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Aurelio Vázquez| Langreano, consejero delegado de la cadena hotelera Iberostar, con 114 hoteles y 30.000 empleados en tres continentes

"Es una pena que ahora que salimos de la crisis dediquemos tanta energía al anacronismo del independentismo catalán"

"Hemos acordado un incremento salarial del 17% en cuatro años; ahora que hemos conseguido solidez, los trabajadores deben ser partícipes de ello"

Aurelio Sánchez, en el hotel Grand Portals Nous de Palma de Mallorca.

Aurelio Sánchez, en el hotel Grand Portals Nous de Palma de Mallorca. MANU MIELNIEZUK

Aurelio Vázquez (La Felguera, 1959) es el consejero delegado de la cadena hotelera Iberostar, con presencia en 35 países, una cartera de 114 hoteles de cuatro y cinco estrellas en 17 países de tres continentes, con casi 30.000 empleados y más de ocho millones de clientes al año. Mallorquín de adopción, es licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra y MBA por el IESE. Viudo y padre de cuatro hijos, viaja entre 150 y 200 días al año en busca de nuevas oportunidades y apertura de negocios turísticos. Poco amigo de las entrevistas, y en un descanso entre viajes a América, Marruecos, Albania y Montenegro sólo en este mes de junio, recibe a LA NUEVA ESPAÑA "porque es de Asturias" en el recién inaugurado hotel Grand Portals Nous de Palma de Mallorca.

- ¿Cómo acaba un médico en la cumbre del negocio turístico y hotelero?

-Mi vida es una sucesión de casualidades. Era un buen estudiante. Estudié primero en la escuela parroquial de La Felguera, luego en la escuela nacional, y después en el Instituto Jerónimo González de Sama. Quería hacer una Ingeniería, de Telecomunicaciones o de Minas, pero mi padre tenía la vocación frustrada de médico y me dijo que el panorama podía ser complicado en el futuro -era el año 1977- y acabé haciendo Medicina en Pamplona. Pero es evidente que no tenía vocación. Académicamente mi expediente era razonable, pero a mitad de carrera ya me planteé hacer un MBA, que de aquélla sí era muy relevante. Así que al acabar la carrera me fui a Barcelona e hice dos años de MBA en el IESE.

- ¿Y cómo acabó en el sector turístico?

-Al acabar tenía cuatro ofertas de trabajo. En Asturias, Juan Luis Rodríguez-Vigil, que era el Presidente, me ofreció ponerme al frente de la ordenación y gestión de la Sanidad, porque era el momento de las transferencias. Otra oferta era para irme a un laboratorio, pero era en Estados Unidos y no me seducía la idea. Una tercera era para la cadena HUSA de Joan Gaspart, y por último, tenía la oferta de una empresa que entonces era pequeñita y que hoy día es grande: Riu Hoteles. Seguí los consejos de mi madre, que es muy sabia y acerté, porque fue allí donde conocí a mi mujer y eso ha sido lo más importante de mi vida. Mi padre sentía cierta frustración por haberme inclinado a la Medicina, pero yo le decía que había sido un acierto, porque si no hubiera hecho una Ingeniería y hubiera acabado en una petrolera o vete a saber dónde y no hubiera vivido con la intensidad que supuso conocer y vivir con mi mujer.

- ¿Hay que dejarse llevar por el instinto?

-Hay que dejar que la vida te lleve y no predeterminar las cosas. Hay que hacer lo que a uno le apasiona y encontrar la felicidad. Eso es lo importante; lo demás, el reconocimiento profesional, el éxito, la riqueza, es secundario, e incluso irrelevante.

- ¿Ha habido un exceso de acumular títulos de formación a cualquier precio?

