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Llanera, coto de caza de los neandertales

La excavación de la cueva del Olivo, cerrada tras cinco campañas, constata que los individuos de la especie extinta se desplazaban por la región siguiendo a los animales

Recreación de una mujer neandertal en el Museo Arqueológico de Asturias.

Recreación de una mujer neandertal en el Museo Arqueológico de Asturias. MIKI LÓPEZ

La cueva del Olivo, en Pruvia (Llanera), era una suerte de puesto de caza de los neandertales. Un lugar en el que se instalaban a temporadas para abatir caballos, ciervos y bóvidos de gran tamaño, principalmente bisontes y uros. Desde allí, una vez terminada la temporada, el grupo de neandertales se desplazaba a otro de sus asentamientos: las cuevas del valle del Nalón, algún enclave en la costa o la cueva del Sidrón, en Piloña.

Ésta es la principal conclusión, que no la única, de las excavaciones en la cueva del Olivo, dirigidas por David Álvarez Alonso, profesor de Prehistoria de la Universidad Complutense de Madrid, y financiadas por el Ayuntamiento de Llanera. Un proyecto que ha llegado a su fin tras cinco campañas arqueológicas, desarrolladas desde 2012, y cuyos resultados se presentarán a la comunidad científica en el congreso de la Unión Internacional de Estudios Prehistóricos y Protohistóricos (UISPP, en sus siglas en inglés), que se celebra en París, en La Sorbona, entre el 4 y el 9 de junio.

El yacimiento de la cueva del Olivo ha arrojado notables hallazgos desde sus primeras campañas. El primero, la constatación de que la presencia de neandertales no se limitaba a la zona oriental de la región y a los valles del Nalón y el Trubia, sino que también hubo una ocupación prolongada de la zona central. De hecho, el equipo dirigido por David Álvarez ha encontrado restos tanto de época Musteriense como del Magdaleniense, en una horquilla temporal que se prolonga entre 80.000 y 15.000 años antes de nuestra era.

"Por los restos que hemos recuperado, se puede concluir que la cueva del Olivo era una especie de campamento secundario, un lugar de ocupación complementario, estacional, al que venían a cazar determinadas especies: caballos, ciervos y bóvidos, principalmente", explica Álvarez.

La presencia de estos animales en Llanera ya se había constatado en otras excavaciones. Hace varios años, en torno a 1953, se recuperó en la cantera de Los Gafares, en San Cucao, una espectacular muela fosilizada de un elefante antiguo, del Pleistoceno Superior. Un hallazgo que se custodia en el Museo de Geología de la Universidad de Oviedo. Entre los restos recuperados en estos últimos años de la cueva del Olivo, los arqueólogos aprecian la presencia de fósiles de animales de buen tamaño y que avanzaban en manada, aunque una parte de los restos está aún en estudio.

"Tenemos evidencias de la presencia de carnívoros en la cueva, pero aún tenemos que determinar la especie. En lo relativo a estos otros animales, a los caballos, los ciervos y los bóvidos, tenemos que pensar que la orografía de aquella época era muy diferente a la actual. Probablemente sería una plataforma costera llana, con una franja no montañosa mucho más amplia de lo que conocemos hoy en día. La llanura central se extendería bastante más, sería una lengua de tierra propicia para facilitar la movilidad de estos animales", reflexiona Álvarez.

Los patrones de desplazamiento de la fauna pueden explicar también los movimientos de los neandertales. No se trata, advierte Álvarez, de una emigración estacional marcada por los cambios de temperatura, ya que el clima no era asimilable al de la actualidad. Probablemente, estos grupos de individuos se desplazasen entre los distintos enclaves que habitaban en función de las temporadas de recolección y caza. "Los neandertales no hacían lo mismo en todos los sitios. La cueva del Olivo estaba destinada a las actividades cinegéticas, pero luego tenían otros emplazamientos más residenciales. En Asturias se movían por un espacio amplio", apunta el arqueólogo. De hecho, entre los restos recuperados de la cueva se constata la presencia de cuentas de conchas perforadas y piezas de sílex de procedencia diversa: desde el valle del Nalón hasta el Sella, y también de la zona del Sidrón.

"Seguramente eran esos mismos neandertales, los mismos grupos que se estaban moviendo por toda la región, de la cuenca del Nalón a la del Sella, en función de lo que necesitaran hacer en cada época del año. Y probablemente esos movimientos estuvieran determinados por los patrones de movilidad de la fauna y sus ciclos de reproducción", sostiene Álvarez.

Tras cinco campañas, el arqueólogo da la excavación de la cueva del Olivo por concluida. "Hemos bajado casi cuatro metros y tenemos una secuencia estratigráfica detallada, hemos cumplido de sobra con los objetivos que nos habíamos marcado con este yacimiento", afirma Álvarez. Pero con la cueva del Olivo no terminan las investigaciones en el concejo de Llanera.

Esta excavación, de hecho, es consecuencia de una previa: la del yacimiento al aire libre de El Barandiallu, en Villabona. Descubierto por Rogelio Estrada en 1988, durante las obras de realización de un gasoducto, David Álvarez realizó sobre ese enclave una serie de campañas durante las cuales se recuperaron cerca de 350 piezas líticas, que apuntaban ya a una presencia continuada de neandertales por la zona. El hallazgo se ha visto corroborado en esta cueva de la zona del monte de Cabornio, y ahora se pretende continuar explorando otros enclaves del concejo en los que se pudiera constatar nuevos poblamientos humanos, ya sea de una época análoga o de otra.

"Nuestra intención es trabajar sobre las cuevas del concejo. Tenemos varias opciones y pensamos ir haciendo algunos sondeos para ver dónde podría haber restos. Pero hay enclaves prometedores. Es importante ir identificando los distintos emplazamientos, las cuevas, para ir viendo las ocupaciones complementarias de los grandes yacimientos", sostiene Álvarez, que cuenta con la implicación del Ayuntamiento de Llanera para seguir rastreando las huellas de esta especie extinta en el corazón mismo de lo que hoy es Asturias.

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