explica Álvarez. Este arte de pesca de fondo, constituido por tres paños de red superpuestos, constituye una trampa mortal para los cormoranes moñudos, que se enredan en el aparejo cuando bucean en busca de peces. A juicio de este experto, evitar esta causa de mortalidad, frenando con ello la caída de la población, sería sencillo: bastaría con hacer cumplir la ley. Y la parte de la flota de bajura que resultaría afectada es mínima, añade. "En Tapia, el 90 por ciento de las embarcaciones se dedica al pulpo, con nasas, que no afectan al cormorán. A lo mejor son dos o tres barcos los que causan el 80 por ciento de la mortalidad", aventura. "Serviría con establecer un perímetro de un kilómetro alrededor de las colonias, no más". El cormorán moñudo es un ave marina típicamente costera, que rara vez se interna más de un kilómetro en el mar, ya que está adaptado a la pesca en las aguas batidas de las rompientes, donde captura una amplia variedad de peces que varían localmente en función de las características ambientales, pero que tienen en común su carácter sedentario, lo que permite a los cormoranes moñudos del norte de España permanecer todo el año en sus territorios , a diferencia de los que habitan en el norte de Europa, obligados a migrar al término de la estación reproductora siguiendo los desplazamientos de los lanzones y de otros peces migratorios.

El cormorán moñudo se hunde
Aunque faltan datos que expliquen el porqué de la mayor incidencia de los trasmallos en la mortalidad del cormorán moñudo en Asturias a partir de finales de los años noventa, la relación causa-efecto está bien probada en Galicia, concretamente en las islas Cíes, donde el cambio de figura de protección de parque natural a parque nacional (en 2002) abrió la puerta a la pesca "y de las 1.000 parejas de cormorán moñudo que había se pasó a sólo 200". El impacto de este factor sobre las poblaciones gallegas, que reúnen el 80 por ciento de los efectivos del norte de España, ha llevado a considerar "en peligro" la subespecie atlántica (las aves mediterráneas pertenecen a una raza distinta) en el "Libro Rojo de las Aves de España", cuyo capítulo dedicado al cormorán moñudo está firmado por David Álvarez en colaboración con otro experto en la especie, Alberto Velando. Ambos autores vaticinaban en 2005, fecha de edición de la obra, un descenso del 40 por ciento en la población antes del año 2024 si no se lograba frenar esta mortalidad. Tristemente, su pronóstico se está cumpliendo.
La debacle de los cormoranes moñudos gallegos también está relacionada con los catastróficos y perdurables efectos de la marea negra ocasionada por el hundimiento del petrolero "Prestige", en noviembre de 2002, el peor desastre de este tipo que ha tenido lugar en el Atlántico noreste (se vertieron al mar 63.000 toneladas de fuel pesado). Álvarez y Velando lo han documentado junto a un tercer científico, Álvaro Barros, en un artículo publicado el pasado 30 de abril en "Biology Letters". "Las colonias gallegas se han visto muy afectadas, mientras que las asturianas no han sufrido una contaminación masiva. Al margen de la mortalidad inmediata -que en algunas colonias hizo desaparecer hasta el 70 por ciento de las aves repoductoras-, los efectos sobre el ecosistema perduran. El vertido afectó directamente a las aves por el carácter bioacumulable de los hidrocarburos, que dañan el hígado y alteran la fisiología, y afectó también a sus presas, que han disminuido. La tasa de natalidad se ha reducido un 45 por ciento en las colonias más perjudicadas, de modo que se ha pasado a menos de un pollo por pareja cuando antes criaban dos o tres. Y no es algo circunstancial, se mantiene y va para largo", sostiene Álvarez.
Los estudios realizados en paralelo sobre el impacto del vertido en las gaviotas, mediante análisis de sangre y biopsias del hígado, que muestran, respectivamente, la persistencia de las sustancias contaminantes en el ambiente y su acumulación en el organismo, han revelado que la ingesta de productos nocivos se mantuvo durante más de un año. "Los cormoranes moñudos son aves de larga vida, hasta 13 o 14 años, por lo que muchos ejemplares que eran pollos cuando se hundió el 'Prestige' pueden seguir vivos y han estado acumulando contaminantes durante todo ese tiempo", señala Álvarez. "Cuando naufragó el 'Exxon Valdez' -en 1989- ya se comprobó que combatir los efectos de una marea negra no es tan fácil como limpiar lo que se ve. Afecta a largo plazo". Así, en el caso del "Prestige" se ha detectado petróleo residual nueve años después del hundimiento del barco y se han documentado cambios en las redes tróficas, que han podido reducir la abundancia de ciertos peces de los que depende el cormorán moñudo. El estudio de Álvarez y sus colegas concluye que "ha sido el organismo que más claramente ha acusado el impacto del 'Prestige'.
Otro importante problema que afronta el cormorán moñudo, tanto en Galicia como en Asturias, es la depredación del visón americano, una especie exótica invasora cuyo origen se encuentra en las granjas peleteras gallegas (la primera se estableció ya en 1960), bien por escapes (10-12 ejemplares anuales) o por sueltas intencionadas. "El visón ya llega por el occidente hasta Barayo. Parece que entra y sale de las colonias, y que está establecido en las orillas. Estamos notando que en los lugares donde ha entrado el visón americano, el cormorán moñudo abandona las zonas accesibles y se establece en los acantilados, como ha ocurrido en Pantorgas y en Castríos, en la costa de Tapia. En Pantorgas, de 20 nidos que había en la parte plana de la isla ha quedado uno. Y ha pasado lo mismo en A Forcada, en Salave", explica David Álvarez. "Es un problema difícil de atajar, pero sin duda es más fácil hacerlo cuando se trata de los primeros ejemplares que cuando la especie se ha establecido y se está reproduciendo. En Galicia, donde está muy extendido, ya resulta imposible de erradicar".
David Álvarez concluye con una reflexión: "en Asturias tenemos muy pocas especies reproductoras de aves marinas, básicamente tres: el paíño europeo, la gaviota patiamarilla y el cormorán moñudo, que está en el límite de su área de distribución y posee importantes poblaciones. Perderlo como reproductor sería irreparable". Hace varias décadas se perdió otra ave marina en Asturias, el arao común, precisamente por "el impacto de las artes de pesca, en concreto a partir de la sustitución del algodón por el nylon en su confección, debido a que el nylon es menos visible y no se destruye. En una década se sustituyó casi todo el algodón y ese pico coincide con el colapso del arao común, que llegó a un punto de no retorno", constata Álvarez· El cormorán moñudo todavía está lejos de ese límite crítico, pero, si no se actúa, podría alcanzarlo en un plazo de pocos años.
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