-Todo el mundo tiene la sana aspiración de tener una vida lo más cómoda y placentera posible, y eso es legítimo. Y eso pasa por tener una formación superior. Tener personas preparadas, cualificadas, es una gran inversión, y esto lo digo como ciudadano. Pero no significa que haya que hiperatrofiar la fábrica de titulados, porque eso puede ir en contra de la excelencia de la enseñanza, y al final tenemos mediocres y generamos frustración e indignación. Es innecesario e improductivo. Hay que invertir en meritocracia y tener en cuenta que hay muchos profesionales muy válidos y satisfactorios que no pasan por tener formación superior. Yo creo más en las habilidades personales, en la capacidad de comunicación, en tener idiomas? Y sobre todo en que se sea buena persona, y ojalá que esto siga siendo un patrimonio.

- La crisis golpeó fuerte al turismo.

-El turismo es una industria fundamental y la gran modernizadora del país, porque permitió su desarrollo. Somos una potencia turística a nivel mundial y tenemos empresas con capacidad y "know-how" (saber hacer) reconocido en todo el mundo. Ha sufrido altibajos, pero ha resistido extraordinariamente bien las distintas crisis que ha habido en España y en el mundo. Tenemos un clima y un estilo envidiable que muchos millones de europeos quieren venir a disfrutar, aunque otros se quieran ir de España.

- ¿Como los independentistas catalanes, que se quieren separar de España?

-Cataluña está sufriendo las consecuencias de la inestabilidad que proyecta una imagen incluso desproporcionada, porque a la vida del turista no le afecta. Pero no ayuda a la imagen de España, y es una lástima que en el momento en que vemos salida a la crisis con el esfuerzo de todos los españoles, destinemos tanto tiempo y energía a una cuestión que en el siglo XXI, y respetando sentimientos y derechos, estemos en una situación que no sabría calificarla? Quizás entre melancólica y anacrónica. Estamos en un mundo global, conectado, con una economía interconectada y todos tenemos la obligación y la responsabilidad de dejar a nuestros hijos y nietos un mundo mejor. Eso mismo planteado hace cien años, pues no sé, pero ahora está superado por la realidad.

- En Asturias hay ahora un intenso debate sobre la oficialidad del bable.

-Lo sé, y me sorprende la polémica. Yo me siento muy asturiano y muy español y me gusta hablar como hablamos en Asturias. Pero revivir una lengua de determinadas zonas geográficas no me parece la mejor inversión económica, ni de tiempo ni de energía. Hay otros aprendizajes más relevantes que se tienen que contemplar desde una realidad basada en otras coordenadas que no es la entidad lingüística o de otra diferenciación.

- Asturias pelea por ganar terreno en el turismo. ¿Está bien orientada la estrategia?

-Hay gente muy valiosa y que está trabajando bien. Asturias tiene que jugar sus bazas, que se basan en una oferta única: paisaje, gastronomía, historia, actividades deportivas, cultura? Tiene mucho recorrido.

- Continúa el debate de las comunicaciones.

-Son determinantes. Está la eterna pregunta: ¿la oferta crea la demanda, o es la demanda la que crea la oferta? No se concibe un destino turístico sin buenas comunicaciones. La llegada del AVE será una gran oportunidad y ganar en conectividad aérea sería una excelente noticia.

- La pelea está en si subvencionar o no a las compañías aéreas.

-Las empresas, más que subvenciones, buscan la rentabilidad, y ésa es una ecuación difícil de resolver. ¿Quién da el primer paso perdiendo dinero? Es entonces cuando surgen las subvenciones, pero no es una buena alternativa. Los empresarios tienen que arriesgar. Las ayudas no son el único camino y seguro que las asociaciones empresariales y sectoriales encontrarán salidas. Hay que salir a abrir mercados, hablar con mucha gente, escuchar y buscar soluciones para que todo el mundo gane un poco o al menos que no pierda. Asturias no es distinta a otros destinos y nada es estático. Todos los años se construyen miles de camas en el mundo, y hay que buscar cuentas nuevas, nueva rutas.

- ¿En qué segmento hotelero hay más competencia?

-En todos. En el de lujo no hay todavía mucho cliente, aunque aumenta. Nosotros vivimos la evolución de las tres estrellas a las cuatro, y ahora ya se detecta que avanza a las cinco (luego está el de lujo). El de cuatro estrellas ya es un básico. Los clientes piden televisores de pantallas grandes, mayordomo personalizado, experiencias de diseño moderno, actividades lúdicas actualizadas... Hay que marcar la diferencia, y cuando lo haces las crisis no afectan a los mejores. Si eres un "commodity" puedes tener un punto de suerte o verte favorecido por la coyuntura, pero careces de solidez, de un mercado que te reconozca, de unos clientes que te buscan y no puedes fijar precios. Tras la excelencia hay decisiones inteligentes, no es fruto de la casualidad.

- La imagen de los empresarios ha sufrido mucho con la crisis.

-Se puede ganar dinero haciendo las cosas bien y ofreciendo calidad. O se puede ganar siendo un sinvergüenza, en lo que no estoy versado y por tanto no puedo hablar de ello. Las empresas tienen que ganar mucho dinero porque si no, no pueden retribuir al capital ni a las personas. Y no ganas dinero si no eres un excelente profesional y tampoco si no tienes una actividad empresarial sólida y valiosa.

- ¿Hay que subir los salarios?

-Por supuesto.

- ¿Cuánto?

-Acorde con la necesidad de cubrir la reinversión, la actualización permanente del activo y del valor, remunerar al capital y por supuesto a los trabajadores, a los mandos intermedios y a los directivos. Cuando yo era el presidente de la Federación Hotelera de Mallorca (2013-15) ofrecimos una subida salarial del 1 por ciento, porque se estaba en plena crisis. Al final se subió el 4,5 por ciento en cuatro años. Pero los trabajadores y los sindicatos entendieron que los recursos que había era necesario invertirlos en mejorar la capacidad y competitividad de las empresas. Se aprobó la ley Turística, que incentivaba la inversión de las empresas hoteleras en Baleares y éstas invirtieron 1.000 millones de euros en seis años para modernizar y actualizar las plazas hoteleras. Eso propició que ahora estén completamente reformadas y preparadas para competir otros 15 o 20 años.

- ¿Y ahora cuál será la subida salarial?

-Se ha acordado un incremento del 17 por ciento en cuatro años. Es un ejemplo concreto de la filosofía. Se planteó un objetivo común de renovar y aumentar la capacidad competitiva, y ahora se ha conseguido solidez y los trabajadores deben ser partícipes de lo que se ha conseguido. Todas las empresas funcionan mejor cuando sus trabajadores son felices, y para eso necesitan estar bien remunerados, ser reconocidos y que se les respete.

- Que a un sector le vaya bien no significa que a todas las empresas del sector le vaya bien.

-Hombre, claro que existen más ingredientes. Está la realidad del mercado en un mundo global, y eso a veces conlleva medidas dolorosas y frustrantes para todos. Entra en juego la famosa teoría de la creación destructiva: para hacer algo nuevo hay que destruir lo viejo. Los avances tecnológicos e industriales en un mundo globalizado provocan efectos de manera disruptiva e inmediata. Por eso hay que estar muy atento a los que sucede a nivel mundial.

- Así se despertó España con un Gobierno nuevo, y la economía no ha dado muestras de temor.

-Y no pasa nada, porque España es una potencia económica y tiene madurez democrática. Hay un Estado de derecho, unas instituciones que funcionan y una Constitución. Hay garantías de que el país no está al albur de situaciones de bandazos ni de crisis repentinas.

- Hay teorías que apuntan a que habrá una burbuja del turismo como ocurrió con la construcción.

-El mercado ha cambiado. No hay ya una gran masa de clase media que busca el sol y la playa. El futuro está en muchos pequeños grupos que exigen cosas concretas y que hacen un mucho. Las motivaciones ahora son más complejas y sofisticadas. El turismo es la industria de la felicidad, porque la gente quiere ausentarse de su rutina, conocer cosas nuevas, hacer cosas diferentes al día a día. Y la gran oportunidad de captar nuevo mercado está en los países asiáticos, del sureste asiático y en Estados Unidos. Por eso es fundamental estar conectados con los grandes aeropuertos y tener el AVE. Con todos estos ingredientes, Asturias tiene enormes oportunidades.

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